Los parias al asalto de la fortaleza del Norte

Texto publicado en Échanges nº 148, que hemos completado con el titulado Muros, (Échanges nº 153) y a los que añadimos una introducción, Los emigrantes alemanes, tomada del primer y único número de la Revista Comunista, órgano de la Liga de los Comunistas, septiembre de 1847.

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LOS EMIGRANTES ALEMANES

Ya en la antigüedad aspiraban los hombres a un mundo mejor, a un mundo nuevo, en el que confiaban ser felices, y sus aspiraciones siguen siendo las mismas de entonces. Des­graciadamente, pese a todas las aspiraciones, poco es lo que hasta hoy se ha conseguido, pues durante mucho tiempo se ha estado buscando ese mundo mejor donde no podía encontrarse, y aun es hoy el día en que son muy pocos los que saben y comprenden que ese mundo mejor está bien cerca de nosotros, que para alcanzarlo basta con unir y organizar a los oprimi­dos, con imponerse un recio esfuerzo. Se equivocan de medio a medio, naturalmente, los que piensan que basta con buscar, con emigrar a América, para dar con ese mundo mejor. Ese mundo mejor no hay que buscarlo, sino conquistarlo, y el cielo no nos ayudará si nosotros mismos no nos unimos firmemente y nos ayudamos. En otro tiempo, millones de europeos se pre­cipitaban hacia el Oriente para escapar a la tiranía de los se­ñores feudales, para ganar el cielo con la conquista de los San­tos Lugares y esperanzados en que en el suelo que había pisa­do su Redentor les sería dado ya sobre la tierra un avance de las delicias celestiales; pero fueron muy pocos los que alcan­zaron la meta, pues los más cayeron sin haber visto la tierra de Jerusalén, derribados por las enfermedades y por el acero de los turcos.

Hoy, millones de europeos acuden a las costas de Occi­dente esperando encontrar allí un suelo libre y un porvenir dichoso para sí y sus familiares; pero los más sucumben sin ver cumplidas sus esperanzas. Miles de emigrantes mueren ya en las bodegas abarrotadas de los barcos, barridos por las en­fermedades, sin haber divisado la orilla del Nuevo Mundo. Miles y miles más caen, no segados ciertamente por el acero turco, pero sí arruinados física y moralmente, despojados por truhanes y engañadores de cuanto poseían, en las esquinas o en los asilos obreros de la Unión; y miles de hombres, obligados a entregar sus brazos a la burguesía americana para poder vi­vir, se ven explotados tanto y aún más que en Europa, y cuando las fuerzas se les acaban tienen que dar gracias, exactamente lo mismo que en Europa, si les dejan mo­rir en un hospital o en un asilo obrero. ¡Cuán pocos son los que consiguen cimentar una existencia para sí y sus familias! Los buenos alemanes, a quienes hay que reconocer que su libre y unida Alemania, con sus treinta y cuatro príncipes y principillos soberanos, no ofrece gran aliciente, están pasando por una verdadera borrachera de emigración, y lo malo es que, de todos los emigrantes, ningunos se ven tan estafados, tan tirados por los rincones, tan explotados y maltratados como los alemanes.

