¿En paro?, ¿bajos salarios?, ¿problemas sexuales?… ¡La nación no es nuestra solución!

Reproducimos la traducción de un texto del grupo londinense Angry Workers of the World, que se puede encontrar en inglés aquí.

Una sociedad basada en la búsqueda de beneficios, donde la brecha entre ricos y pobres sigue ampliándose, es una sociedad inestable. Desde 2008 vivimos en un estado de crisis internacional: tras las bancarrotas de los bancos y los recortes del gasto, el desempleo ha aumentado, la gente tiene que desplazarse para buscar empleo y cada vez más personas compiten por menos puestos de trabajo. Pero también hemos visto cómo se despliegan luchas contra los recortes estatales, los “gobiernos corruptos” y los ataques a los salarios y las condiciones de trabajo, en todo el mundo. Así que la clase dominante debe dotarse de una estrategia que le permita seguir con los recortes y al mismo tiempo hacer frente a nuestro cabreo y descontento. No es casualidad que esta situación coincida con una reemergencia del nacionalismo: para dividir y vencer, los políticos de casi todos los partidos señalan a los “inmigrantes” como culpables de nuestra miserable situación, pero al mismo tiempo anuncian que seguirán exprimiendo a “sus trabajadores locales” incluso con más fuerza (por ejemplo, mediante cambios en las leyes laborales que conlleven más contratos de cero horas y hagan más difícil convocar una huelga). En algunos países, como Ucrania, la vuelta del nacionalismo ha llevado a la guerra.

El nacionalismo también cumple su papel donde nosotros trabajamos, en los almacenes y otros centros de trabajo de Londres oeste. Muchos de nosotros no hemos nacido en el Reino Unido y hablamos una lengua distinta. En el curro, algunos podemos sentirnos más cerca de nuestro jefe inglés, polaco o indio que del compañero extranjero, en parte también porque pensamos que acercándonos a “nuestro” jefe lograremos alguna ventaja frente a otros trabajadores. Pero las empresas son capaces de emplear las divisiones y los estereotipos para que compitamos entre nosotros y lograr más beneficios. Debemos tener claro quiénes son nuestros verdaderos enemigos.

¿POR QUÉ DEFENDER EL TRABAJO?

La clase obrera, nosotros, nos giramos hacia el Estado y la nación sobre todo cuando se trata de “proteger nuestros empleos”. Pero primero tenemos que preguntarnos por qué existe el trabajo y una determinada cantidad de empleos. El trabajo lo contratan quienes tienen dinero y recursos únicamente si les reporta a cambio más dinero. Ellos y su mercado deciden qué empleos se crearán, y la mayor parte de estos empleos están enfocados a hacer más dinero: publicidad, servicios financieros, seguros para la riqueza de los ricos, etc. Si nos dedicáramos a producir sólo lo que necesitamos para vivir (casas, ropa decente, buena comida, divertidos aparatejos), podríamos repartir este trabajo equitativamente. Si no tuviéramos que vender nuestro tiempo y energía a cambio de dinero, el “desempleo” sería algo positivo. ¿Y eso por qué? Porque esto significaría que se necesita menos gente para producir lo necesario para vivir: todos podríamos entonces trabajar menos y tendríamos más tiempo para hacer lo que nos gusta. Pero hoy por hoy nos dedicamos a buscar trabajo y a competir por él, porque necesitamos dinero y ellos sólo nos dan trabajo si con ello pueden sacar aún más dinero de nosotros. ¡Abajo con sus trabajos y con su desempleo!

EN ESTE SISTEMA, LAS MÁQUINAS Y EL AUMENTO DE LA PRODUCTIVIDAD GENERAN DESEMPLEO Y AUMENTAN LA COMPETICIÓN POR EL TRABAJO 

De momento, no obstante, desgraciadamente, vivimos en un mundo en el no podemos escapar a la realidad del dinero, del desempleo y de los trabajos de mierda. Aunque los trabajadores somos quienes lo producimos todo, no tenemos nada, ni voz ni voto. El desempleo surge por el hecho de que tan pronto como los patrones pueden aumentar la productividad, mediante el empleo de nuevas máquinas, por ejemplo, lo hacen y reducen así los puestos de trabajo en nombre de las ganancias. Bajo estas condiciones, el “progreso tecnológico”, que podría hacer la vida y el trabajo más fáciles, causa más pobreza. Tenemos que competir con las máquinas que hemos producido para los patrones, y somos nosotros los que perdemos (los trabajadores sobrantes son despedidos y nuevos trabajadores entran en el mercado de trabajo). Conforme aumenta la competición se incrementa la presión sobre los salarios. Los patrones hacen planear la amenaza de desempleo sobre nuestras cabezas para mantenernos obedientes y divididos. Y para ello no necesitan a los inmigrantes, pues así es como funciona el sistema normalmente. Cerrar las fronteras no va a solucionar nada: en los años 30 había millones de parados en el Reino Unido, ¿dónde estaban los indios y los rumanos entonces? 

LA MAYOR PARTE DE LOS TRABAJADORES SON INMIGRANTES (EN SU PROPIO PAÍS), LES GUSTE O NO

Los trabajadores no podemos permanecer ligados a nuestras “raíces”. Trabajamos donde hay empleo, pues no nos dan nada más para poder vivir. Cuando la industria del acero del noroeste de Inglaterra cerró porque no lograba beneficios, la gente se trasladó a Londres para encontrar trabajo. Cuando la construcción estaba mejor pagada en Alemania, en los años 90, miles de trabajadores británicos acudieron allí. Ni que decir tiene que cuando el desempleo llegó al 20-30% en Polonia en los 90, nos fuimos de allí. No fuimos nosotros quienes empezamos la guerra en Siria, Ucrania o Somalia, y no queremos combatir por este o aquel contendiente. Así que tenemos que huir de allí. Todos somos inmigrantes en cierto sentido, y en la medida en que seamos sólo una masa de individuos, nos obligarán a competir.

