Los emigrados alemanes

Artículo extraído de la Revista Comunista (septiembre 1847).
En septiembre de 1847, medio año ya antes de que viese la luz el Manifiesto Comunista, apareció en Londres el primer y único número —publicado como “número de prueba”— de una revista política, órgano de la Liga, que acababa de abrazar el nombre oficial de comunista y contaba ya entre sus afiliados con Marx y Engels. A la cabeza del periódico campea ya el famoso lema marxista de “¡Proletarios de todos los países, uníos!”, denotando con sólo eso el predicamento que la doctrina de Marx y la preocupación internacionalista del movimiento obrero empezaban a ejercer en aquella organización proletaria. En 1920, dos investigadores marxistas, el profesor austríaco Carlos Grünberg y el alemán Gustavo Meyer, biógrafo de Engels, descubrieron este importantísimo documento histórico, y el primero de ellos lo dio a conocer, acompañado de notas, en su libro titulado Die Londoner Kommunistische Zeitschrift und andere Urkunden aus den Jahren 1847-48 (Leipzig, 1921). Sobre su texto se basa esta traducción. El original forma un cuaderno de 16 páginas impresas en antiqua.

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Sobre el valor de las huelgas y las coaliciones (K. Marx, 1853)

Extracto del artículo de Karl Marx titulado Política rusa contra Turquía.-Cartismo, escrito el 1 de julio de 1853 y publicado en New York Daily Tribune el 14 de julio del mismo año. Extraído de Marx&Engels Collected Works Volume 12, pág. 168-169.

[…] Las huelgas y las coaliciones de obreros progresan rápidamente, y en un grado sin precedentes. Tengo ahora mismo delante de mí informes sobre huelgas en todo tipo de fábricas en Stockport, huelgas de forjadores, hilanderos, tejedores, etc., en Manchester, de tejedores de alfombras en Kidderminster, de carboneros en Ringwood Collieries, cerca de Bristol, de los tejedores y los operarios de los telares de Blackburn, de los operarios de los telares de Darwen, de los ebanistas de Boston, de los blanqueadores, los rematadores, los tintoreros y los tejedores de telar mecánico de Bolton y alrededores, de los tejedores de Barnsley, de los tejedores de seda de Spitalfields, de los encajeros de Nottingham, de todo tipo de obreros del distrito de Birmingham, y de otras muchas localidades. Cada carta trae noticias de nuevas huelgas; el cese del trabajo se convierte en una epidemia. Las huelgas más grandes, como las de Stockport, Liverpool, etc., generan necesariamente toda una serie de huelgas menores, porque gran número de personas son incapaces de ofrecer resistencia a los patronos, a menos que apelen al apoyo de sus compañeros de trabajo en el Reino, y estos últimos, para ayudarlos, piden a su vez salarios más altos. Además, no aislar los esfuerzos de sus compañeros obreros, sometiéndose a peores condiciones, se convierte casi en una cuestión de honor y de interés en todas partes, y por lo tanto las huelgas en una localidad hallan eco en otras huelgas en los lugares más remotos. En algunos casos, la exigencia de salarios más altos es tan solo un ajuste de cuentas con los patronos pendiente desde hace tiempo. Este es el caso de la gran huelga de Stockport.Continue Reading

Marx sobre los sindicatos (entrevista con J. Hamann en 1869)

Traducción a partir de la versión francesa publicada por Robin Goodfellow y Critique Sociale. Según Robin Goodfellow, «para Marx, la organización permanente, que forma la base para la unidad del proletariado, es el sindicato; mediante las luchas y la obtención de mejores condiciones de vida, dentro del sindicato se crea un espacio en el que dan las condiciones para la educación política de la clase obrera. La capacidad de organizarse en partido político no puede ser sino temporal».