En las ciudades de Alemania, Holanda y Bélgica, en Lon­dres y Nueva York, en todos los lugares del mundo donde em­barcan o desembarcan emigrantes alemanes, se ha formado una clase especial de hombres que tienen por profesión estafar a esas pobres gentes, las más inexpertas del mundo. Los ingleses llaman a esa casta de hombres “tiburones de tierra” (land sharks), nombre muy adecuado, pues devoran con la misma codicia el cruzado del pobre que el ducado de quien tiene un poco más de fortuna. Tan pronto como llegan aquí, a Lon­dres, los emigrantes alemanes se ven rodeados por estos pájaros, acompañados a ciertas moradas, y ya no les sueltan la mano mientras tengan algo que perder. Los más afortunados son los que han pagado por adelantado el pasaje, pues esos llegan por lo menos a las costas de América; los demás tienen que que­darse por el camino, y a la postre, la necesidad les lleva a despojar a los compatriotas que vienen detrás de ellos, lo mis­mo que a ellos les despojaron. ¿Pero es que la policía no interviene?, se preguntará el lector, maravillado. La respuesta no puede ser más sencilla: la ley inglesa tiene por principio que “donde no hay demandante, no hay tampoco juez”. Y co­mo los pobres alemanes no entienden el idioma ni saben orien­tarse por esta ciudad gigantesca, como nadie se preocupa de ellos, raro es el caso en que consiguen dar con las personas que les estafaron para entregarlos a los tribunales. Los tibu­rones de tierra no tienen más que saltar de tugurio en tugurio y recatarse, aguardando a que se haga a la mar el barco que lleva sus víctimas; luego, pueden salir de nuevo a la calle y reanudar el negocio. Pero, aun suponiendo que el emigrante consiga entregar uno de esos pájaros a la policía, no habrá salido ganando en nada; el ladrón es enviado, sin duda, a la prisión, pero lo robado no aparece, y antes de que el pro­ceso se abra, el barco parte y la víctima del robo con él; y no presentándose nadie a mantener la querella, el tiburón de tie­rra queda en libertad. Y lo mismo que en Londres, les pasa a miles de emigrantes en El Havre, en Amberes, en Rotter­dam, etc., y los afortunados que logran desembarcar con algo todavía en Nueva York, caen allí en las garras de los tiburo­nes americanos. Nos han contado infamias increíbles cometi­das con emigrantes alemanes, y en los números siguientes de nuestra revista contaremos algunas, para que sirvan de aviso a todos los emigrantes. Y rogamos a nuestros amigos de los ba­rrios del puerto que comuniquen a esta redacción todos los abu­sos y estafas, cometidos contra los emigrantes de las que tengan noticia.

Muchos alemanes se preguntarán: De todos nuestros em­bajadores y cónsules de Londres, ¿ninguno se ha ocupado de los emigrantes?

Los ingleses y los franceses, por dondequiera que vayan, sean viajeros o emigrantes, encuentran protección, consejo y ayuda en los cónsules y embajadores de su país; no así los ale­manes, sobre todo si son proletarios; en cuanto salen de las fronteras de la Confederación que los tiene por súbditos, en cuanto abandonan el suelo alemán, ningún embajador o cónsul de su país se preocupa por ellos. Los embajadores y cónsules ale­manes en Inglaterra, a quienes el pueblo alemán paga sueldos de cientos de miles todos los años, tienen otras cosas de que ocuparse. El piadoso Bunsen[1] se dedica a fundar asocia­ciones juveniles y sociedades evangélicas para inmunizar a los proletarios contra el veneno del ateísmo y el comunismo y enchiquerarles en el gran establo del Estado “cristiano-germánico”; los demás envían de vez en cuando a las asociaciones obreras algún que otro espía y se dedican a divertirse.

¡¿Quién se preocupa de proletarios, y sobre todo de prole­tarios que aspiran a ser republicanos!?

Y a propósito, camaradas, ¿qué ocurriría si un buen día, en vez de emigrar a la remota república de Norteamérica, de­jándoos despojar y explotar en el viaje, cerraseis un poco vuestras filas, pusieseis fin a este absurdo Estado “cristiano-germánico” y enviaseis a vuestros príncipes paternales y bondadosos a hacer un viaje a cielos más suaves (a Texas, por ejemplo, o a África central, donde tan de buena gana quieren expe­diros estos píos hermanos), o a un clima más adecuado para su constitución (a Rusia, pongamos por caso), y os decidieseis a instituir en Alemania una república en la que todo el que qui­siera trabajar encontrara medios de vida? ¿Eh, qué decís a eso? Nos parece que bien valdría la pena de intentarlo; se ahorraría mucho tiempo y dinero, y podéis estar seguros de que costaría diez veces menos víctimas que las que siembran la ruta de los emigrantes hacia el Nuevo Mundo.

¡Proletarios, pensad alguna vez en esto!

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LOS PARIAS AL ASALTO DE LA FORTALEZA DEL NORTE

Todos los días, prácticamente a todas horas, nos llega un chorro de información sobre estas guerras clásicas a las que no se atreven a llamar por su nombre, entre diferentes Estados o dentro de un mismo Estado. Guerras que siguen su curso aunque una termine tapando a otra en lo que respecta a la difusión mediática, superándola en el grado de abusos, atrocidades, amenazas a los intereses de las grandes potencias, o en intervenciones más o menos directas de éstas. Ucrania le quita el protagonismo a Gaza, que sustituye a su vez a Irak y el Kurdistán, que disimulan lo que ocurre en Siria y encubren las intervenciones militares en África central, y viceversa. Pero aquí no vamos a hablar de estos conflictos “abiertos”, aunque ciertamente juegan un papel en otra guerra, mucho más generalizada que éstas, aunque permanece ignorada y solamente aparece en los medios de manera parcial, más como un suceso que como una guerra particular. Pero ciertamente cada vez son más las poblaciones que huyen de las zonas de combate, o son expulsadas por razones étnicas o religiosas.

