Desde Greenford con amor

Entrevista a Angry Workers of the World, publicada en Libcom.

Estimado equipo de Libcom,

¡Muchas gracias por proponernos esta entrevista! Las respuestas a vuestras preguntas están más abajo, pero antes de empezar nos gustaría tomarnos un momento para cuestionar vuestras preguntas. Se centran principalmente en nuestro colectivo, los Angry Workers, como “organizador en los centros de trabajo”. Si bien esto es una parte esencial de nuestra actividad, no es lo único que hacemos. Pensamos que este encasillamiento en los centros de trabajo refleja un problema más general en la izquierda radical en Reino Unido: a saber, la separación entre las “actividades organizativas” y el “debate o la estrategia revolucionaria”.

Como pequeño colectivo, tratamos de reunir estos dos elementos esenciales de la organización de la clase obrera:

  1. Recogiendo experiencias y fortaleciendo la auto-organización de los trabajadores en los centros de trabajo y en esta zona.
  2. Reflexionando acerca de estas experiencias dentro de un contexto más amplio –de relaciones de clase, políticas estatales, cambios técnológicos, crisis–, como parte de la investigación y el debate sobre los cambios en la composición de clase y los puntos de ruptura revolucionarios[1].
  3. Tratando de animar tanto la reflexión acerca de las experiencias de la clase obrera como el debate, dentro de la izquierda no estatista, a un nivel internacional, en nuestro caso mediante discusiones acerca de la “huelga social” con Plan C o con la IWW sobre la organización en Amazon[2].
  4. Aceptando una “responsabilidad a nivel local” en la difusión de las posturas internacionalistas (por ejemplo, acerca de la guerra y la inmigración) y de las experiencias prácticas obreras de otras zonas además de donde nosotros vivimos y trabajamos. Esto lo llevamos a cabo sobre todo a través de nuestro periódico político, WorkersWildWest[3].

Nos inspiramos en grupos como Big Flame o Solidarity, en la década de los 70 en el Reino Unido, Potere Operario en Italia, o la Sojourner Truth Organisation y la League of Revolutionary Black Workers, en la misma época en Estados Unidos, quienes mientras “se manchaban las manos” trabajando junto a los obreros, empleaban estas experiencias como base a partir de la cual debatir y discutir acerca de política y estrategia. Estas discusiones se basaban en necesidades reales de organización y en experiencias de lucha de clases, más que en una aburrida pontificación. Al mismo tiempo que tratamos de animar acciones directas en los centros de trabajo, no ocultamos nuestra perspectiva revolucionaria, sino que intentamos ligarla estrechamente con nuestras experiencias en el trabajo.

Nuestros pequeños pasos diarios en este suburbio industrial se enmarcan en una discusión más amplia sobre los cambios en la producción y la distribución, y en el resurgimiento de los grandes centros de trabajo, como los centros de distribución de Amazon, Walmart, etc[4]. Para nosotros este debate no era sectorial, es decir, que no se basaba solamante en el sector de la logística, sino que se refería a la naturaleza cambiante de la clase obrera y del trabajo en general. Nos dimos cuenta de que los límites entre la producción y la distribución se estaban difuminando: por ejemplo, muchos almacenes también procesan los bienes que ponen en circulación. Compañías como DHL están directamente involucradas en las plantas de fabricación de coches. Los trabajadores no pueden desarrollar su orgullo profesional basándose en sus habilidades individuales, sino que dependen de experiencias sociales más amplias: cómo manejar los ordenadores, aparatos electrónicos, cómo cooperar y comunicarse con trabajadores inmigrantes que han pasado por todo tipo de experiencias.  Así pues esperamos que las luchas en este sector puedan llegar a desarrollar cierto poder no sólo por el tamaño de los centros de trabajo y su estratégica localización, sino porque también pueden generalizarse y afectar a otros trabajadores. No luchamos como un grupo profesional específico, todos tenemos que hacer frente al salario mínimo y los contratos de cero-horas, todos tenemos la propaganda anti-inmigración presente. Pensamos que la principal tarea de los revolucionarios es pensar en cómo las luchas en los centros de explotación (grandes centros de trabajo, las zonas desarrolladas) pueden vincularse con otras áreas más atomizadas de existencia de la clase obrera (esfera doméstica, áreas devastadas por la crisis, desempleo) y fortalecerse mutuamente.

La explosiva contradicción revolucionaria del capitalismo es el hecho de que el aumento de la productividad social vienbe acompañada de un empobrecimiento masivo, pero estas experiencias de alta productividad y empobrecimiento no se distribuyen equitativamente en la clase obrera global. ¿Dónde y cómo puede evolucionar un movimiento clasista para poner en contacto los dos polos de la contradicción y hacer que todo estalle? Para esto necesitamos discusiones estratégicas y revisar los viejos conceptos, como el de composición de clase o la teoría del “desarrollo desigual”.

También necesitamos debatir acerca de la “transición revolucionaria”. En otras palabras, en una situación revolucionaria, cómo puede la clase obrera:

  1. Redistribuir los recursos existentes para nivelar las desigualdades regionales y
  2. Socavar cuanto antes la división del trabajo entre obreros manuales e intelectuales, productivos y dopmésticos, rurales y urbanos, jóvenes y ancianos.

Este no es un ejercicio mental, se requerirán millones de toneladas de acero y habrá que derruir y levantar millones de muros, ¡un enorme esfuerzo logístico! Quien piense que para ello no se necesita que los trabajadores de los invernaderos, hospitales, fábricas, centros de cuidados, transporte, energía, comunicaciones y escuadrones de demolición desempeñen un papel específico o científico, o bien es un capullo idiota de clase media o un estalinista que piensa que el Estado-partido resolverá todo esto, o ambas cosas a la vez.

Algunos dirán que esto es prever o especular demasiado, ¿por qué hablar de situaciones revolucionarias si cuando miramos alrededor vemos que la propia actividad de la clase obrera refluye? Pero sin este pensamiento estratégico el comuniusmo es una quimera, algo que damos por imposible. Discutir estas ideas en el contexto de nuestros esfuerzos organizativos en los centros de trabajo nos obliga a tener una perspectiva más amplia y global, más allá de los acuerdos salariales, acerca de cómo los diferentes grupos de trabajadores, del Reino Unido y de todas partes, pueden relacionarse entre sí. Para facilitar esto, nuestro papel como revolucionarios requiere que nos orientemos en una dirección y que tengamos una visión que vaya más allá de la “movilización para la siguiente manifestación”.