Publicamos aquí la traducción integral de un artículo del sindicalista metalúrgico Johann Hamann, en el que relata su entrevista con Karl Marx. Este texto, publicado en el Volkss­taat nº 17 del 27 de noviembre de 1869, surge de a partir de una discusión entre Marx (de paso por Alemania) y cinco sindicalistas, que tuvo lugar el 30 de septiembre de 1869 en Hanover. Su primera publicación en francés, y por lo que sabemos la única, fue en la revista La Révolution prolétarienne nº 23, noviembre de 1926, pág. 9-10. La reproducimos tal cual.Continue Reading

Salario, precio y ganancia (VI)

X. SE OBTIENE GANANCIA VENDIENDO UNA MERCANCÍA POR SU VALOR

Supongamos que una hora media de trabajo se materialice en un valor de seis peniques, o doce horas medias de trabajo en un valor de seis chelines. Supongamos, asimismo, que el valor del trabajo represente tres chelines o el producto de seis horas de trabajo. Si en las materias primas, maquinaria, etc., que se consumen para producir una determinada mercancía, se materializan veinticuatro horas medias de trabajo, su valor ascenderá a doce chelines. Si, además, el obrero empleado por el capitalista añade a estos medios de producción doce horas de trabajo, estas doce horas se materializan en un valor adicional de seis chelines. Por tanto, el valor total del producto se elevará a treinta y seis horas de trabajo materializado, equivalente a dieciocho chelines. Pero, como el valor del trabajo o el salario abonado al obrero sólo representa tres chelines, resultará que el capitalista no abona ningún equivalente por las seis horas de plustrabajo rendidas por el obrero y materializadas en el valor de la mercancía. Por tanto, vendiendo esta mercancía por su valor, por dieciocho chelines, el capitalista obtendrá un valor de tres chelines, sin desembolsar ningún equivalente a cambio de él. Estos tres chelines representarán la plusvalía o ganancia que el capitalista se embolsa. Es decir, que el capitalista no obtendrá la ganancia de tres chelines por vender su mercancía a un precio que exceda de su valor, sino vendiéndola por su valor real.Continue Reading

Salario, precio y ganancia (V)

VII. LA FUERZA DE TRABAJO

Después de analizar, en la medida en que podíamos hacerlo en un examen tan rápido, la naturaleza del valor, del valor de una mercancía cualquiera, hemos de encaminar nuestra atención al peculiar valor del trabajo. Y aquí, nuevamente tengo que provocar vuestro asombro con otra aparente paradoja. Todos vosotros estáis convencidos de que lo que vendéis todos los días es vuestro trabajo; de que, por tanto, el trabajo tiene un precio, y de que, puesto que el precio de una mercancía no es más que la expresión en dinero de su valor, tiene que existir, sin duda, algo que sea el valor del trabajo. Y, sin embargo, no existe tal cosa como valor del trabajo, en el sentido corriente de la palabra. Hemos visto que la cantidad de trabajo necesario cristalizado en una mercancía constituye su valor. Aplicando ahora este concepto del valor, ¿cómo podríamos determinar el valor de una jornada de trabajo de diez horas, por ejemplo? ¿Cuánto trabajo se encierra en esta jornada? Diez horas de trabajo. Si dijésemos que el valor de una jornada de trabajo de diez horas equivale a diez horas de trabajo, o a la cantidad de trabajo contenido en aquélla, haríamos una afirmación tautológica, y además sin sentido. Naturalmente, después de haber desentrañado el sentido verdadero pero oculto de la expresión «valor del trabajo «, estaremos en condiciones de explicar esta aplicación irracional y aparentemente imposible del valor, del mismo modo que estamos en condiciones de explicar los movimientos aparentes o meramente percibidos de los cuerpos celestes, después de conocer sus movimientos reales.Continue Reading

Salario, precio y ganancia (IV)

V. SALARIOS Y PRECIOS

Reducidos a su expresión teórica más simple, todos los argumentos de nuestro amigo se traducen en un solo y único dogma: «Los precios de las mercancías se determinan o regulan por los salarios».

