La situación de la clase obrera en China: el sistema Hukou

Antes de continuar con el estudio[1] de las clases sociales en China, es imprescindible que nos detengamos en el hukou. Se trata de una institución típicamente china[2], que se puso en marcha antes de la toma del poder por parte del Partido Comunista, pero que el régimen maoísta terminó sistematizando en 1958, pues garantiza 3 funciones complementarias:

  • Distribución de las ayudas sociales y los subsidios del gobierno: los titulares de un hukou urbano tienen beneficios que los rurales no tienen.
  • Control de la migración: impedir que la población rural excedente afluya a las ciudades.
  • Vigilancia política y criminal: la población está fichada sistemáticamente por la policía.

Con las reformas, el hukou cumple además una nueva función: suministrar a los capitalistas mano de obra sin papeles, a pesar de no ser extranjera. A estos trabajadores inmigrantes chinos se les llama mingong.

Definición de hukou

Toda la población china tiene un permiso de residencia que la vincula con un lugar concreto. Este documento, el hukou, incluye toda una serie de información: nombre, dirección, empleador, datos personales y familiares, religión, y sobre todo especifica si se trata de un residente urbano o rural, lo que aún hoy es algo fundamental para todo trabajador a la hora de acceder a los servicios sociales.

La administración de estos hukous corre a cargo del ministerio de Seguridad Pública, cuyas ramificaciones se extienden a todos los niveles de la sociedad. Hay funcionaros especializados en la gestión del hukou en todas las comisarías, pero también a un nivel inferior, en los barrios, las calles, las danwei [empresas estatales]. Estos funcionarios son los que se encargan oficialmente de llenar las listas de ciudadanos sometidos a vigilancia especial por cualquier motivo. Por supuesto, este inmenso sistema policial se informatizó en cuanto fue posible (hacia 1986). Desde 2002, la policía puede obligar a disponer de un equipo informático a todos los hoteles de más de 50 habitaciones, para que manden instantáneamente la foto de los clientes a las comisarías. Esto forma parte de la gestión del hukou.

El hukou es al mismo tiempo un sistema de fichaje policial y de acceso a los derechos sociales. Con el hukou tienes derecho (sólo allí donde te registra la tarjera de residencia) a alojamiento, empleo, educación para los hijos, servicios sanitarios, etc. Hoy todos estos derechos se han visto reducidos a la educación y la sanidad. Según la lógica maoísta de acumulación de capital, la extracción de la máxima plusvalía en el campo para desarrollar la industria y alimentar al proletariado urbano imponía que los derechos ligados al hukou rural fueran inferiores a los que ofrecía el hukou urbano. Y aunque se haya producido una cierta equiparación de derechos (por ejemplo, ya no hay cartillas de racionamiento[3] para el hukou urbano), siguen existiendo dos tipos de hukou, el rural y el urbano, y los derechos que proporciona el segundo siguen siendo mayores que los que ofrece el primero. Las cifras muestran que a pesar del proceso de urbanización, la mayor parte de la población aún está asignada en principio a una residencia rural. De hecho, como veremos más abajo, existe una importante masa de población flotante de origen rural.

 

Distribución de la población según el hukou
Rural Urbana Total % Rural % Urbana
1978 790 173 963 82 18
1980 796 191 987 81 19
1985 808 251 1.059 76 24
1990 841 302 1.143 74 26
1995 860 352 1.212 71 29
2000 808 459 1.267 64 36
2005 745 562 1.307 57 43
2006 737 577 1.314 56 44

Fuente: China Statistical Yearbook, 2007.

 

Cualquiera que sea el tipo de hukou que tiene un ciudadano, no puede abandonar su lugar de residencia sin antes avisar a la policía. Cualquier estancia de más de 3 días en otro lugar te obliga a poner al corriente a la policía local. Para estar más tiempo, necesitas un hukou temporal, que tiene un precio. Si bien se trata de una forma de controlar a la población, su función es principalmente impedir el éxodo masivo del campo a la ciudad, éxodo que necesariamente provoca el desarrollo urbano y la miseria en el campo. La tasa de población urbana en China sigue siendo relativamente baja.

A pesar de los múltiples intentos de reformarlo, el hukou urbano sigue suponiendo una ventaja para sus titulares. Pero en cambio el hukou rural te da derecho a disponer de un terreno agrícola. Pedir un hukou urbano significa, para un campesino, renunciar a esa tierra (de la que no es propietario, sino arrendador). Por todo ello las familias rurales se suelen dividir el trabajo: un miembro intenta conseguir el hukou urbano mientras otro conserva a toda costa el hukou rural (esperando que no le expulsen).

Puedes trasferir tu hukou de un sitio a otro, aunque se trata de un pesado procedimiento burocrático. Y conseguir trasformar un hukou rural en uno urbano es aún más difícil. Hasta 1998 el hukou de los hijos era el mismo que el de la madre. A partir de entonces dejan elegir entre el hukou de ambos progenitores.