Cada cierto tiempo, estos conflictos son puntualmente sustituidos por las acciones armadas de las guerrillas étnicas, religiosas o nacionalistas, que se defienden frente a una asimilación o un proyecto capitalista grandioso que destruye su medio ambiente propio. Estas guerrillas, de mayor o menor tamaño y duración, se pueden encontrar en casi toda África, el sudeste asiático o en América Central o del Sur. Al margen de su aparición puntual en los medios, a menudo caen en el olvido. ¿Quién se acuerda hoy, con el aumento caótico de las guerras “regulares”, de la esclavización sexual de las 270 estudiantes secuestradas por Boko Haram? ¿Quién se acuerda de la actividad de las FARC en Colombia o de los problemas de las Maras en América Central? ¿Quién se acuerda de la guerrilla del Frente Moro de Liberación Islámica en Filipinas? ¿De los combates de los yugur en el Xinjiang chino? Sin embargo, al igual que las guerras “convencionales”, estas guerrillas, con su presencia y con la represión de los gobiernos “legales”, aumentan las tropas de esta guerra ignorada de la que hablamos.

 

POBLACIÓN REFUGIADA, DESPLAZADA Y PERSONAS VULNERABLES NECESITADAS DE ASISTENCIA HUMANITARIA (30 de junio 2014):

REFUGIADOS DESPLAZADOS DEMANDANTES DE ASILO PERSONAS VULNERABLES NECESITADAS TOTAL
SYRIA 666.266 6.520.800 2.472 160.000 7.349.538
COLOMBIA 182 5.700.000 58 5.700.240
R.D.C. 113.357 2.963.799 1.453 734.874 3.813.483
NIGERIA 1.683 3.300.000 800 3.302.483
PALESTINA 2.994.000 250.000 3.244.000
JORDANIA 2.641.894 4.368 0 2.646.262
SUDÁN 159.838 2.426.000 10.792 39.679 2.636.309
IRAK 246.294 2.100.000 5.976 244.150 2.596.420
PAKISTÁN 1.616.495 747.498 5.384 90.637 2.460.014
TURQUÍA 609.911 953.700 52.419 1.086 1.617.116
SOMALIA 2.416 1.133.000 9.867 140.875 1.286.158
LÍBANO 1.256.529 2.253 3.677 1.262.459
BIRMANIA 372.000 840.388 1.212.388
KENYA 534.920 412.000 52.270 20.000 1.019.190
AFGANISTÁN 16.861 631.286 63 336.981 985.191
R.CENTROAFRICANA 14.313 935.000 2.635 951.948
IRÁN 857.342 46 0 857.388
COSTA DE MARFIL 2.955 24.000 586 741.153 768.694
ETIOPÍA 433.923 313.000 920 1.024 748.867
YEMEN 241.276 307.000 8.181 93.055 649.512
TAILANDIA 136.474 4.683 506.413 647.570
AZERBASÁN 1.377 609.029 269 3.585 614.260
SUDÁN DEL SER 229.587 383.000 21 392 613.000
CHAD 434.461 90.000 298 384 525.143
MALI 14.000 254.000 57.000 325.000

Fuente: L’État du monde 2015. Nouvelles guerres.

SOBREEXPLOTACIÓN DE LA NATURALEZA

Más allá de estas guerras reconocidas, que no siempre son las protagonistas mediáticas del momento, hay otros factores que contribuyen a alimentar este ejército de sombras: más aún que las guerras, estos factores ilustran la situación mundial caótica que un capitalismo avasallador contribuye a generar y cuyas consecuencias provocan otros tantos problemas insolubles, reforzando el caos. Todo gira finalmente en torno a la sobreexplotación de la naturaleza por el conjunto de su producción, que implica al mismo tiempo una desposesión directa de los medios de vida de toda una serie de poblaciones, y una degradación general de esta naturaleza, cuyos efectos contribuyen indirectamente a su vez a otras degradaciones y a otras desposesiones.

