La tregua de Navidad de 1914

Hemos traducido estos párrafos sobre la tregua generalizada y extraoficial que se produjo en el frente occidental, en la Navidad del año 1914, entre las tropas alemanas y británicas durante la Primera Guerra Mundial, escritos por Steven Johns y publicados originalmente en inglés en libcom.org.

***

A pesar de la matanza orquestada por los gobiernos europeos, los soldados rasos solían resistirse a los esfuerzos bélicos y se negaban a entrar en batalla contra sus compañeros, los obreros de otros países. La resistencia cotidiana contra la contienda bélica en el frente se reflejaba en la política del “vive y deja vivir”, que consistía en que las tropas de ambos bandos acordaban no iniciar acciones ofensivas. También eran comunes las patrullas “search and ignore” (busca y no encuentres).

Años más tarde, esta resistencia terminó estallando abiertamente en diferentes motines, uno de los cuales puso fin al conflicto [1]. Pero la tregua de Navidad de 1914 constituye no obstante un temprano y espectacular ejemplo de esta rebelión extraoficial. En Nochebuena, las tropas alemanas comenzaron a cantar Noche de paz en alemán, francés e inglés, así como otros villancicos navideños. Decoraron las trincheras con árboles de Navidad, encendieron velas y colgaron carteles en diversas lenguas deseando “Feliz Navidad” a las tropas enemigas. A lo largo de buena parte del frente de artillería, se hizo el silencio. Los soldados británicos se sumaron al cántico y ambos bandos empezaron a felicitarse mutuamente la Navidad a voz en grito. El día de Navidad, los soldados salieron de las trincheras para confraternizar con el enemigo, recogieron los cuerpos que yacían en tierra de nadie e intercambiaron regalos como tabaco, chocolate y alcohol. Incluso hay testimonios de que en muchos lugares se pusieron espontáneamente a jugar al fútbol.

Esta tregua extraoficial fue seguida por más de cien mil hombres, casi todos en el frente occidental, aunque también hubo una pequeña tregua en el frente oriental entre tropas rusas y austriacas. En otros lugares, no obstante, siguieron los combates.

Henry Williamson, por aquel entonces un soldado de 19 años de la London Rifle Brigade, escribió a su madre en el Día de las Cajas [2]:

Madre, te escribo desde las trincheras. Son las once de la mañana. Detrás de mí hay una hoguera de coque; enfrente un húmedo agujero cubierto de paja. El suelo de la trinchera da pena, pero al menos no está congelado como en todas partes. Tengo una pipa en la boca, obsequio de la Princesa Mary. Y en la pipa hay tabaco. “¡Obviamente!”, dirás. Pero espera, es tabaco alemán. “Jaja”, dirás, “será de un prisionero o lo habrás encontrado en una trinchera conquistada”. ¡No, querida! Es de un soldado alemán. Sí, de un soldado alemán vivo que está en su propia trinchera. Ayer, británicos y alemanes nos reunimos y nos estrechamos la mano en tierra de nadie. Intercambiamos regalos y nos dimos la mano. Sí, tal y como te lo cuento, durante todo el día de Navidad. ¿No es maravilloso?

Richard Schirrmann, un soldado alemán, escribía su relato sobre estos hechos al año siguiente:

Cuando las campanas de Navidad sonaron en las aldeas de los Vosgos, tras las líneas… algo maravilloso ocurrió. Tropas alemanas y francesas cesaron espontáneamente las hostilidades e hicieron las paces; hubo visitas mutuas a través de túneles abandonados, e intercambio de vino, coñac y cigarros por pan negro de Westfalia, galletas y jamón. El encuentro gustó tanto que siguieron como amigos incluso hasta ya pasada la Navidad.

El soldado Stan Braun, del Primer Regimiento de Leicestershire, dio al historiador militar Paul Nixon detallada cuenta de lo ocurrido en 1981:

Durante la Navidad de 1914 hubo una especie de armisticio, por llamarlo así, pues el día de Navidad no se abrió fuego. Pero las cosas no fueron tan sencillas.

En Nochebuena nosotros, al menos, seguíamos en guerra; pero al anochecer en los puestos de guardia se escuchaban lo que parecían cánticos de los Jerry [3]. […] Nos mantuvimos alerta, pues no sabíamos en qué acabarían esas canciones. En la alambrada de los Jerry había trozos de papel y de tela, y todo tipo de cosas felicitándonos la Navidad. Algunas estaban escritas en alemán y otras en inglés, pues muchos alemanes habían estado trabajando en Inglaterra. Ellos alzaron una botella de vino y uno de nuestros hombres la disparó. Se hizo el silencio.

No recuerdo si desayunamos por la mañana, aunque supongo que sí; echamos un trago. Todo parecía tranquilo hasta que un alemán se asomó por la trinchera con una postal que decía “Feliz Navidad”.  Todos los de la trinchera dudábamos, y hacíamos bromas sobre si debíamos dispararle o no, cuando llegaron otros dos alemanes. Al ver que no traían rifles salimos de las trincheras. ¡Y he aquí que Buchanan-Dunlop se pone de pronto a cantar!

[…] No estábamos reunidos en un punto concreto, sino dispersos en un área de unas cien yardas, mezclándonos unos con otros. Nos ofrecieron botellas de vino y cigarros, y nos dio la impresión de que las cosas iban bien por Jerrylandia. Por nuestra parte, sólo teníamos las latas de jamón Tickler, así que regresamos a la trinchera y cogimos dos o tres latas de jamón para los Jerry.

En algunos territorios, el cese de las hostilidades duró hasta el Día de las Cajas; pero en otros se prolongó hasta Año Nuevo. En 1915 parece que también hubo algunas treguas extraoficiales, muy localizadas. Pero el Estado Mayor del ejército británico estaba furioso y endureció los castigos para detener la confraternización en el frente y quebrar esa incipiente solidaridad internacional, que ellos consideraban como una traición.

El parte de guerra de la London Rifle Brigade del 2 de enero de 1915 informaba de que “las treguas extraoficiales con el enemigo tienen que cesar, cualquier oficial que inicie una será juzgado por la Corte Marcial”.

Así que después de 1915 no hubo más alto el fuego navideños. Sin embargo, la obediencia de las tropas no duró mucho. Dos años después, las tropas rusas se amotinaron y volvieron sus armas contra su propio gobierno; las tropas francesas también se amotinaron en masa y otro tanto empezaron a hacer los soldados británicos. Por su parte, los soldados y marinos alemanes dejaron de combatir, cansados de la guerra, se sumaron a la huelga general convocada por los trabajadores y derribaron a su propio gobierno, poniendo fin a la Primera Guerra Mundial.

Steven Johns


 

[1] El motín que puso fin a la Gran Guerra fue el de los marineros alemanes de la flota de Kiel, en noviembre de 1918. A sabiendas de que Alemania estaba completamente vencida, la guarnición decidió desobedecer a sus superiores y evitó entrar en contienda contra la flota inglesa, tomó el barco y desarmó y detuvo a los oficiales. Las noticias del amotinamiento a bordo de la marina de Kiel se conocieron rápidamente por todo el país bávaro, y sirvieron de pistoletazo de salida para la Revolución alemana de 1918. [Nota del traductor]

[2] Festividad que se celebra en las Islas Británicas el 26 de diciembre. [Nota del traductor]

[3] Término despectivo para referirse a los soldados alemanes. [Nota del traductor]

One thought on “La tregua de Navidad de 1914

Los comentarios están cerrados.