Los acontecimientos políticos o la amplia crisis social repercuten en los centros de trabajo, y viceversa. Por lo tanto no es descabellado discutir estos temas ligándolos a las cuestiones “sobre el trabajo”, en lugar de considerarlas como un terreno “político” separado, distinto del “económico”, de las llamadas cuestiones de “cuchillo y tenedor” para los obreros. Así pues, hemos tratado de animar el debate sobre el presente estado de la crisis en el Reino Unido entre los militantes de varios grupos, visitando gente en diferentes ciudades e invitándoles a una reunión en Liverpool en 2014. Parecía muy difícil y de algún modo nos confirmó que el “debate político” y las “actividades organizativas” se suelen tratar como cuestiones separadas. Si queremos hacernos una idea del potencial revolucionario de nuestra organización cotidiana, necesitamos tener una visión más amplia de todo el cuadro: ¿cómo es el enemigo de fuerte?, ¿cómo de divididas están nuestras fuerzas? En el Reino Unido, las principales líneas de división se despliegan sobre: a) la propiedad de una vivienda y el grado en que los trabajadores se ven afectados por la burbuja inmobiliaria; y b) la cuestión del status de inmigrante y de hasta qué punto el acceso a los subsidios y a ciertos sectores del mercado laboral empujan hacia el sector de los bajos salarios. Estas líneas divisorias se despliegan y se ponen a prueba en el seno de la propia clase obrera, pero principalmente están infuidas por la “gran política”: el desarrollo de las finanzas inmobiliarias globales, la crisis de refugiados, la esclerosis de la UE. Esto tan solo es un ejemplo de por qué pensamos que este debate sobre la crisis es necesario, también y sobre todo ligado a la “actividad en los centros de trabajo”.

En la izquierda radical existe una cierta pereza intellectual a la hora de discutir la estrategia revolucionaria: algunos se retiran a un insurreccionalismo místico y hallan sofisticadas excusas filosóficas para ello (buena parte de la gente de la teoría de la comunización); otros aguardan a que un salto tecnológico y la “élite creativa” nos lleven al comunismo (Mason[5], aceleracionistas) –unos de nosotros trabaja en una planta de fabricación de impresoras 3D, y a nuestros amigos tecno-fetichistas sólo les podemos decir: ¡despertad, tíos, el futuro que se avecina no es un patio de recreo, sino una mala y precaria ciencia-ficción!–; otros se asustan ante la cuestión de cómo se pueden generalizar las luchas superando las barreras materiales entre ellas, y en cambio proponen viejas y condescendientes formulas izquierdistas de reivindicaciones políticas (salario mínimo garantizado, etc.) o tácticas electorales (Corbyn). Ante esto, podemos entender que la gente se centre “sólo en organizarse”, o en algún tipo de “sindicalismo honrado”, dejando de lado estos líos políticos, y en algún tipo de anti-intelectualismo, pero eso tampoco soluciona nada.

El debate en los medios de izquierda está más evolucionado en los EEUU: la gente discute la relevancia del marxismo (u otras teorías) en estrecha relación con las experiencias de lucha, sea en la IWW o en los movimientos contra la violencia policial, sea racista o contra los pobres. Nos referimos a grupos o iniciativas como Re-composition Blog, Viewpoint Mag, Unity and Struggle, Insurgent Notes, Gathering Forces, y otras redes de solidaridad. Podemos decir que han tenido luchas bastante relevantes sobre las que reflexionar (Occupy, huelgas de los trabajadores hispanos, motines en las prisiones, movilizaciones por el salario mínimo, disturbios callejeros contra los asesinatos de la policía, etc.), al contrario que en el Reinbo Unido. Pero estudiando más de cerca las experiencias en los EEUU y empezando a debatir con algunos camaradas de allí, esperamos que las discusiones se trasladen también aquí. En este sentido, nuestro objetivo es levantar algún tipo de organización internacional capaz de reunir las actividades de la clase obrera y el debate estratégico.

***

¡Pasemos pues a las preguntas propiamente dichas!

1. Contadnos un poco cómo es el sector de los almacenes en el oeste de Londres.

Para contestar a esta pregunta hemos tomado algunos fragmentos de dos artículos ya escritos[6].

Los almacenes y los talleres industriales ocupan las tierras yermas del oeste, entre la A40 y la M4,  a 15 millas del aeropuerto de Heathrow y formando parte del corredor del oeste de Londres, una inmensa área industrial que mantiene a Londres abastecida y con las estanterías llenas. Es una zona de grandes negocios, muy involucrada en el comercio exterior y con mucha inversión en infraestructuras. Es una mezcla de pequeñas plantas de procesado, naves de almacén y grandes fábricas de alimentos y centros de distribución. Park Royal es la mayor de estas áreas, cubriendo unas 700 hectareas en las que trabajan unas 40.000 personas, principalmente en producción, almacenaje, distribución, logística y call-center. Es una de las zonas industriales más grandes de Europa, situada en la zona 4 de la línea Picadilly[7]. Los alrededores son una mezcla entre suburbios contruidos en los 50 y pequeños nucleos industriales o de almacenes. Pero, en su conjunto, el área apenas se conoce, a pesar del hecho de que el 60% de la comida que se consume en Londres pasa por este sector de almacenes del oeste… Aquí podemos ver los efectos de los nuevos modelos migratorios y cómo el capital se organiza a sí mismo y nos organiza a nosotros en estas labores masivas mal pagadas, que constituyen el modelo de las condiciones de trabajo bajo la austeridad.

