La clase obrera global

Publicado originalmente en la revista Wildcat nº 98, verano 2015.

LA CLASE OBRERA GLOBAL

¿REVUELTAS O LUCHA DE CLASES?

El concepto de clase se ha hecho popular de nuevo. Tras la reciente crisis económica global, hasta la prensa burguesa ha empezado a plantearse la cuestión: “¿Es que acaso, después de todo, Marx tenía razón?” En los últimos dos años el libro El Capital en el siglo XXI de Thomas Piketty ha permanecido en la lista de los más vendidos –un libro que describe de manera detallada cómo históricamente el proceso capitalista de acumulación lleva a la concentración de riqueza en manos de una minúscula minoría de capitalistas. En las democracias occidentales, las significativas desigualdades también han provocado que aumente el miedo a los levantamientos sociales. Este fantasma ha recorrido todo el mundo durante estos años: de los disturbios de Atenas, Londres o Baltimore, a las revueltas de África del Norte, que en ciertos casos se llevaron por delante a todos los gobernantes del Estado. En esta época agitada, como siempre, mientras una facción dominante aboga por la represión y las armas, otra abandera la “cuestión social”, que para ellos supuestamente se resuelve con reformas o políticas redistributivas.

La crisis global ha deslegitimado el capitalismo; la política de los dirigentes y los gobiernos de hacer que los trabajadores y los pobres paguen la crisis ha impulsado la ira y la desesperación. ¿Quién va a negar que vivimos en una “sociedad de clases”? ¿Y qué significa esta palabra?Continue Reading

Sobre el sindicato: su debilidad y su desarrollo en Europa y en los BRICS

Texto publicado por el grupo de discusión Marsella-Zombi en diciembre de 2014.

En este artículo vamos a estudiar la situación del sindicalismo en Europa y el surgimiento de nuevas formas sindicales en los BRICS[1]. Sabemos que el problema sindical es complejo: dentro de las corrientes del movimiento obrero existen toda una gama de posturas que van del anarcosindicalismo al anti-sindicalismo por la autonomía obrera, del sindicato como escuela de la lucha de clases hasta el sindicato como correa de transmisión del partido y estructura social integrada en el Estado. No pretendemos pues ofrecer al lector una posición exhaustiva, escribimos con la esperanza de ofrecer una pequeña reflexión.

La tasa de sindicalización se ha reducido considerablemente en Europa durante los últimos años, aunque existen grandes diferencias entre unos países y otros. En Suecia, el 70% de los trabajadores está sindicado, frente al 8% de Francia, que representa la tasa más baja de todos los países industrializados, por debajo incluso de los Estados Unidos, Corea o Turquía. En Alemania, hay 27 millones de trabajadores sin afiliación, de un total de 33 millones. El sistema británico deja sin afiliación sindical a más del 70% de trabajadores, es decir, 19 millones de personas. Una baja tasa de sindicalización no significa que no exista representación sindical. Ésta es elevada, sobre todo en el sector público y las grandes fábricas. Esta reducción se debe a varios factores:Continue Reading

Solidaridad virtual

Artículo publicado originalmente en Échanges nº 84, abril-septiembre 1997.

En el otoño de 1995 una huelga de solidaridad (ilegal en Gran Bretaña) provoca el despido de cientos de estibadores del puerto de Liverpool, dando inicio a un conflicto que se prolongará 3 años y que a pesar de contar con el apoyo de amplios sectores sociales[1] y una difusión informativa mundial terminó en una derrota para los trabajadores implicados. El contraste entre esta aparente fuerza del movimiento solidario y su debilidad real de cara a imponer una solución favorable ante la empresa, llevó a Henri Simon a cuestionar el carácter de esta solidaridad y a distinguir entre la solidaridad real de los trabajadores en lucha y la solidaridad virtual.
Si traemos aquí este texto a colación es porque pensamos que las lecciones que el proletariado puede extraer de su propia experiencia tienen validez internacional. Así, la derrota sufrida por los estibadores de Liverpool puede ser aprovechada por los trabajadores de McDonalds de Chicago o por los técnicos subcontratados por Telefónica de Barcelona y toda España. Aunque somos conscientes de que estas lecciones que la clase obrera puede aprender de su experiencia histórica, sobre todo de sus derrotas, solo pueden ser atesoradas y transmitidas adecuadamente a través de la organización clasista, hoy prácticamente ausente.

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Estratos en la clase obrera

El siguiente artículo fue escrito por Martin Glaberman, bajo el pseudónimo de Martin Harvey. Se publicó por primera vez en el nº 6 del Boletín interno de la tendencia Johnson-Forest, 21 de agosto de 1947. 