Concretamente, por una parte la extensión intensiva del capitalismo, en aquellas zonas en la que aún no había penetrado sino relativamente, hace que la concurrencia capitalista en la producción agrícola y la introducción de productos de amplio consumo reduzcan las posibilidades de vida de los autóctonos, alimentando este ejército de sombras obligado a huir en busca de su supervivencia.

Por otro lado, reforzando eventualmente esta desposesión a través de las degradaciones que conlleva, el empleo intensivo, irreprimible y descontrolado de combustibles fósiles (ligado a otros factores menos importantes pero ilustrativos también de este desarrollo demente del capitalismo) es la causa de un desarreglo climático a escala mundial. Las consecuencias de este desarreglo se revelan multiformes, tanto en sus alternancias entre sequías catastróficas e intensa pluviometría, como por la recurrencia de los fenómenos puntualmente desastrosos (huracanes, tifones, tornados, etc.), o el ascenso regular e irreversible del nivel de las aguas marinas que invaden las planicies costeras y refuerzan el poder destructor de mareas y tempestades. Poblaciones enteras se ven obligadas al éxodo y a buscar otros territorios en los que sobrevivir.

Estas poblaciones se ven así empujadas por distintas circunstancias, obligadas a dejarlo todo, a veces a pasar por campos de desplazados, a veces lanzándose individualmente por el camino del éxodo para intentar llegar a lo que ellos creen que es, quizá no tanto un El Dorado como un lugar donde la supervivencia es mejor que la miseria y la inseguridad presentes. Son miles, millones, los que pasan por otra forma de guerra, un asalto contra lo que ellos piensan que son refugios, los países industrializados, las bases del capital mundial, los que han provocado su migración forzosa (pero que también sufren las consecuencias de los desarreglos que ellos mismos causan, aunque de momento parece que pueden soportarlas).

Los que combaten en las sombras en esta guerra desigual, luchan con sus manos desnudas, sin más arma que su determinación a afrontar cualquier peligro, incluso los más peligrosos, ante un enemigo poderosamente armado y protegido por barreras supuestamente infranqueables. Es una guerra solapada, constante y muy real, pero que se oculta tras los pliegues de una sociedad llamada “normal”.

Los soldaditos de esta guerra, de la que ellos son poco conscientes, combaten en medio del éxodo, la miseria, el desprecio, la discriminación y a veces la muerte. Vienen de todos aquellos sitios en los que, como hemos mostrado, la miseria traída de fuera y/o cualquier peligro o inseguridad suponen tal amenaza que les hace abandonar el lugar en el que han vivido para intentar entrar en los países en los que piensan poder encontrar lo que ya no tienen. Marchan al asalto de las fortalezas que estos países han erigido para protegerse de esta invasión persistente y anónima.

Existen dos bandos, aunque uno no considera al otro como enemigo: se habla del Sur marchando al asalto de la fortaleza del Norte, pero si bien esto es verdad a grandes rasgos, sería más exacto hablar de un conflicto entre los que poseen y los que no. Efectivamente, este ejército de sombras se dirige muchas veces del Sur hacia el Norte, fascinado por la estrella que les guía al paraíso soñado. Son millones, procedentes de una reserva humana inagotable, colmada precisamente por los países a los que ellos se encaminan. Lo único con lo que pueden contar, además de su brutal determinación, es con la solidaridad de sus hermanos de miseria y de combate. Están dispuestos a sufrir todas las vejaciones, todas las humillaciones, el hambre, la sed y la violencia, para llegar al Norte, donde todos tienen puestas sus esperanzas de una vida mejor.

La fortaleza del Norte está bien protegida, una protección que se perfecciona sin parar. Una protección que a cada instante provoca miles de cadáveres, a veces cientos de miles.

Estas protecciones son “naturales”: los mares profundos o los estrechos donde se ahogan quienes se lanzan a ellos con esquifes frágiles o podridos, sobrecargados de voluntarios para una muerte programada; los ríos donde se ahogan los inexpertos nadadores; los desiertos donde les espera la sed o una mordedura de serpiente. En la sección de “sucesos” aparecen regularmente las víctimas de estos peligrosos intentos, pero sólo cuando su número es suficiente como para conmover a los hogares. Gracias a estos dramas todos conocen ya los estrechos de Sicilia o Gibraltar, la Isla de Lampedusa, el Río Grande, etc. Pero en cambio el Océano Índico y el Pacífico no son tan conocidos, pues están muy lejos como para derramar lágrimas de cocodrilo (¿quién se acuerda hoy de los balseros vietnamitas o chinos?)