Se trata en gran medida de fueza de trabajo “no cualificada”. Hay grandes diferencias diarias y estacionales en la carga de trabajo, debido a los sistemas de entrega just-in-time. Para gestionar la fuerza de trabajo en estas circunstacias, los patronos emplean muchos trabajadores temporales (por lo que a menudo existe una capa intermedia para la burocracia y la disciplina) y los turnos abarcan las 24 horas. Se trata en gran medida de fuerza de trabajo migrante, de distinto origen y estatus, aunque la mayor división se da entre los trabajadores fijos y los temporales. La mayor parte de los centros de trabajo tienen tanto fijos como temporales. Normalmente no hay mucha diferencia en lo que se refiere al salario, se trata más bien de una cuestión de “tener el trabajo asegurado”, lo cual es una ilusión dado que en cualquier momento pueden venir despidos sin previo aviso. Los trabajadores temporales suelen estar oficialmente contratados a cero horas, y cuando no lo están muchas veces se encuentran formalmente en esa situación en la práctica. Muchos van pasado por varios centros de trabajo, intentando encontrar algo mejor…

Aunque la mano de obra eventual no suele estar sindicalizada, existen sindicatos en los almacenes más grandes, para defender los “intereses” de los trabajadores fijos. Tienen que lidiar con pequeñas quejas individuales, pero tienen poca influencia en lo que respecta a los problemas generales: salarios, turnos, ritmo, etc. En el centro de distribución de Sainsbury, donde estuvimos trabajando algunos de nosotros, la sindicalización era baja, en cambio, incluso entre los fijos, dado que está muy extendida la idea de que no pueden hacer nada en ningún caso, mucho menos en los temas importantes: como hemos dicho antes, los salarios, los turnos, las ratios (el ritmo al que tienes que trabajar), es algo que realmente no abordan. Parece que para muchos no vale la pena pagar la cuota mensual. Los sindicatos no hacen mucho para atajar la división entre fijos y temporales, que hacen el mismo trabajo bajo distintas condiciones: en un almacén los fijos ganan 9 libras/hora por hacer el mismo trabajo por el cual los eventuales cobran el salario mínimo, es decir, que los primeros cobran un 30% más. En otro centro, los nuevos fijos cobran lo mismo que los eventuales, la única ventaja es el turno fijo. Los fijos con más antigüedad y mejores contratos ganan sobre 9 libras/hora, por lo que también los nuevos fijos están descontentos.

En otros centros de trabajo en los que la fuerza de trabajo estable es más amplia (como en Bakkavor, fábrica de alimentos precocinados), casi el 100% de una mano de obra mayoritariamente femenina está sindicalizada. Pero esto no evita que los patronos paguen el salario mínimo, ni implica que los trabajadores sean mínimamente conscientes de que tienen cierto poder colectivo, incluso a través de las estructuras sindicales formales.

El trabajo es repetitivo, profundamente aburrido, los niveles de estrés son altos, en la medida en que los jefes tratan de cargarnos con más trabajo, sabiendo que nos escaquearemos a la menor oportunidad. No pueden dejar de pensar la forma de mantenernos bajo presión: ¿cómo exprimir al máximo una mano de obra que recibe una mierda a cambio y puede cambiar de trabajo en poco tiempo? Emplear ampliamente mano de obra extranjera puede ser de ayuda. Pero mantener a la gente trabajando duro requiere de sus mejores esfuerzos: informarte diariamente de tus ratios, cambiarte el turno si no cumples la cuota establecida, llamarte a reuniones disciplinarias por tu conducta, desplegar tablas de productividad a diario para que hagamos comparaciones entre nosotros, amenazas diarias de despido si no vamos más rápido o no seguimos sus reglas, los jefes vigilándonos buena parte del tiempo, diciendo a los trabajadores que se callen y trabajen más rápido, que se concentren más, empleando siempre a más gente para deshacerse de los lentos, pruebas arbitrarias de alcoholemia y drogas…

Uno de los métodos que emplean para “motivarnos” es ponernos delante la zanahoria del “contrato fijo”. Si tenemos buenas ratios, si somos obedientes, si nos mostramos dispuestos a hacer turnos extra a su antojo y en general a tragar su mierda, “quizá” nos hagan fijos. Esto sirve para mantener a la gente con la cabeza gacha. O casi. Las empresas de trabajo temporal hacen lo miso: ellas deciden quién trabaja y quién no, te cancelan los turnos previstos, a veces como “castigo” si te pusiste enfermo la semana pasada.

Los que trabajan aquí también suelen vivir cerca. Muchas empresas no te contratan si no vives por aquí, pretendiendo minimizar los riesgos de que alguien llegue tarde en los turnos de madrugada. Se trata de una zona en la que viven muchos trabajadores polacos y mucha población india hace tiempo asentada[8]. También existe una inmigración india más reciente, y trabajadores de otros países de Europa del Este, Somalia (aunque no tienen tanta presencia en la mano de obra) y Nepal.

Esto también significa que la mayor parte de los obreros inmigrantes no provienen de regiones en las que se hayan producido grandes movimientos sociales. La Primavera Árabe ha ejercido indudablemente cierta influencia en los trabajadores de la logística de Italia, procedente principalmente del norte de África; los movimientos populares de Sudamérica suponen un importante trasfondo para las luchas obreras en EEUU, y también aquí en Londres. La ocupación de las plazas y las movilizaciones generales en España contribuyeron a la militancia de los trabajadores inmigrantes en Berlín o Brighton. No obstante, en Polonia llevan jodiendo a todo el mundo desde 1981, lo cual podría darnos algunas esperanzas en lo referente a la actitud colectiva de los trabajadores. ¡Pero no!

Los bajos salarios, la movilidad y la migración, combinados con la crisis de vivienda, también ponen en cuestión la presente organización familiar[9]. La gente tiene que compartir pisos con extraños y buscar soluciones para, por ejemplo, el cuidado de los hijos. Podemos lamentarnos de esto, como también por la erosión de “el orgullo y las habilidades profesionales”, o considerarlo como un potencial: ni los trabajos estables ni las pensiones pagadas por la empresa van a integrar a esta generación de trabajadores, que no podrán refugiarse tampoco en el idílico refugio familiar. El resultado será o bien el (seguro) aumento de la miseria individual, o bien el (nada improbable) fortalecimiento de la religión represiva o las comunidades nacionales, o el (¡sin duda posible!) resurgimiento de la colectividad de la clase obrera.

