Organización defensiva de las condiciones de vida del proletariado (introducción)

Publicado originalmente en la web Gedar.

Esta sección de Ikuspuntua se titulará ‘Sindikalgintza’. Dado que este artículo funciona a modo de introducción, hablaré de las intenciones de dicha sección y también haré una contextualización breve. A día de hoy la cuestión se reduce mayoritariamente al ámbito laboral, y por ello será sobre lo que más me extienda en un inicio, aunque el objetivo será también otorgar una mayor importancia a las condiciones de vida del proletariado y, en definitiva, hablar sobre las luchas defensivas de éste.

A modo de presentación personal y para entender mis inquietudes y motivaciones, estoy involucrado en las luchas de resistencia de la clase obrera. Por eso, escribir en un medio como Gedar sobre ello me obliga a aclarar mis ideas, para que sean comprensibles al resto, pero también disciplinar el estudio que hago de la cuestión. Parto de que el momento de reflexión es un momento para repensar la acción y por eso mi intención no es de separarme de lo que analizo sino tratar de influir en ello y transformarlo.

Es interesante ver que se retome cada vez más (o por lo menos se haga más posible) el debate sobre distintas cuestiones relativas a la llamada cuestión sindical: se vuelven a plantear, cada vez más y con cierta profundidad, la validez de los sindicatos, sus funciones, el papel de la aristocracia obrera, el economicismo, la organización para la defensa de las condiciones de vida, los cambios de las relaciones capital-trabajo, el declive de la clase obrera industrial y el ascenso del nuevo proletariado de servicios en los países imperialistas, por un lado, y el ascenso de las luchas de masas en países como China o la India, por el otro, así como la utilidad de las luchas de resistencia para desarrollar una conciencia revolucionaria -o no-, o la vuelta al corporativismo o sectorialismo, por mencionar algunas. Desde un conocimiento limitado, trataré de aportar consideraciones propias al respecto de estas y otras cuestiones, algunas nuevas, y otras a las que se vuelve, décadas o incluso siglos más tarde, por supuesto en un contexto totalmente distinto.

A veces resulta tentador perderse en la crónica de sucesos pasados. Es cierto que a pesar del paso del tiempo hay cuestiones que siguen vigentes, pero es preciso estudiar si lo hacen de la misma manera o si por el contrario han mutado con los años. Se trata sobre todo de plantearse, qué deberíamos estar haciendo hoy y cómo hacerlo, en vez de hacer un ejercicio de sacralización del pasado. Esta debería ser la premisa desde la que tratar de reconectar con la experiencia acumulada en las luchas anteriores: poder plantear, colectivamente, y con perspectiva, las formas, prácticas y contenidos de las luchas actuales.

Creo que es importante destacar que en todos estos debates hay una indefinición semántica del término ‘sindicalismo’ y otros conceptos, por lo que haré ciertas observaciones al respecto, aunque, al menos en un principio es probable que haya inconsistencias en el uso que haga de ellos. En primer lugar, movimiento obrero no es lo mismo que sindicalismo, que es a lo que se suele reducir hoy en día. Sus ámbitos de actuación y expresiones organizativas han ido más allá de la forma sindical, aunque fuera la primera expresión del movimiento obrero. En segundo lugar, la palabra ‘sindicalismo’ se suele asociar a las luchas de resistencia, estrictamente en el ámbito del trabajo asalariado, lideradas por lo que el mismo nombre indica: los sindicatos. Sin embargo, no siempre fue así, ya que, lejos de limitarse a lo laboral, tiempo atrás éstos se dedicaban a cubrir muchos más ámbitos de la vida: desde el ocio y la socialización, a la organización de huelgas de alquileres, hasta el papel clave de los ateneos, donde el proletariado podía alfabetizarse y se construía una cultura de clase propia.

Tras un ciclo de olas de especial intensidad en la lucha de clases, estamos en un momento de debilidad del movimiento obrero, casi parecería que asistimos a sus orígenes de nuevo, como apuntan algunas opiniones. ¿Qué pasaría si no fuera así? Su gran fuerza a principios de siglo pasado tampoco impidió la bancarrota ideológica de la Segunda Internacional, las masacres de las Guerras Mundiales, su participación en ambas y el encuadramiento en frentes populares interclasistas. Finalmente, a parte del movimiento obrero se le otorgaría[1] una posición de co-gestión del sistema de relaciones de poder, bajo el nombre de Estado del Bienestar. En ese momento los sindicatos[2], se establecerían como interlocutor válido, y por tanto intermediario en la relación capital-trabajo. De esta manera pasarían a ser una de las organizaciones base de la socialdemocracia y el reformismo de la posguerra, representando mayoritariamente a la Aristocracia Obrera.

En otras palabras, un movimiento obrero fuerte no necesariamente se corresponde con unas intenciones revolucionarias. Por tanto, otra de las preguntas que se presentan, de gran importancia para la actualidad serían: no siendo una garantía, ¿reconstruir un movimiento obrero fuerte es una premisa para la posibilidad de un movimiento revolucionario? ¿Son útiles los sindicatos para la lucha de clases? Y ¿a qué intereses responden?

