Un sindicalismo para cambiar la sociedad (Plataforma de llamamiento a la unificación de los sindicalistas)

El siguiente llamamiento proviene de un grupo de activistas sindicales de varias organizaciones (CGT y Solidaires sobre todo), de diferentes sectores profesionales y geográficos. Con esta declaración, no pretenden hacer una nueva crítica a la acción sindical, ni siquiera al sindicalismo. El llamamiento es, por tanto, una mano tendida a aquellos militantes sindicales combativos, al margen de su sensibilidad, que lamentan las derrotas sufridas y buscan detener los reveses sociales. Uno de los objetivos buscados con la creación de La Vie ouvrière en 1909 y luego de La Révolution prolétarienne en 1925, era reapropiarse una cultura de clase para frenar la debilidad del sindicalismo, de modo que éste se pudiera dotar de una estrategia anticapitalista realmente ofensiva. Por lo tanto, se invita a los activistas que comparten un proyecto de este tipo a que se pongan en contacto en la siguiente dirección de correo: contact@syndicalistes.fr

El presente texto es un llamamiento a todos los activistas sindicales para que se reagrupen en torno a valores y prácticas comunes a fin de dotarse colectivamente de los medios para reorientar el sindicalismo, que ahora se encuentra en un estado de grave deterioro, y para ayudar a revertir la correlación de fuerzas que, desde hace décadas, es cada vez menos favorable para los explotados y los oprimidos.

Afirmar y defender un proyecto sindical autónomo

 Como militantes de unas organizaciones sindicales que se reivindican de la lucha de clases, defendemos tres grandes principios para el sindicalismo: 

1) Un proyecto de sociedad: deshacernos del capitalismo, en todas sus formas y en todo el planeta, que es un sistema político y económico basado en la explotación y dominación de la mayoría por una pequeña minoría que vive del trabajo realizado por otros; mientras luchamos diariamente para mejorar las condiciones de vida y de trabajo de la mayoría, hay que luchar para construir otra sociedad, sin explotación y sin dominación de unos seres humanos sobre otros, sin discriminación, por la igualdad social y por un sistema global de producción y consumo compatible con las condiciones de vida en el planeta.

2) Un proyecto de clase autónoma: el proletariado, la clase social más numerosa y que solo posee su fuerza de trabajo, tiene a la patronal y al Estado como enemigos. Su organización en el sindicalismo es indispensable para que pueda construir con total autonomía su propio proyecto de sociedad y para gestionar entonces los medios de producción: ¿qué producir?, ¿cómo producirlo y en qué cantidad?, ¿dónde producirlo?, etcétera.

3) Formas de organización y prácticas sindicales eficaces:

– La unidad de la lucha y de los sindicalistas de clase.
– La lucha de clases (tanto desde el punto de vista de las reivindicaciones como de los métodos de acción).
– Democracia (de abajo hacia arriba y horizontalmente para controlar los mandatos y evitar derivas de todo tipo).
– Internacionalismo intransigente.
– Sindicatos de ramo (que reagrupen a los afiliados de empresas del mismo sector frente a los sindicatos de empresa aislados, que suelen estar más inclinados a acercarse a su jefe que los sindicatos de empresas del mismo sector, percibidos como competidores. Los sindicatos de ramo son necesarios para permitir la solidaridad en caso de huelga y para garantizar el control sindical sobre la producción).
– Sindicatos locales interprofesionales, estructuras básicas del sindicalismo, agrupadas en una confederación.
– Instituciones y actividades creadas y dirigidas por el sindicalismo para limitar lo más posible la dependencia del capitalismo (ayuda mutua, sociabilidad, deporte, cultura, producción y consumo, salud, etc.).

Este proyecto de sociedad, elaborado por las ideas y luchas autónomas del proletariado organizado en sus organizaciones sindicales, se resume en:

La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos.”

El sindicalismo se aleja cada vez más de este objetivo

La constatación es sencilla: el sindicalismo va mal, y no solo en Francia. El capitalismo ha estado a la ofensiva durante varias décadas y, globalmente, a escala planetaria, los sindicatos se han debilitado considerablemente. Esta situación es particularmente pronunciada en Europa y América del Norte, donde se encuentra el centro de la clase dominante, que lidera el mundo política, económica y militarmente.

Este debilitamiento, para empezar, es por supuesto cuantitativo. En Francia, por ejemplo, el número de afiliados ha alcanzado un umbral particularmente bajo. Pero esto no es lo más dramático, ya que otros fenómenos más graves se llevan produciendo desde hace muchos años, contra los cuales la reacción de los activistas sindicales ya está tardando. Estas son las razones cualitativas del debilitamiento del sindicalismo y que también afectan a las organizaciones sindicales que se reivindican de la lucha de clases, en las que nosotros militamos. Estos son las principales razones a las que nos referimos:

– El hundimiento del sindicalismo en el sindicalismo de empresa y el corporativismo.

– La división sindical y el sectarismo dentro del propio sindicalismo que se reivindica de la lucha de clases, que a menudo monopoliza a los militantes en disputas entre aparatos a expensas de la verdadera construcción sindical.

– El debilitamiento de la interprofesional, como lo demuestra el estado moribundo de muchos sindicatos locales, el abandono de las prácticas de apoyo mutuo, la sociabilidad, las experiencias inmediatas de contra-sociedad (cooperativas de producción y distribución, conferencias y debates, deportes obreros, etc.)