Tampoco debemos olvidar la historia de la clase obrera en estas partes más jodidas de la ciudad, esta “militancia del oeste de Londres”, que somos tan lentos en desenterrar: de las primeras huelgas en Park Royal en los años 30,  a las más recientes huelgas de asiáticos y acciones anti-racistas en Southall a mediados de los 60 y en Grunwicks en 1976,  a la vanguardia de los experimentos de autogestión obrera en la planta Lucas en los 70. Pronto escribiremos algo acerca de estos espíritus rebeldes y evocadores…

2. ¿Cuál ha sido la actividad de vuestro grupo?

En los pasados 2 años:

  1. Hemos sacado un periódico obrero local (WorkersWildWest), del cual distribuímos 2.000 copias a la salida de los centros de trabajo cuando los trabajadores entran o salen. Acabamos de publicar el tercer número y el cuarto esperamos que esté para verano;
  2. Hemos intentado conocer a la gente políticamente activa del oeste de Londres;
  3. Hemos organizado proyecciones mensuales en un centro del barrio, que anunciamos por los alrededores;
  4. Hemos trabajado en alrededor de una docena de trabajos diferentes, entre todos, escrito informes sobre las condiciones en nuestro blog, AngryWorkersWorld, y artículos para WorkersWildWest;
  5. Hemos distribuido panfletos e intentado implicar a trabajadores en discusiones si ha sucedido algo en las empresas (como en Bakkavor, fábrica de comida precocinada en la que trabajamos dos de nosotros, o en el centro de residuos, en el que uno de nosotros solía trabajar);
  6. Hemos tratado de ver cuál es el potencial para organizarnos en los diferentes centros de trabajo, buscando cuáles son los principales problemas, distribuyendo panfletos “provocativos” para animar la discusión dentro de los almacenes, viendo si la gente está dispuesta a hacer algo o a involucrarse cuando otros obreros lo proponen.
  7. Hemos tomado parte o propuesto “acciones” cuando pensábamos que tenían posibilidades de éxito. Para poder haceros idea de alguna de ellas, podéis consultar nuestros artículos de WorkersWildWest: por ejempo, huelga de horas extra en Waitrose, de bajo ritmo en Sainsbury, amenazas violentas contra un agente de visados explotador o un acto en protesta para que nos pagaran vacaciones ante una agencia temporal[10].

Intentamos hacer cosas a varios niveles y en varios frentes, y no somos muchos, aparte de que también hay que trabajar. Así que las cosas no son fáciles dada nuestra capacidad. Pero tampoco esperábamos que lo fueran. Hemos conocido a grandes trabajadores y vecinos de por aquí, por lo que no nos sentimos tan aislados como al principio. Pero aún estamos lejos de llegar a algo auto-sostenido que haya adquirido su propia dinámica interna. Si tenemos que organizar una acción podemos contar con un abigarrado grupo de compañeros del espectro de la izquierda del oeste de Londres, con algunos leales camaradas del este de Londres y con algunos amigos que hemos hecho en los distintos trabajos. Pero hay que ser honestos, para bloquear un almacén como es debido, algo necesario para animar y organizar a los obreros, dado el clima acostumbrado, necesitaríamos a más de 100 personas, ¡y aún andamos buscando a los 70 u 80 que nos faltan!

Es difícil que la gente de por aquí se involucre a través de los 60 carteles en la calle que solemos poner por la zona cuando organizamos las proyecciones. También repartimos flyers y panfletos para anunciar una asamblea general de trabajadores del oeste de Londres. Pero de momento no hemos tenido mucho éxito, únicamente una persona nueva suele venir a cada sesión (aunque a veces somos muy representativos de esta composición: un trabajador del almacén de Sainsbury, un conductor de Ocado, un trabajador del almacén de M&S, un trabajador del supermercado Waitrose). Suponemos que esto se debe a que por aquí la vida al salir del trabajo es difícil, la gente está demasiado cansada después de trabajar o tiene obligaciones familiares, lo que supone que estos eventos vespertinos que de alguna forma pertenecen a un ámbito más “cultural” no sean muy concurridos. Si hiciéramos lo mismo en Ealing o Hanwell, probablemente obtendríamos una respuesta mejor, ¡pero en Greenford las cosas son más difíciles!

3. ¿Cuál es la demografía de los trabajadores involucrados en vuestra organización?

No nos preocupamos de eso. Somos solo 4-5 personas (británicos, indios británicos e inmigrantes de varios países de la UE). La mayor parte de los trabajadores de esta zona son de Europa del Este e India, pero también hay trabajadores británicos blancos (la mayoría de los basureros de los depósitos de residuos, por ejemplo), otros proceden de otros países de Europa central, y también hay una gran comunidad nepalí.

Desde que nuestra camarada y amiga tuvo que volver a Polonia sólo hay una mujer en los Angry Workers.

Quiza el hecho de que algunos seamos de origen indio o polaco nos permite comprender un poco mejor la tensión entre ambos grupos de obreros en la zona: el racismo de los trabajadores de Polonia, mezclado con la desconfianza hacia los inmigrantes indios, que en las pasadas décadas han ascendido a puestos de cuadros intermedios, tenderos o propietarios de suelo, y la ignorancia del contexto histórico de la migración desde el subcontinente hacia el antiguo Imperio.

Del mismo modo, el sexismo también es una cuestión importante, no sólo en lo referente a las relaciones personales entre los trabajadores, sino también en lo que respecta a las prácticas de los jefes. Si hay que hacer un curso para conducir el toro elevador sólo preguntan a los hombres. Cuando yo (mujer) estuve trabajando en la fábrica de comida precocinada, me colocaron en la línea que se dedicaba a la mussaka, mientras a nuestro camarada (hombre) le pusieron con las herramientas. En este sentido, como menos de mitad de nosotros somos mujeres, no estamos tan preparados como podríamos estarlo para atajar la división sexista del trabajo.