En las discusiones que hemos sostenido y en algunos de los artículos que han aparecido y aparecerán en este Boletín, hemos empezado a concretar uno de nuestros conceptos políticos más básicos, que ha ido apareciendo de manera generalizada en nuestros documentos y resoluciones políticas. Nuestra política se basa, en buena medida, en la concepción de Trotsky[1] sobre la vocación instintiva al socialismo por parte de los trabajadores. Esta disposición teórica no es para nosotros una frase vacía que dedicar a los manifestantes los días de fiesta o en los discursos del 1º de Mayo, sino que, como toda teoría, se trata de una guía para la acción. El análisis teórico y la correcta comprensión del proletariado debe constituir el núcleo de nuestra teoría y nuestra práctica como revolucionarios. ¿Cómo podría ser de otra manera si el propio movimiento se basa, ante todo, en la conquista del poder por parte de la clase obrera? Continue Reading

La sociedad de clases bajo el capitalismo

Continuando con la serie de artículos que hemos venido publicando acerca de la naturaleza del proletariado y las clases sociales en el capitalismo contemporáneo, firmados por Agustín Guillamón, Martin Glaberman y Seymour Faber, Henri Simón y la Revista Wildcat, ofrecemos a continuación la perspectiva de la que partimos como grupo de redacción de El Salariado.

La noción de clase social es indispensable para poder comprender el mundo en el que vivimos y el sistema económico que padecemos, que descansa en la explotación de la fuerza de trabajo.

Como hemos dicho en otras ocasiones, a cada modo de producción le corresponde una determinada división de clases, aunque todos se pueden resumir en la existencia de una clase que trabaja y otra que se adueña de los frutos de ese trabajo a través de las leyes, las instituciones, de la violencia directa o indirecta.

A primera vista, ante todo, aparece el concepto meramente sociológico de clase social, como “grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción social  históricamente determinado, por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción (relaciones que las leyes refrendan y formulan en su mayor parte), por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo y, consiguientemente, por el modo y la proporción en que perciben la parte de la riqueza social de la que disponen. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse del trabajo del otro al ocupar puestos diferentes en un régimen de economía social.”Continue Reading

El Sindicato

Extracto de Problemas del sindicalismo y del anarquismo, de Juan Peiró (1887-1942), secretario general de la CNT en 1922-23 y 1927-29.  

II. EL SINDICATO

Dicho simplemente, el Sindicato es el instrumento para la defensa de clase. Harto se comprende, además, que el concepto general de clase, desde nuestro punto de vista, no admite más que una: la sujeta a la ley del salario.

Si el concepto general no admite más que una sola clase, se deduce fácilmente que en el Sindicato caben todos los asalariados, con tal que lo sean efectivamente, sin distinción de ideas políticas y confesionales, ya que el Sindicato, de derecho, es el instrumento que se desenvuelve en el plano de las luchas económicas, y es en ese plano de convergencia, común a todos los asalariados, donde resulta posible un estado de convivencia inteligente entre los mismos, por más heterogénea que sea la composición espiritual e ideológica de la colectividad formada por ellos.

La defensa de clase frente a la burguesía, que como clase aparece siempre compacta en la defensa de sus intereses, sólo puede desarrollarse eficazmente mediante la unión del proletariado en un fuerte bloque de oposición; y esa unión no es realizable en ningún caso por una espontánea coincidencia ideológica, y siempre por la correlación de los intereses comunes de clase.Continue Reading

Cómo la burguesía intentó acabar con la lucha de clases: el corporativismo fascista y democrático

La primera masacre imperialista que comenzó en 1914, y que fue apoyada por los partidos socialistas adheridos a la II Internacional y por casi todas las organizaciones sindicales, no logró liquidar el impulso clasista del proletariado europeo. El periodo revolucionario que se inicia en 1917 (revolución rusa, bienio rojo en Italia, trienio bolchevique en España, revolución espartaquista en Alemania, República Soviética de Hungría, motines de obreros y soldados, etc.) puso a la burguesía internacional en serias dificultades, obligándola a reaccionar. Y la respuesta de los capitalistas se orientó hacia la solución corporativa. “La Burguesía no dejaba de percibir y de temer las gigantescas e inevitables conmociones sociales futuras, la crisis, la guerra y las tempestades revolucionarias. Las cuestiones antes eludidas debían ponerse sobre el tapete. Había que perfeccionar la máquina de explotación, hacerla aún más resistente a las agitaciones sociales, aumentar el poder opresivo del Estado capitalista al nivel que exigen las imperiosas necesidades históricas. Había, pues, que instaurar una especie de Unión Sagrada orgánica, absorber al proletariado en una red de instituciones estatales destinadas a captar las menores efervescencias de clase, resumiendo, crear un ambiente pestilente que ahogara hasta el menor reflejo de conciencia proletaria. En fin, había que crear una economía de guerra en una atmósfera de “paz social” para así soldar al proletariado en cuerpo y alma al destino del Capitalismo.” (Otra victoria del capitalismo: el seguro obligatorio de desempleo, J.B. Mélis).Continue Reading