La reforma sin fin del hukou

Es difícil decir en qué momento estamos de la reforma del hukou, pues las iniciativas para cambiarlo surgen tanto del ámbito nacional como local, y pueden quedarse en meras palabras o ser realmente efectivas. Durante el periodo de reformas, la lógica que se ha seguido ha sido principalmente la de tolerar el éxodo rural mientras al mismo tiempo se conservaba el sistema hukou. Esto ha permitido llenar las ciudades de trabajadores sin papeles, sometidos a las mismas condiciones en las que se encuentran los trabajadores inmigrantes ilegales en otros países. No obstante, estos trabajadores migrantes ejercen cierta presión para regularizar su situación, y la policía prefiere tener registrada a la población a tener que lidiar con una población flotante no registrada.

Antes de nada tenemos que decir que, salvo en casos excepcionales, la reforma del hukou jamás ha llegado a eliminarlo ni a abolir las diferencias entre los trabajadores rurales y urbanos. A veces, a nivel local, estas diferencias han llegado a desaparecer cuando el rápido desarrollo de las ciudades ha terminado fagocitando las aldeas cercanas. Ahora bien, una ley de 1998 estipula que si los agricultores de una aldea adquieren un hukou urbano, la tierra que explotan deja de ser propiedad colectiva de la aldea para convertirse en propiedad pública de la administración superior. De esta forma, la ciudad de Shenzhen ha eliminado las diferencias entre el hukou rural y el urbano, promocionando a los agricultores de su territorio al estatus de ciudadanos urbanos. Esto ha salido caro en términos de protección social (ligada al hukou urbano), pero han sido mayores los beneficios que ha conseguido la ciudad adueñándose de toda la tierra así transferida.

Las primeras reformas fueron en 1984. Entonces el gobierno autorizó el traslado de los campesinos a las pequeñas ciudades, con tal de que se las apañaran por sí mismos para conseguir su ración de comida (es decir, que la consiguieran en el mercado y no en los almacenes estatales donde se proveían habitualmente). Este permiso, sin embargo, no daba derecho a los servicios sociales locales.

En el transcurso de los años siguientes hubo varios intentos de liberalización. Algunas pequeñas ciudades abrieron sus puertas a la inmigración “sin restricciones”… a todo aquel que tuviera trabajo estable y domicilio fijo. Algunas grandes ciudades aceptaron a los inmigrantes, pero seleccionándolos por empleos. Shanghái (en 1995) o Pekín (en 1997) trataron de limitar así el flujo de inmigrantes, estableciendo una lista con los oficios autorizados, restringidos o prohibidos. Se trataba de una especie de cuotas. Generalmente, y al igual que ocurre con la inmigración transfronteriza occidental, esto implica levantar todo un sistema de selección de la inmigración. En 1997 el Consejo de Estado lanzó un proyecto piloto que permitía el traslado de hukous rurales a 450 ciudades determinadas. En 2001 esta lista se aumentó con muchas pequeñas ciudades. Pero existían condiciones: tener empleo estable y haber estado dos años en la misma vivienda, eso por supuesto, pero también ser un cuadro intermedio, trabajar en la industria o en el sector terciario, tener un apartamento, a veces de determinada superficie. En algunas ciudades, también había que pagar unos elevados impuestos, como en Shenzhen (240.000 yuanes en 3 años, cuando en esta ciudad en el año 2008 un obrero que cobrara un salario de 2.000 yuanes al mes se podía considerarse afortunado). Si cumple con todos los requisitos, el inmigrante puede entonces disfrutar de los mismos servicios sociales que los residentes[4].

Este sistema de selección de la inmigración es, como se puede ver, muy restrictivo y elitista. La ciudad de Ningbo (Zhejiang) tiene 6 millones de habitantes, de los que dos millones son inmigrantes, la mayor parte ilegales. Está considerada una ciudad muy avanzada en lo que respecta a la reforma del hukou. Y sin embargo sólo el 2% de los inmigrantes han conseguido que les cambiaran la tarjeta de residencia. En Shijiazhang (Hebei) la proporción es del 3%.

Para quienes no tienen acceso de esta forma al hukou urbano, una reforma de 1994 les permite obtener un hukou temporal que entrega la policía. Salvo casos excepcionales, esto otorga permiso de residencia, pero no da acceso a los servicios sociales. Para lograrlo, el inmigrante debe abonar no menos de siete tasas: gastos de residencia temporal, gastos de gestión de la población externa con permiso temporal, gastos de gestión del plan familiar, para aumentar la capacidad urbana, gastos de ajuste de la mano de obra, gastos de gestión de los servicios ligados a las actividades industriales y comerciales y gastos de gestión para las empresas exteriores en construcción. En total, 450 yuanes anuales. Una reforma de 2001 intentó hacer gratuito este hukou temporal. Pero incluso las ciudades que pretenden reformar el hukou, como Pekín, seguían pidiendo entre 100 y 300 yuanes en 2007.