Vuestra pregunta también da pie a debatir sobre el papel de los revolucionarios (que suelen proceder de un entorno de clase media blanca) en la organización de la clase obrera. ¡A algunos ultra-izquierdistas les sale urticaria con tan solo pensar en ello! El debate suele proceder de esta forma: el intento por parte de revolucionarios “outsider” de desempeñar un trabajo por debajo de su educación es algo “falso” y los compañeros de trabajo lo ven y desconfían de nosotros. Y nosotros diríamos:

  1. Nosotros no estamos al margen del proletariado, pero podemos decidir, hasta cierto punto, colectivamente y bajo consideraciones políticas, dónde podemos trabajar. La gente puede criticar esta “alienación militante” que consiste en desempeñar trabajos duros y mal pagados cuando podríamos individualmente encontrar “mejores trabajos”, pero pensamos que a largo plazo la alienación de encontrar un trabajo menos ligado a donde pensamos que “la clase obrera puede llegar a hacer daño” es una perspectiva mucho peor. Queremos abolir la separación vital que suele producirse entre el debate abstracto sobre la estrategia de la clase obrera y los trabajos académicos individualistas o los de los programadores informáticos de altos salarios, ¡por los que en cualquier caso tendrás que cometir cada vez más ferozmente con tus camaradas!
  2. No todos nosotros procedemos de entornos de clase media blanca. Algunos de nosotros han ido a la universidad, pero también ha pasado por allí muchos de los trabajadores de los almacenes, aquí o en otros países. Algunos (¡qué horror!) han recibido incluso una buena educación, carrera, master, pero no han podido encontrar trabajos de ese nivel. Esto no es nada raro desde 2008. Así que esa idea de que tenemos que “ocultar lo que realmente somos” está mal planteada. El sentimiento de “no ser tu mismo” es mucho peor en esos “buenos trabajos de oficina” que en los almacenes. Algunos trabajadores que conocemos preferirían barrer las calles antes que sentarse en una oficina, o limpiar mierda de perro antes que ser supervisor. Así que sí, incluso en lo que respecta a la “elección individual”, que de por sí es limitada y deja al margen el aspecto de la competición, tampoco es tan sorprendente tener un empleo de clase obrera.

En este sentido, pensamos que la vieja actitud de la izquierda anti-autoritaria de “empecemos a hacer política allí donde nos encontramos” se ha convertido en una excusa insípida para la despolitización e individualización de nuestras vidas, en particular en una izquierda dominada sobre todo por la clase media. Cuestionar y cambiar nuestra posición y localización en la sociedad debería ser parte de un proceso colectivo para cuestionar y transformar esa sociedad. Quizá estemos solos en este camino, pero si no nos orientamos hacia la vida de la clase obrera, no podremos hablar de nosotros mismos…

4. ¿Sentís algún tipo de limitación por el hecho de que la zona en la que trabajáis se dedique a una industria particular? ¿Hay alguna razón particular por la que os hayáis organizado en los almacenes del oeste de Londres?

El poder del Estado y el Capital se basa en el hecho de que los trabajadores, como individuos, son agrupados bajo su mando para cooperar entre sí y producir esta sociedad. El Capital y el Estado parecen ser la pre-condición de la producción social. Tienen que reunir a los trabajadores para explotar su productividad, pero al mismo tiempo tienen que dividirlos para evitar su lucha y su poder colectivo. Esta es la principal contradciión política de la relación capital-trabajo. Por tanto, el “centro de trabajo” es un lugar donde varios trabajadores se encuentran (quieran o no, tengan prejuicios racistas o no), donde tienen un potecial poder colectivo, y al mismo tiempo el “centro de trabajo” es también parte de la división social dentro de la clase. En este sentido debemos criticar la organización “en el centro de trabajo”: empezamos donde los obreros trabajan juntos en contacto diario, pero debemos destacar política y prácticamente que dependen de la colaboración con otros trabajadores de fuera del centro de trabajo: suministro de material, servicios, trabajo domésticos. Sólo cuando la lucha obrera logra ir más allá de la separación del centro de trabajo inmediato, consigue:

  1. Desarrollar el poder necesario y
  2. Desarrollar una crítica política del presente sistema: ¿por qué estamos divididos?, ¿por qué hay jerarquías entre nosotros?

Aquí es donde nosotros vemos el contenido político de las luchas: romper las barreras que existen en la clase haciendo referencia a la cooperación y dependencia mutua ya existente, pero que aparece como el poder del capital. Esta es la principal tarea de la teoría y la práctica revolucionaria. Esta es nuestra principal perspectiva, desde la que analizamos y criticamos las luchas de nuestra clase y los esfuerzos organizativos de la izquierda: ¿nuestros esfuerzos fortalecen la auto-organización de los trabajadores?, ¿tratan de ir más allá de las divisiones existentes? En muchos casos la infraestructura de los sindicatos utiliza estas divisiones como marco organizativo, y por tanto termina fortaleciéndolas: en base a las profesiones, las empresas, los sectores, las naciones. También cuestionamos las propuestas políticas que supuestamente pretenden “unir a la clase obrera” sin llegar a romper las barreras materiales en el seno de la producción social, por ejemplo, diciendo que “la organización”/partido puede unir a los trabajadores como militantes individuales, o a distintos grupos de trabajadores bajo una serie de reivindicaciones comunes (salario garantizado, salario para el trabajo doméstico).

No hay atajos, la clase obrera tendrá que superar estas divisiones en la propia lucha. ¿Cómo lo hacemos? Nosonos comenzamos donde pensamos que los obreros ya disponen de un cierto grado de colectividad (por ejemplo, en grandes centros de trabajo) y cierto poder potencial (por ejemplo porque su trabajo es necesario para la mover toda la maquinaria de los beneficios). Es bastante sencillo hallar estas “concentraciones”, por ejemplo en nuestro caso los grandes complejos de almacenes. Pero es mucho más difícil hallar conexiones ya existentes entre estas “concentraciones” y las condiciones más aisladas o remotas de la clase obrera, por ejemplo la de los de las empresas de suministro o las de los parados en la agencia de empleo que supuestamente van a reemplazarte. En muchos casos las conexiones no son directas, pero los trabajadores se ven en la misma situación social: la presión en el trabajo y la del mercado de la vivienda, los cambios en los subsidios y en el régimen migratorio, la existencia de las cero-horas y del salario mínimo. Debemos hablar de esta situación compartida.