DE LAS ALAMBRADAS A LOS DRONES

Allí donde la fortaleza no tiene protecciones naturales, un poco por todo el mundo, se han edificado barreras terrestres con un todo un lujo de técnicas que no dejan de perfeccionarse, con unos medios de detección inauditos que van desde los muros a las altas alambradas electrificadas, de las cámaras a las ondas de radar, de los miradores a los drones. El intento de franquear estas barreras terrestres se lleva por delante también multitud de víctimas, electrocutadas o abatidas por una bala, pero como se trata de víctimas individuales, no suelen atraer la atención mediática. Para dar a los escépticos una idea de la dimensión de este asalto contra la fortaleza del Norte, basta con citar el caso de Grecia: en 2010, 30.000 migrantes han sido interceptados a orillas del Evros, en Tracia, y se calcula en 128.000 los que han logrado atravesar esta red. En 2009, había 2 millones de inmigrantes ilegales en Grecia, en tránsito hacia Europa. Aunque se enfrentan con sus manos desnudas a estas murallas naturales o humanas que se extienden por todo el mundo, estos miles, centenares de miles, incluso millones, no saben que están en guerra contra un enemigo no identificado (excepto por su miedo a verse sumergido por todos estos parias impulsados por su número y sus esperanzas). Una esperanza de vencer espoleada por un deseo de vivir más fuerte que la muerte. Si bien ellos no son conscientes de que están en medio de una guerra sin cuartel, su enemigo sí que lo es.

Él sabe bien que para poder contener la persistente invasión de estos soldaditos, los “desplazados” por las distintas fechorías del capital, estos deben ser aparcados, no ya en los “campos de detención” ya conocidos en los territorios nacionales, sino en otros campos esparcidos por todo el mundo bajo un disfraz humanitario, construidos por esas mismas “grandes potencias” del capital que les han llevado a semejante situación. Son así más de 50 millones de personas las que se pudren literalmente tras los muro,s destinados también a prevenir el aumento del número de aquellos que han partido ya al asalto de la fortaleza, una especie de ejército de reserva difícil de contener.

Frente a ellos, dirigiendo esta guerra implacable, se halla un enemigo mucho más peligroso que la policía o el ejército de los Estados y sus protecciones, naturales o no. Esta represión, que ellos ya conocen y temen, puede ser por eso mismo sorteada y esquivada. Se trata de un enemigo desconocido, una especie de figura mitológica de cien brazos y cincuenta cabezas, que encarnan las humillaciones, robos, chantajes, violaciones, esclavitud temporal, rescates, violencia física, participación obligatoria en peligrosos negocios de contrabando, etc. La lista no es exhaustiva, pero todos los crímenes son perpetrados por aventureros ávidos de ganancias que se aprovechan de la situación, a menudo marginados, como aquellos. Y cuando una parte de ellos logra salvar los obstáculos “legales” y estos peligrosos tentáculos y cree que han llegado a la Tierra Prometida, los “buenos ciudadanos” del país al que han conseguido llegar quizá les esperen vestidos de patrulla y les den su mortal bienvenida.

Y si logran escapar, les espera la galera de los sin papeles, siempre hostigados, los baños de la fábrica o la esclavitud agrícola. O el internamiento en una prisión o en uno de esos innumerables campos de reclusión a la espera de la expulsión y la vuelta a la casilla de salida.

H.S.

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MUROS

En el nº 148 de Échanges, pág. 3 (Los parias al asalto de la fortaleza del Norte), ya hicimos algunas precisiones acerca de la construcción de esos “muros” destinados a completar los obstáculos naturales y a impedir que los migrantes invadieran unas tierras supuestamente prometedoras. La caza mundial a los “terroristas” no sólo ha hecho que desaparezcan los migrantes de los medios de comunicación, sino que ha decuplicado sus problemas con el refuerzo de los controles fronterizos. Como ha ocurrido recientemente en Turquía, pueden incluso llegar a ser objeto de una negociación, combinando su miseria con otros problemas, una parte de los cuales es la causa de su particular odisea. Hacer un censo es difícil, pues ciertos muros aún no son más que proyectos, y otros han sido abandonados súbitamente.