Para darse cuenta del carácter de la Institución-Sindicato a día de hoy desde otro punto de vista adicional, se puede echar un vistazo a las estadísticas sobre la afiliación, aunque tampoco coincidan con la participación real activa (más allá del pago de una cuota)[3]. Según muestran, la cultura de organización en sindicatos es significativamente baja en países del centro imperialista donde el Estado del Bienestar está en mayor decadencia y donde está más amortizado[4] para la burguesía (El Estado Español estaría en el 19% en 2015[5]) Por otro lado, las más alta en países nórdicos (79% en Finlandia y 73% en Suecia, en 2015)[6]. En el Estado Español[7], las cifras son más altas en industria y sectores de funcionariado (Educación, Administración Pública), y en centros de trabajo grandes, donde hay contratos fijos, de jornada completa o una mayor antigüedad en la empresa. Los sectores de la clase obrera más apartados de la institución sindical serían las mujeres, la juventud, personas de origen extranjero y sectores como el doméstico o la hostelería.

Otro aspecto importante del contexto son los resultados de las distintas reestructuraciones del tejido productivo en el marco de la crisis capitalista: la pérdida de la centralidad de la fábrica, la deslocalización, el acceso del proletariado a la cultura del consumo, la automatización (que explicita más, si cabe, la diferencia entre producción y empleo), proletarización y empeoramiento colectivo de las condiciones de vida de capas cada vez más grandes de la clase obrera y por supuesto la inestabilidad y la ruptura de vínculos sociales y un espíritu colectivo[8].

Se trata siempre de analizar los presupuestos que tenemos para las luchas que tenemos que llevar a cabo, de manera honesta y sin voluntarismos. Al contrario de lo que macabramente señalan algunas acusaciones, de ninguna manera se celebra la creciente situación de vulnerabilidad, desprotección, dejándonos totalmente a merced del mercado laboral (irónicamente, también sin un agente que negocie el valor de su fuerza de trabajo y sin tutela, lo cual podría ser una oportunidad). De otra manera: esta es la situación que tenemos. Y ahora, ¿qué hacemos?

Si cada vez se estudian y pelean más las condiciones de vida del proletariado, no es por un fetiche sindicalista (el rechazo de plano, sin estudiar el por qué también lo sería, solo que invertido). Si hablamos de luchas defensivas, estas tienen el papel de facilitar que también haya -en otro momento al menos en mayor grado- un carácter ofensivo en el movimiento. Esto es, que en su forma, sus medios, no se mitigue el impulso, las ganas revolucionarias. No sería por tanto una separación mecanicista entre lucha revolucionaria, política -ofensiva- y lucha defensiva -económica[9]-, sino que habrían de estar contenidas la una en la otra, si es que pueden estarlo (y eso es lo que hemos de investigar). Si de entrada ya tienen limitaciones importantes dentro del marco capitalista, por lo imposible de algunas propuestas, también evidencian que ese mismo marco debe ser abolido, ¿pero mientras qué? En todo caso no se debe descuidar ni retirarse de la lucha por el control[10] de la producción, o la logística, por poner otro ejemplo, ya que al final se traducen en una lucha por el control de un territorio. Pero, además, y sobre todo, estamos en un momento en el que las relaciones de mercado permean todos los aspectos de nuestra vida, y de esta condición se extrae que a día de hoy, el movimiento obrero debería articularse en el trabajo, sí, pero también mucho más allá.

Adam Radomski, 30 de abril 2019.


[1] Conquistaría, o ambas cosas, según el relato.

[2] No todos los sindicatos encajan en estas características de entrada, o al menos habría que estudiarlo con más detenimiento. En el caso de esta introducción, de momento “sindicato” se refiere a la institución mayoritaria en los países imperialistas que encuadra a la clase obrera, y donde hay un grado -mayor o menor- de separación entre bases y cúpula.

[3] En este caso las estadísticas son reveladoras de una serie de factores que ayudan a acercarse a determinar la posición en la producción que estadísticamente ocupa la afiliación, y conocer mejor de quién hablamos. No obstante, no nos interesa ocuparnos del aspecto sociológico, cuantitativo, sino el cualitativo, de potencia de conciencia revolucionaria, de falta de ella, o en determinar un sujeto revolucionario en la aristocracia obrera, o las nuevas formas que adquiere el proletariado. La estadística puede acercarnos ciertos datos, pero no puede cuantificar un aspecto que en última instancia es político.

[4] Que ya ha cumplido su función para la burguesía para un ciclo concreto, y por tanto no es necesario y puede desecharse.

[5] Pere J. Beneyto, Trabajo y sindicalismo en la globalización.

[6] Ídem.

[7] Hipólito J. Simón, ¿Qué determina la afiliación a los sindicatos en España?

[8] A su vez, hay que tener cuidado a la hora de analizar esta colectividad: recordemos que a su manera también es un reflejo de la ideología burguesa, en tanto que proviene de su sociedad y se limita a formular lo posible dentro de su marco.

[9] Como se ha indicado antes, a menudo se separan el carácter político y económico de las luchas, que además quedan relegadas al centro de trabajo.

[10] Control no sería aquí lo mismo que gestión, ya que, pudiendo gestionar el proletariado la producción, puede seguir teniendo que hacerlo en un marco capitalista y correspondiendo a intereses capitalistas.