Por eso elegimos estar aquí. Entre el aeropuerto de Heathrow como puerta de entrada de importaciones y los supermercados y tiendas de la urbe londinense, existe toda una cadena de plantas de procesado, empaquetado y distribución ligadas unas con otras. Al trabajar aquí, te das cuenta de cómo el capital se está organizando a sí mismo para hacer frente a menores márgenes de beneficio, la inseguridad del terreno, dónde están los puntos débiles y dónde podemos empezar a desarrolar una contestación colectiva. La gente está harta. Y si algo sucede aquí, puede encontrar gran apoyo.

La palabra “logística” se ha puesto de moda en la izquierda: las cadenas de suministro globales y en expansión reúnen a los trabajadores de diferentes sectores y países. Están directamente conectados con la producción y distribución de cada producto (aunque nunca se hayan visto). Esta colectividad global puede transfrmarse en lucha y verdadera solidaridad. El crecimiento de este sector supone un cambio de dirección de esa tendencia hacia centros de trabajo dispersos y pequeños, que en sí misma fue también resultado de la militancia obrera de los 70. Reúne a multitud de trabajadores, con bajos salarios y malas condiciones a pesar de trabajar para empresas multinacionales. Esto ha provocado algunas de las luchas más militantes de la pasada década, también en Italia. Hablaremos de ello en la pregunta 6.

Empleamos el término “almacén” de manera genérica, pues también hemos trabajado en grandes fábricas de alimentos precocinados que abastecen a los principales supermercados, en el centro de distribución de Royal Mail, en plantas de fabricación de hardware para ordenadores y en depósitos de limpieza, por las mismas razones políticas arriba mencionadas. Así que no sentimos ningún fetichismo hacia los “almacenes” como tales, sino que tratamos de centrarnos en los centros de trabajo más grandes de nuestra zona.

5. Vuestro grupo parece que rechaza trabajar con los sindicatos del TUC. ¿Pensáis que el hecho de situaros al margen de las tradicionales estructuras de relaciones laborales hace más difícil la construcción de una organización obrera estable en la industria?

No nos negamos a trabajar con los sindicatos. Antes de trabajar en el oeste de Londres algunos de nosotros se unieron al GMB y luego a Unite, esperando encontrar asambleas locales donde conocer a trabajadores de varios sectores. Pero en los últimos 2 años no hemos visto este tipo de espacios sociales dentro de las estructuras sindicales. El nuestro no es un rechazo ideológico al trabajo desde dentro de las estructuras sindicales; pero según nuestra experiencia, sólo han tratado de conservar su posición, así como las divisiones entre fijos y temporales. Cuando los sindicatos han mostrado interés por nuestra actividad auto-organizativa con los eventuales, ha sido sobre todo para captar afiliados, lo cual no ayuda a reducir nuestra desconfianza. Se puede consultar nuestro artículo acerca de nuestra experiencia con los sindicatos[11].

Los sindicatos presentes en los almacenes y fábricas de por aquí no han sido capaces de construir verdadero poder obrero para evitar la reducción de los salarios, no digamos ya para aumentarlos y mejorar las condiciones. Han logrado, no obstante, cierta “estabilidad” en el sentido de que mantienen su status quo… Por nuestra experiencia: sus representantes no nos acompañaron a las reuniones disciplinarias; los temporales, incluso cuando articulan sus propias reivindicaciones, son ignorados por los sindicalistas; recogen las cuotas sindicales de los obreros que cobran el salario mínimo para seguir disfrutando del privilegio de cobrar 9 libras más.

Si creyéramos que merece la pena promover la afiliación entre nuestros compañeros, lo habríamos hecho. Pero pagar la cuota sindical cuando cobras el salario mínimo y ellos no se dedican a tratar de mejorar las condiciones o el salario, ni a defendernos realmente, no tiene ningún sentido y sería tirar el dinero. Por lo que hemos visto, los sindicatos presentes en los almacenes y fábricas se llevan bastante bien con los jefes. Así que a menos de que se dirijan a los trabajadores activamente con un plan de acción, no tiene mucho sentido tratar de emplear los sindicatos como principal vehículo organizativo.

La idea de “afiliarse a un sindicato” concebida como una estrategia general acerca de lo que los obreros pueden hacer en el trabajo no nos gusta mucho. Antes tendría que haber un grupo sustancial de trabajadores con voluntad y capacidad para analizar cómo trabajan los sindicatos, lo que dice la legislación laboral, cómo funciona la jerarquía interna del sindicato, etc. Tendrían que comprender el aparato sindical y las obligaciones legales del mismo modo en que tienen que comprender el aparato del capital y sus puntos débiles. Unicamente partiendo de esta discusión colectiva los trabajadores podrían “hacer uso de la estructura sindical” para sus propios fines, pero probablemente, cuando los trabajadores llegan a este nivel de colectividad y análisis, también se las pueden arreglar sin el apoyo (¡ni la intromisión!) del sindicato.

Tampoco estamos en contra de las syndicalist unions [sindicatos de base]. Uno de nosotros se ha unido recientemente a la IWW. Estamos abiertos a la posibilidad de que el hecho de ser miembros nos permita contar con cierto apoyo en algunos casos. Pero ya veremos. El principal problema a la hora de levantar cualquier organización obrera permanente han sido los cambios en la propia producción. La pregunta es: ¿qué tipo de organización puede hacer frente a esto? Los sindicatos del TUC hoy en día no parecen ser capaces. Así es que nuestro recelo se debe a razones prácticas, más que meramente “ideológicas”.

La dificultad de contruir una organización obrera estable estriba en:

  1. Cierta fracción de los trabajadores cambia mucho de trabajo.
  2. Cuando se trata de trabajadores fijos antiguos, el sindicato no promueve acciones militantes dirigidas por obreros, ni se interesa en defender el salario y las condiciones de los temporales.
  3. Muchos trabajadores, particularmente los de Europa del Este, detestan su vida en Londres y tan solo quieren ganar lo suficiente como para volver a casa ya para siempre. Mientras esta ilusión siga, y las condiciones de trabajo en sus países de origen sean una mierda, estarán poco inclinados a “luchar allí donde están”.
  4. Existe una desilusión general hacia los sindicatos, mientras al mismo tiempo siguen siendo vistos como única vía de expresión del poder obrero.
  5. La gente tiene pocos espacios donde verse y discutir, y esta carencia de espacios sociales los mantiene bastante aislados los unos de otros.