– La ausencia de un proyecto autónomo de sociedad sindicalista: los sindicalistas y los sindicatos de lucha de clases constantemente ponen sus esperanzas en el plano electoral, dejando que los partidos políticos definan su proyecto y lo lleven a la victoria. Es el regreso del fenómeno del “tribuno del pueblo” providencial que concentra todas estas esperanzas, como ocurre hoy en Francia con el dirigente de los Insoumis, que pretende crear un nuevo partido socialista para llegar al poder, pues parece que no hay otra solución… Hace 40 años, otra generación  vivió el mismo fenómeno con Mitterrand, la Unión de la Izquierda y su “programa común”.

– El sindicalismo -incluido el que se reivindica de la lucha de clases- está hoy profundamente anclado en las instituciones creadas y controladas por la patronal y el Estado que está a su servicio (CESR, comisiones y organismos mixtos). Este trabajo paritario monopoliza a muchos militantes y les convierte cada vez más en especialistas de un dialogo social cuyos discursos raras veces son tenidos en cuenta por la patronal y el Estado. Este tiempo perdido les aleja de los asalariados e incluso de los afiliados, asegurando a algunos una cómoda posición como representantes liberados y alejados del trabajo. Esta deriva es una realidad muy preocupante contra la cual tenemos que esforzarnos al máximo, dado que debilita a los sindicatos y les coloca en un papel de socios que les limita a una línea defensiva, en la que nuestras posibilidades de ganar son a menudo ilusorias. Esto se refleja en una serie de fenómenos que, de abajo a arriba, enredan la acción sindical en las mallas del capitalismo. Esta institucionalización coincide con todos los puntos citados antes, y hace que los sindicatos ya no aparezcan como una fuerza de contestación a la sociedad actual en la que las nuevas generaciones de militantes, sobre todo, puedan confiar.

– La “superficie social” del sindicalismo también ha disminuido bruscamente: su base militante está cada vez menos apegada a los cambios en la composición del proletariado. Este es el desierto sindical que existe en los lugares de trabajo donde los proletarios son más explotados, que hoy constituyen en su mayor parte el tejido de las pequeñas y medianas empresas; este es el desierto sindical en la cuestión de la vivienda para una parte importante de la “juventud popular”, ya sea en áreas rurales o en concentraciones urbanas. Esta institucionalización produce una actividad sindical “fuera de lugar”, ajena a muchos sitios donde, sin embargo, el potencial de cólera y rebelión contra esta sociedad es inmenso.

Esta reducida superficie social y esta institucionalización también aleja al sindicalismo que se reivindica de la lucha de clases, de verdaderas luchas anticapitalistas lideradas por activistas, especialmente jóvenes, y cuyo objetivo podría unirse al proyecto social por el que creemos que el sindicalismo debería luchar. Este es el caso, por ejemplo, de la lucha contra los problemas ambientales en los que el enemigo está bien identificado: las multinacionales del cemento, productos químicos, energía nuclear, negocios agícolas, etc.

– Esta institucionalización produce un cierto tipo de activista sindical, cada vez más profesional y experto, cada vez más alejado del lugar de trabajo, un tipo particular voluntariamente deseado y favorecido por la patronal y el Estado. La consecuencia lógica es que en las direcciones sindicales aumenta el peso de los cuadros, esto es evidente dentro del aparato de confederaciones y federaciones. El peso relativo del aparato sindical, en términos del número de funcionarios permanentes y de medios financieros, no tiende a reducirse sino a aumentar. La legitimidad se busca cada vez menos en el movimiento de las luchas en los lugares de trabajo y de vida y cada vez más en la ley y el electoralismo; la Ley de Representantes Sindicales de 2008 lo demuestra perfectamente.

Lo que proponemos:

Nos proponemos contribuir a unir a los militantes de los sindicatos que se reivindican de la lucha de clases sobre la base de los principios esbozados anteriormente “Para un proyecto sindical autónomo”.

  • Por un reagrupamiento de aquellos sindicalistas cuyas formas y reglas de funcionamiento se definan conjuntamente. El objetivo es sobre todo relanzar los debates fraternales sobre el sindicalismo para poder hacer realidad su proyecto sin delegar en otros.
  • Para transformar el sindicalismo actual:
  • Actuar por la unificación sindical sobre la base de la lucha de clases dentro de una confederación de militantes y de sus sindicatos para aumentar la eficacia sindical y lograr victorias frente a nuestros enemigos de clase (bloqueo de las contrarreformas, nuevas conquistas en materia de salarios, tiempo de trabajo, cotizaciones a los servicios sociales y la Seguridad Social, etc.)
  • Acabar con el sindicalismo de empresa defensivo, por un sindicalismo de ramo ofensivo y portador de victorias: desarrollar y reforzar la forma interprofesional y sobre todo los sindicatos locales; re-crear otras formas (de instituciones y actividades, cuyos medios y objetivos estén controlados por el sindicalismo, para el apoyo mutuo, la cultura, deportes, alojamiento, sanidad, cooperativas, etc.).
  • Actuar por una desinstitucionalización del sindicalismo y del tipo de militantes que ésta institucionalización produce, para disminuir el peso del aparato sindical: menos funcionarios pero más útiles.
  • Imponer la democracia sindical, sobre todo mediante el control de los mandatos por parte de la base.
  • Desarrollar y reforzar la dimensión internacional de la lucha sindical a partir de acciones concretas. El “sindicalismo internacional” debe dejar de ser la agencia de viajes de los liberados sindicales y convertirse en una verdadera palanca para nuestras luchas.

    Algunos militantes sindicalistas.

    Sitio web: http://www.syndicalistes.fr / contact@syndicalistes.fr