Frente a este anticuado y desacreditado error, podría invocar el testimonio de la observación práctica. Podría deciros que los obreros fabriles, los mineros, los trabajadores de los astilleros y otros obreros ingleses, cuyo trabajo está relativamente bien pagado, baten a todas las demás naciones por la baratura de sus productos, mientras que el jornalero agrícola inglés, por ejemplo, cuyo trabajo está relativamente mal pagado, es batido por casi todas las demás naciones, a consecuencia de la carestía de sus productos. Comparando unos artículos con otros dentro del mismo país y las mercancías de distintos países entre sí, podría demostrar que, si se prescinde de algunas excepciones más aparentes que reales, por término medio, el trabajo bien retribuido produce mercancías baratas y el trabajo mal pagado mercancías caras. Esto no demostraría, naturalmente, que el elevado precio del trabajo, en unos casos, y en otros su precio bajo sean las causas respectivas de estos efectos diametralmente opuestos, pero sí serviría para probar, en todo caso, que los precios de las mercancías no se determinan por los precios del trabajo. Sin embargo, es de todo punto superfluo, para nosotros, aplicar este método empírico.Continue Reading

La pequeña burguesía y su expresión política en la historia

Marx, La lucha de clases en Francia (1850)

“El capital acosa a esta clase [la pequeña burguesía] principalmente como acreedor; por eso ella exige instituciones de crédito. La aplasta con la competencia, por eso ella exige asociaciones apoyadas por el Estado. Tiene superioridad en la lucha, a causa de la concentración de capital; por eso ella exige impuestos progresivos, restricciones a la herencia, centralización de grandes obras en manos del Estado y otras medidas que contengan por la fuerza el incremento del capital.”Continue Reading

¿Qué es la clase obrera?

Reproducimos a continuación la traducción al castellano del primer capítulo del libro de Martin Glaberman y Seymour Faber Working for Wages: The Roots of Insurgency, publicado en la revista Echanges nº 102, otoño de 2002.

El interés por la clase obrera es casi tan viejo como la propia clase obrera. Este interés, no obstante, no siempre ha sido uniforme ni consistente. Los escritos más viejos sobre el tema son los de los economistas clásicos, que consideraban a los trabajadores como una categoría económica. Poco después llegó Karl Marx, que fue y sigue siendo la figura magistral del estudio de la clase obrera bajo el capitalismo. Volveremos a menudo a las posturas de Marx a lo largo de este estudio. Por ahora basta con decir que Marx consideraba a la clase obrera como un todo. No estaba fragmentada por categorías económicas, políticas o sociológicas. Los trabajadores son seres humanos y no pueden resumirse en la ley del valor, en un nivel de consicencia, en una organización política o un sindicato.Continue Reading

Salario, precio y ganancia (III)

III. SALARIOS Y DINERO

Al segundo día de debate, nuestro amigo Weston vistió su vieja afirmación con nuevas formas. Dijo: al producirse un alza general de los salarios en dinero, se necesitará más dinero contante para abonar los mismos salarios. Siendo la cantidad de dinero circulante una cantidad fija, ¿cómo vais a poder pagar, con esa suma fija de dinero circulante, una suma mayor de salarios en dinero? En un principio, la dificultad surgía de que, aunque subiese el salario en dinero del obrero, la cantidad de mercancías que le estaba asignada era fija; ahora, surge del aumento de los salarios en dinero, a pesar de existir un volumen fijo de mercancías. Y, naturalmente, si rechazáis su dogma originario, desaparecerán también los perjuicios concomitantes.

Voy a demostraros, sin embargo, que este problema del dinero circulante no tiene nada absolutamente que ver con el tema que nos ocupa.Continue Reading

Salario, precio y ganancia (II)

Esta obra es el texto de un discurso de Carlos Marx en inglés en las sesiones del Consejo General de la Primera Internacional celebradas el 20 y el 27 de junio de 1865. Este discurso se originó de las palabras pronunciadas por John Weston, miembro del Consejo General, el 2 y el 23 de mayo. Weston trató de comprobar con sus palabras que una elevación general en el nivel de salarios no les traería provecho a los obreros y que, por tanto, las tradeuniones tenían un efecto «perjudicial». El manuscrito de Marx de este discurso se ha conservado. El discurso fue primero publicado en Londres en 1898 por la hija de Marx, Eleanor Aveling bajo el título de Valor, precio y ganancia, con un prefacio de Edward Aveling. En el manuscrito, las observaciones preliminares y los primeros seis capítulos no llevaban títulos, y fueron añadidos por Edward Aveling. El título empleado en la presente edición es el comúnmente aceptado. Continue Reading