Si los sindicatos fueran capaces de afrontar estas cuestiones, la capacidad que ofrece su infraestructura sería beneficiosa. Pero también cuestionamos esa idea de que una gran estructura y unos amplios recursos son algo necesario para hacer cualquier cosa, al menos cuando estamos en las fases iniciales de la lucha de clases. Hasta ahora, esta idea ha sido más un obstáculo que un catalizador para la auto-organización.

También hemos estado en algunas asambleas de militantes de base, como la convención anual de National Shop Steward. Pensamos que en sustancia está contaminada por la política del Socialist Party. Mientras a nivel parlamentario le dicen a la gente que presione al Partido Laborista, en el frente sindical hacen lo mismo y demandan al TUC que convoque una huelga general. Intentamos encontrar gente con la que intecambiar experiencias, pero apenas encontramos a nadie. Pensamos que la idea inicial (por ejemplo, en torno a la desaparecida revista Solidarity) de una infraestructura sindical de base estaba bien, similar a Labornotes en EEUU, pero se vio superada por la política de la socialdemocracia. Nuestra propuesta de publicar un periódico para todo Reino Unido que “reflexione sobre la lucha de clases” sigue en pié.

6. Os inspiráis en las luchas de los trabajadores de la logística en Italia, organizadas a través del sindicato SI Cobas, a pesar de ser un sindicato oficial (aunque radical y de base). ¿Hay alguna razón para que no tratéis de hacer algo parecido, organizando a los trabajadores directamente en la IWW o IWGB?

El SI Cobas ya constituía una cierta fuerza material, gracias a sus contactos con los centros sociales y los militantes activistas, lo que significa que eran capaces de recibir suficiente apoyo externo en las puertas de los almacenes como para impulsar a los trabajadores. En nuestra situación, pensamos simplemente que no tenemos el apoyo suficiente de la izquierda como para reunir a 100 personas en las puertas, aunque nos afiliemos a la IWW o la IWGB, y esto es lo único que supondría un verdadero salto cualitativo. No queremos contribuir a la ilusión de que una vez que los obreros “se unan” a tal o cual organización, con esta bandera y emblema, podrán solucionar sus problemas, cuando en realidad la IWW o la IWGB de Londres no tienen capacidad para apoyarles. Por tanto, debemos empezar desde lo básico: construir colectivos en los centros de trabajo y redes de solidaridad. Convertir esto en algo formal, con nombre y presencia visual, es algo secundario, aunque hasta cierto punto sí que pensamos que esto puede ser de ayuda para los trabajadores. Quizá tengamos que agitar banderas y ofrecer a los obreros cierta “fuerza simbólica”, pero esto fortalece esa creencia en una fuerza mágica separada de aquello que los trabajadores están realmente haciendo, o la confianza en activistas y expertos. Si dispusiéramos de cinco camaradas liberados del trabajo y el dinero suficiente para abrir una oficina de asesoría legal, etc., podríamos “organizar a trabajadores individuales”, pero no los tenemos, y a largo plazo los organizadores y los recursos externos no ofrecen una alternativa viable.

Nos sentimos incómodos pidiendo a la gente que se afilie y pague las cuotas: eso es lo que hace el GMB y luego no se preocupa por nada. Los obreros lo saben y desconfían. Sólo podríamos pedir a los compañeros que contribuyeran con dinero u otros recursos una vez supieran que se trata para un propósito de lucha concreto. Sabemos que nuestros camaradas wobbly afirman siempre que las cuotas son precisamente para eso, pero no obstante no es exactamente lo mismo.

En nuestro texto sobre nuestra experiencia y diálogo con el SI Cobas[12] tratamos algunas de estas cuestiones estructurales del sindicalismo más profundamente:

  • El problema que implica el hecho de que para los trabajadores, a nivel individual, sólo les parece que merece la pena unirse a una organización “victoriosa”; mientras al mismo tiempo uno de los principales problemas de la clase obrera son las organizaciones que reclaman para sí victorias compulsivamente y ocultan toda reflexión auto-crítica sobre nuestra lucha de clases, la cual es necesaria si queremos aprender cómo vencer mejor a los patronos y superar las jerarquías internas de la calse.
  • El problema de los delegados y la representación: institucionalizar el hecho de que algunos trabajadores son más activos o elocuentes, o capaces de más sacrificios, termina creando problemas más adelante; la gente se quema, se victimiza o se vende; necesitamos un debate abierto sobre cómo evitar esto, aunque no depender de estructuras de delegados y de las “ventajas legales” que el Estado aparentemente les garantiza sea un mayor desafío.

No despreciamos el gran trabajo que hacen los camaradas de IWGB entre los limpiadores y mensajeros, e intentaremos involucrarnos más en él, aunque no sea en la misma zona. Pero también somos conscientes de que lo que funciona entre los limpiadores del campus de una prestigiosa universidad, con el apoyo de los sindicatos de estudiantes o de algún Museo de Londres, quizá no funcione con los limpiadores de una decrépita planta de procesamiento de alimentos de poca monta en una esquina de Perival. O que la cohesión social entre unos trabajadores interesados en la sub-cultura, como los mensajeros en bici, es probablemente mayor que entre las mujeres guyarati que rondan los 50 o los hombres somalíes de 20, aquí en Bakkavor. Y esto no se compensa fácilmente con tan solo una “mejor organización”.

7. Dado que parece que no estáis tratando de construir nada parecido a lo que generalmente se considera un sindicato, ya sea radical o tradicional, ¿podríais explicar qué tipo de organización (en el sentido más amplio de la palabra) tratáis de construir en los centros de trabajo?