EL ESTADO AYUDA A LOS PATRONES A ORGANIZAR EL MERCADO (DE TRABAJO) MUNDIAL Y LA CONCURRENCIA ENTRE LOS TRABAJADORES

El Estado se asegura de que los trabajadores y los parados sigan compitiendo entre sí, y de que no se giren contra los patrones. Tienen muchas maneras de hacerlo, dependiendo de los altibajos del mercado. El Estado reduce el salario mínimo o crea contratos de aprendiz o becarios para los jóvenes. Los parados se ven obligados a trabajar a cambio de sus prestaciones y a guardar silencio acerca de la propaganda sobre los “gorrones de subsidios”. Cuando los trabajadores se ven necesitados, el Estado presiona a las mujeres para que busquen empleo, si no quieren “quedarse en casa como buenas amas de casa”. Si se necesita más trabajo barato, entonces el Estado muestra su cara “multicultural” e invita a los trabajadores de otros países. Al mismo tiempo, los Estados aumentan la presión unos sobre otros, cambiando la política migratoria de la UE o haciendo redadas de “inmigrantes ilegales”, para obligarles a aceptar salarios de mierda y no armar escándalo. De esta forma se crean jerarquías entre diferentes grupos de trabajadores, que no hacen sino aumentar la presión para todos. 

ACABEMOS CON LA PRISIÓN DE NUESTRAS COMUNIDADES 

La difícil lucha por la supervivencia y la actual reemergencia de las estrategias del “divide y vencerás” (por ejemplo, la propaganda anti-europeos del este y anti-musulmana) también nos empuja a aislarnos en nuestras distintas comunidades. Necesitamos a la “comunidad” para sobrevivir, para encontrar piso o trabajo, por ejemplo. Al mismo tiempo, los miembros más ricos de la comunidad logran pingües beneficios con sus paisanos y paisanas, por ejemplo recibiendo dinero como propietarios o por mediar para conseguir un visado, consiguiendo votos (como representantes de la comunidad) o explotando el trabajo barato (las mafias polacas de la construcción, los restaurantes indios, etc.). Los burgueses de nuestras comunidades siempre nos recuerdan que “todos venimos del mismo sitio”, les encanta el patriotismo, pues les proporciona una buena base para sus negocios. Para nosotros, a la larga, la comunidad se transforma en un gueto: el miedo a abandonarlo y la hostilidad del resto de trabajadores nos obliga a soportar altos niveles de explotación.

SI CONFIAMOS EN LOS NACIONALISTAS, EN LOS RELIGIOSOS Y EN LOS POLÍTICOS MÁS QUE EN LOS TRABAJADORES DE OTROS PAÍSES, TERMINARÁ ESTALLANDO LA GUERRA 

El nacionalismo revela miedo: “Los pobres de diferente origen y con diferente lengua no pueden luchar juntos. Los patrones son poderosos. Mejor acercarse a estos poderosos que al menos hablan la misma lengua, tienen el mismo pasaporte y nos hacen promesas”. El miedo es comprensible, pero nos preocupan más las consecuencias que tiene que los trabajadores luchen entre sí en lugar de combatir la principal causa de la pobreza: la explotación de los patrones y el Estado.

Podemos ver lo que está pasando en Ucrania. En el este del país, los trabajadores de las regiones mineras y metalúrgicas tienen miedo de perder su empleo si Ucrania se une a la UE. Por eso algunos apoyan a los separatistas, que hablan de esa mierda de la identidad rusa y que están apoyados por el régimen ruso. En el oeste del país, los desempleados mejor educados esperan que si Ucrania se una a la UE, lograrán mejores empleos. Por eso algunos apoyan el nacionalismo ucraniano, que habla de esa mierda de la identidad ucraniana y que recibe el apoyo de los regímenes de EEUU y la UE. Aunque la mayor parte de los trabajadores trata de mantenerse al margen del conflicto, ya han muerto cientos de ellos y el aumento del gasto militar en Ucrania (22 millones de libras esterlinas al mes) implica un rápido empobrecimiento para la gente corriente (y suculentos negocios para los burgueses nacionales e internacionales). Los regímenes de Rusia y la UE también están en crisis, el descontento de la población local va en aumento y pueden emplear el conflicto de Ucrania para apuntar y señalar a un enemigo extranjero. Históricamente, la crisis global y la guerra mundial van de la mano. 

ESTO… ¿PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS? (¡QUÉ IDEA MÁS EXTRAVAGANTE!)

Nos enfrentamos a una posibilidad: los trabajadores de todo el mundo luchan en unas condiciones cada vez más parecidas; las empresas y la industria se extienden por todo el globo; los trabajadores van de un lado a otro y aprenden diferentes formas de luchar; hasta ahora los patrones y el Estado han empleado la inmigración para que nos enfrentemos entre nosotros, en las empresas y también fuera de ellas. Si miramos de cerca algunas luchas victoriosas en la historia del movimiento obrero, podemos ver que los trabajadores que saben aprovechar su variada experiencia de vida y lucha en diferentes países son más fuertes. Los trabajadores de todo el mundo saben bien cómo funciona la agricultura, cómo se fabrica la ropa, cómo se construyen casas o cómo se cuida de las personas. Podemos pasar de los burgueses, los patrones y los políticos, que sacan su ganancia a nuestra costa y prefieren llevarnos a una nueva guerra mundial antes que admitir el derrumbe de su sistema. ¡Acabemos con este sistema, somos capaces de crear algo mejor!

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