En estas condiciones, y teniendo además en cuenta como trata la policía a los inmigrantes, es normal que muchos ni siquiera tengan hukou temporal. En Pekín, te pueden requisar el hukou temporal a los tres días. Una importante proporción de los inmigrantes, por tanto, no están registrados. Se hallan en situación ilegal, lo que puede acarrearles multas o incluso la repatriación forzosa, como en occidente. Aunque esta medida en principio se suprimió en 2003.

Veremos luego, en el capítulo 4, que más allá de estas reformas más o menos teóricas del sistema hukou, algunas ciudades tratan de mejorar las condiciones de vida de los trabajadores inmigrantes. Pero sin salirnos del tema, está claro que la reforma del hukou de la que se habla desde hace tanto tiempo ha avanzado muy poco, y aún se está lejos de la unificación nacional del mercado de trabajo. Teniendo en cuenta la potencial importancia del éxodo rural (ver capítulo 3), las autoridades tratan de controlar los flujos de población. Las ciudades financian la protección social ligada al hukou urbano. Se resisten, pues, a admitir a demasiados inmigrantes, así como a que se desarrollen las bidonvilles que inevitablemente surgirían si la migración fuera libre. De momento, la “latino-americanización” de las ciudades chinas, que tanto preocupa a las autoridades locales, es limitada. Como se podría esperar, los ciudadanos ya establecidos en las ciudades manifiestan cierta hostilidad hacia los inmigrantes, a quienes echan la culpa de la creciente inseguridad. Esta cuestión de la seguridad también ha sido la causa de ciertos retrocesos dentro de esta tendencia a liberalizar el sistema hukou. La ciudad de Shenyang, por ejemplo, que suprimió el hukou temporal en 2003, lo volvió a introducir dos años y medio más tarde. La ciudad de Shenzhen, que antes hemos comentado que eliminó en su territorio las diferencias entre los hukou rurales y urbanos, ha endurecido las reglas de acceso para los inmigrantes. Y recientemente ha aprobado una nueva “carta verde” que amplía los derechos de los inmigrantes que acceden a ella. Aunque según el China Labour Bulletin, esto no es del todo cierto. La verdad es que esta nueva carta, en cambio, lo que sí que da es más información a la policía[5]. En 2006, un suceso en Cantón provocó un debate acerca de la reintroducción de las repatriaciones forzosas. Además, en 2002, el gobierno central terminó con dos experiencias locales que trataban de facilitar el acceso al hukou urbano en provincias remotas, para atraer allí a la mano de obra. El argumento oficial esgrimido fue que los servicios sociales saldrían demasiado caros.

En resumidas cuentas, el sistema hukou presenta grandes ventajas para los empresarios chinos, entre las cuales está la constante fábrica de trabajadores “sin papeles no extranjeros”, de cuyas condiciones extremas de explotación luego hablaremos, al mismo tiempo que permite conservar en el campo un masivo ejército de reserva de candidatos a la proletarización. En principio, se trata de que sólo lleguen a las ciudades los trabajadores que puedan encontrar empleo en ellas, aunque esto sólo se cumple en cierta medida. La vigilancia policial al proletariado y sobre todo a su fracción inmigrante crea unas condiciones que han dado lugar a numerosas revueltas, que incitan al Partido a conservar el hukou. Aunque se habla de la reforma del hukou desde hace más de 20 años, hace tiempo que esto no va más allá de los pequeños retoques encaminados a seleccionar a los inmigrantes. Y de la abolición del propio permiso o tarjeta de residencia, mejor ni hablar. Las diferencias entre el hukou rural y el urbano se mantendrán al menos hasta que China no pueda dotarse de una protección social uniforme. En resumen, la cuestión de la reforma o la eliminación del hukou está estrechamente ligada a la suerte del PCC. Posiblemente el PCC no puede apañárselas sin esta herramienta policial. Y por tanto probablemente el hukou no desaparezca hasta que el PCC pierda el poder.


[1] Luttes de clases dans la Chine des réformes, 1978-2009, Bruno Astarian. Ed Acratie. Reproducimos aquí el capítulo 2: “Le Hukou”, pp. 41-48.

[2] En la URSS existía un sistema parecido, la propiska, que desapareció junto con el propio régimen.

[3] La cartilla de racionamiento era una ventaja para el poseedor de un hukou urbano, pues si bien se trataba de un racionamiento, tenían asegurado algo de comida. En la época del Gran Salto Adelante, las aldeas fueron diezmadas por el hambre, que provocó entre 30 y 50 millones de muertos.

[4] Hay muchas fuentes de las que extraer información sobre el hukou y su reforma. Una de las mejores y más sintéticas es el informe del China Labour Bulletin: Migrant workers in China, 2008, disponible en internet. También China’s Household Registration (Hukou) System, Discrimination and Reform (informe ante el Comité Ejecutivo del Congreso sobre China), Fei Ling Wang.

[5] Según el China Labour Bulletin “la nueva tarjeta de residencia de Shenzhen ofrece pocas novedades a los trabajadores inmigrantes”, 4 de noviembre 2008.

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