En ello estamos. Hemos hecho alrededor de una docena de amistades en varios lugares, con las que nos llevamos bien política y personalmente, procedentes de todas partes del mundo. Saben que sacamos el periódico y que pretendemos construir redes de solidaridad más sólidas. A veces cenamos juntos, comentamos varias cosas, a veces vienen a las proyecciones u otras reuniones. En cierto modo nos cuidamos mutuamente. A un nivel básico nos gustaría poder pasar juntos más tiempo, todos, no en pequeños grupos. Eso podría impulsar la dinámica y la gente diría: hey, parece que somos un grupo de gente bastante grande con experiencia en la zona, esto podría ir para alante. Así que sí, también está el moderno problema urbano de encontrar tiempo para reunirse todos y esas cosas. Ese es un paso básico para nosotros, consolidar esas amistades y pensar juntos cómo podemos ayudarnos y potenciarnos unos a otros. Esto nos daría más capacidad para hacer todo el resto de cosas, como:

  • Construir pequeños grupos en los centros de trabajo que puedan discutir su situación y proponer actividades al resto de la fuerza de trabajo en su debido momento. Sólo estuvimos cerca de lograr esto en el almacén de Sainsbury.
  • Coordinar los grupos en los centros de trabajo en algún tipo de foro o asamblea, con propósitos tanto prácticos (acciones de solidaridad, por ejemplo), como políticos y educativos (como lo que hacemos con nuestras proyecciones, por ejemplo). Esta reunión podría formalizarse, darse un nombre y una presencia visual. Esta “red de solidaridad” sería capaz de apoyar a otros en sus campañas locales (para defender un centro de ocio, hacer una sentada en la empresa de trabajo temporal), y de distribuir panfletos y periódicos a las puertas de los centros de trabajo de unos y otros.
  • Construir un grupo de trabajadores con más afinidad política y que quieran emplear el periódico como medio de organizar su debate y difundir sus ideas. A largo plazo trataríamos de asumir cierta “responsabilidad local” de cara a una coordinación internacional: informar y reflexionar acerca de lo que pasa aquí y defender aquí, en el plano local, unas posiciones debatidas internacionalmente.

Como podéis ver, no se trata de pensamientos muy originales. Los clubs obreros de la Primera Internacional probablemente ya trabajaban sobre estas líneas, y muchos de los IWW o anarcosindicalistas de aquí intentan hacer lo mismo, o algo parecido. El problema es que ahora la gente se enfrasca en sus asuntos concretos y rechaza compartir y debatir su experiencia con otros, también fuera de su organización, o se centran en algún tipo de red o discusión sin gran conexión con la clase, por ejemplo todo el asunto de la “huelga transnacional”. Nuestros modestos esfuerzos consisten pues en compartir sistemáticamente nuestra experiencia y situarla en un contexto más amplio, invitando a la colaboración. ¡Y por favor, hacedlo!

No hace falta decir que en Greenford estamos geográfica y socialmente aislados del medio libertario de Londres. Conseguir apoyo más directo y regular por parte de la izquierda es cosa difícil porque estamos lejos, en la zona 4, ¡y no hay propaganda lo bastante romántica y obrera como para atraer a la gente aquí! Bebidas energéticas, la fuerte cerveza polaca y una pequeña sauna en el centro de ocio (que desgraciadamente pronto cerrarán) es todo lo que tenemos. Pero si las cosas empiezan a moverse por aquí esperamos que vengan a ayudarnos grupos más grandes de gente. Mientras, mantenemos en pie nuestra invitación a cualquiera que quiera unirse a nosotros, o contribuir en lo que pueda. Esperamos convocar pronto una reunión sobre el tema de la migración, ¡y si algiuen quiere una visita guiada por los alrededores de Park Royal, que se ponga en contacto con nosotros!

¡Seguid atentos!

Algunos Trabajadores Cabreados y Resueltos.

angryworkersworld@gmail.com
http://www.angryworkersworld.wordpress.com


[1] Nuestros textos sobre la crisis en Reino Unido:
http://libcom.org/blog/never-mind-bankerssome-thoughts-uk-crisis-06052014
http://libcom.org/blog/discussion-paper-minutes-meeting-crisis-class-struggle-uk-–-liverpool-september-2014-221020

[2] Nuestras intervenciones sobre el “debate estrátegico”:
http://libcom.org/blog/comments-plan-c-leeds-text-social-strikes-directional-demands-26052015
http://libcom.org/blog/‘social-strike’-–-contribution-plan-c-fast-forward-festival-september-2015-11092015

[3] Introducción a nuestro periódico:
http://libcom.org/blog/workerswildwest-trial-error-political-workers-newspaper-west-london-02032015
http://www.workerswildwest.wordpress.com

[4] El debate sobre la logística:
http://libcom.org/blog/invitation-workers-inquiry-logistics-warehouse-london-04092013

[5] Paul Mason, periodista de la BBC, de izquierda y con cierta influencia en los sectores autónomos.

[6] http://libcom.org/blog/grford-where-hells-14092014
http://libcom.org/blog/experiences-trade-unions-west-london-14112015

[7] Buen mapa de 1.717 empresas situadas en Park Royal, desafortunadamente creado por el Estado y no por militantes comunistas: http://libcom.org/files/Park-Royal-Atlas.compressed.pdf

[8] Texto corto sobre la migración polaca en Reino Unido:
http://libcom.org/blog/migrant-workers-between-polish-english-nationalism-thoughts-after-markfield-park-attack-jun

[9] Texto sobre la crisis de la familia para la clase obrera local:
http://libcom.org/blog/crisis-family-friends-working-class-experiences-west-london-03042016

[10] Algunas acciones, de las que no todas se pude decir que tuvieran éxito:
Huelga de horas extra en Waitrose
https://workerswildwest.wordpress.com/2015/03/02/workerswildwest-workers-paper-for-west-london-issue-no-1-march-2015/#fn1
Reducción del ritmo en Sainsbury
https://workerswildwest.wordpress.com/2015/04/23/workerswildwest-workers-paper-for-west-london-issue-no-2-aprilmay-2015/#fn2
Charla con un agente chungo de inmigración
https://workerswildwest.wordpress.com/2015/04/23/workerswildwest-workers-paper-for-west-london-issue-no-2-aprilmay-2015/#fn5
Manifestación para que nos pagaran las vacaciones
https://workerswildwest.wordpress.com/2015/03/02/workerswildwest-workers-paper-for-west-london-issue-no-1-march-2015/#fn7

[11] Texto sobre nuestra experiencia con los sindicatos:
https://libcom.org/blog/experiences-trade-unions-west-london-14112015

[12] Texto sobre el SI Cobas y nuestra discusión con algunos de sus militantes:
http://libcom.org/blog/ditching-fear-warehouse-workers-struggles-italy-their-wider-significance-12072015