Propiedad pública y propiedad común

Propiedad pública y propiedad común es un texto escrito por el filósofo marxista Anton Pannekoek atendiendo a unas tareas históricas de la lucha proletaria que, desde luego, se encuentran muy alejadas del contexto actual en el que se desenvuelve el movimiento obrero. Sin embargo, ello no resta un ápice de actualidad e importancia a las conclusiones extraídas por el autor al abordar la dicotomía entre «propiedad pública» y «propiedad común», que tanto más nos interesa cuanto que muchos trabajadores en pugna por no empeorar sus salarios y condiciones de trabajo, vuelven sus cabezas hacia el Estado -considerado en toda su extensión, englobando todos sus organismos y empresas- y el capital público para que se conviertan en garantes efectivos de esas condiciones laborales que la crisis económica capitalista amenaza con convertir en pasto del recuerdo.Continue Reading

Necesidad de la asociación

Conferencia a cargo del anarquista y sindicalista José Prat, leída en el Centro de la Federación Metalúrgica de Barcelona, el 31 de octubre de 1903. Con la reproducción de este documento pretendemos seguir contribuyendo a clarificar las bases y los principios sobre los que es posible construir un frente unido proletario para la defensa de las condiciones de vida y los intereses del Trabajo; un frente en el que, como decía José Negre en el primer congreso de la CNT, «minorías conscientes y afines en procedimientos de lucha unan sus esfuerzos en una labor común, con actuación simultánea, planteando y desarrollando los conflictos de la lucha social en el más puro terreno económico (pues malgrado las negociaciones de los filósofos a la violeta, sin más campo de experimentación que su gabinete particular, el problema social no es más que un problema de intereses, entre una clase que nada produce y todo lo acapara y otra que lo produce todo y nada posee)».

[Digitalización KCL. Imagen de cabecera: Obreros leyendo, de Luis Graner.]

José Prat (1867-1932).

José Prat (1867-1932).

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Compañeros:

Se han dicho tantas cosas buenas sobre la asociación, que me es difícil hallar algo nuevo que fortalezca en vuestro ánimo la convicción de su necesidad.

De todos modos, si no lo logro, no perderéis gran cosa, pues las cosas viejas que os diga acaso resulten nuevas para algunos de vosotros, y así unos las recordarán y las aprenderán los demás.

La asociación es la base de la vida. Mejor dicho: sin la asociación no hay vida posible. El electrón, que es la partícula de material al parecer indivisible[1], se junta a otros electrones y forman el átomo; el átomo se junta a otros átomos y forman las moléculas; la molécula se junta a otras moléculas y forman los cuerpos, tanto inorgánicos como orgánicos. Se llama cuerpo inorgánico a aquel que no tiene la propiedad de desarrollarse y de reproducirse, como un pedazo de mármol, de hierro, etc., y se llama cuerpo orgánico a aquellos que por medio de la nutrición crecen, se desarrollan, se reproducen y, llegados a un cierto límite de desarrollo que no pueden traspasar, decrecen, pierden su propiedad vital y con la muerte vuelven al estado de materia inorgánica.Continue Reading

¿En paro?, ¿bajos salarios?, ¿problemas sexuales?… ¡La nación no es nuestra solución!

Reproducimos la traducción de un texto del grupo londinense Angry Workers of the World, que se puede encontrar en inglés aquí.

Una sociedad basada en la búsqueda de beneficios, donde la brecha entre ricos y pobres sigue ampliándose, es una sociedad inestable. Desde 2008 vivimos en un estado de crisis internacional: tras las bancarrotas de los bancos y los recortes del gasto, el desempleo ha aumentado, la gente tiene que desplazarse para buscar empleo y cada vez más personas compiten por menos puestos de trabajo. Pero también hemos visto cómo se despliegan luchas contra los recortes estatales, los “gobiernos corruptos” y los ataques a los salarios y las condiciones de trabajo, en todo el mundo. Así que la clase dominante debe dotarse de una estrategia que le permita seguir con los recortes y al mismo tiempo hacer frente a nuestro cabreo y descontento. No es casualidad que esta situación coincida con una reemergencia del nacionalismo: para dividir y vencer, los políticos de casi todos los partidos señalan a los “inmigrantes” como culpables de nuestra miserable situación, pero al mismo tiempo anuncian que seguirán exprimiendo a “sus trabajadores locales” incluso con más fuerza (por ejemplo, mediante cambios en las leyes laborales que conlleven más contratos de cero horas y hagan más difícil convocar una huelga). En algunos países, como Ucrania, la vuelta del nacionalismo ha llevado a la guerra.

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