Lista sacada de Wikipedia:

Muro de Bagdad Irak En construcción 5 km Pacificación civil
Muro Peace Lines Reino Unido (Irlanda del Norte) 1970s 0,500 km (promedio) Pacificación civil
Verja de Gibraltar Reino Unido (Gibraltar) 1908 1,2 km Barrera interna
Botsuana/Zimbabue Botsuana
Zimbabue
2003 500 km Anti inmigración
Brunei/Limbag Brunéi 2005 20 km Anti inmigración
Valla de Ceuta España
Marruecos
2001 8 km Anti inmigración
China/Hong Kong China
Hong Kong (Región administrativa especial) (China)
1960s 32 km Barrera interna / Anti inmigración
China/Macao China
Macao (Región administrativa especial) (China)
0,340 km Barrera interna / Anti inmigración
China/Corea del Norte China
Corea del Norte
2006 1.416 km Anti inmigración
Malasia/Tailandia Tailandia
Malasia
Proyecto 650 km Anti terrorismo
Valla de Melilla España 1998 11 km Anti inmigración
Barrera Indo-Bangladeshí India
Bangladés
En construcción 3.268 km Anti inmigración
Barrera Indo-Burma India En construcción 1.624 km Contrabando Antidrogas / Anti terrorismo
Barrera Indo-Cachemir India 2004 550 km Anti terrorismo (territorio en disputa)
Barrera Irán-Pakistán Irán
Pakistán
En construcción 700 km Contrabando Antidrogas
Barrera Kazajistán-Uzbekistán Kazajistán
Uzbekistán
2006 45 km Contrabando Antidrogas
Muro coreano Corea del Norte
Corea del Sur
1953 248 km Zona de conflicto
Parque Nacional Kruger Sudáfrica
Mozambique
1975 120 km Anti inmigración
Barrera Kuwait-Irak Kuwait
Irak
1991 193 km Zona de conflicto
Pakistán/Afganistán Pakistán
Afganistán
Propuesta 2.400 km Anti terrorismo
Rusia/Chechenia Rusia Proyecto 700 km Anti terrorismo (territorio en disputa)
Barrera Saudi-Yemen  Arabia Saudita
Yemen
2004 75 km Anti inmigración
Sharm el-Sheij Egipto 2005 20 km Anti terrorismo
Barrera Turkmenistán-Uzbekistán Turkmenistán
Uzbekistán
2001 1.700 km Anti inmigración
Barrera Emiratos Árabes Unidos-Omán Emiratos Árabes Unidos
Omán
En construcción 410 km Anti inmigración
Zona de seguridad de las Naciones Unidas en Chipre Chipre 1974 300 km Zona de conflicto
Muro fronterizo Estados Unidos – México Estados Unidos En construcción 3.360 km Anti inmigración / Contrabando Antidrogas
Barrera Uzbekistán-Afganistán Uzbekistán
Afganistán
2001 209 km Anti inmigración
Barrera Uzbekistán-Kirguistán Uzbekistán
Kirguistán
1999 870 km Zona de conflicto
Muro Vía Anelli Italia 2006 85m Barrera interna
Barrera israelí de Cisjordania Israel
Palestina
En construcción 703 km Anti terrorismo (territorio en disputa)
Muro de Seguridad Egipto-Franja de Gaza  Egipto
Palestina
En construcción 7.00 km Anti terrorismo
Muro marroquí Sahara Occidental
Marruecos
1987 2.700 km Zona de conflicto (territorio en disputa)

El siguiente mapa ha sido elaborado por el cartógrafo de la revista Courrier International, Thierry Gauthé, a partir de los datos actualizados aportados por Ellisabeth Vallet, investigadora de la Universidad de Quebec en Montreal. En el número especial de la revista titulado 50 muros a derribar (“Cinquante murs à abattre”), nº 1253 del 5 de noviembre de 2014, se puede leer una entrevista con E. Vallet y encontrar este mapa.

Muros


[1] El barón de Bunsen (1792-1860), embajador prusiano en Lon­dres desde 1845, era un celoso propagandista de las “misiones internas”. En una de las alocuciones de la Liga de los Justos, la de no­viembre de 1846, se habla de la labor desarrollada por Bunsen en este terreno y de las asociaciones de artesanos y jóvenes cristianos, fundadas en Londres bajo sus auspicios, a semejanza de las que también existían en Berlín, Hamburgo, Stuttgart, Basilea y París.