Nuestra huelga

Magistratura de Trabajo contra los de Bandas, Agustín Ibarrola.

La huelga de los trabajadores de Laminación de Bandas en Frío Echévarri (del 30 noviembre 1966 al 20 de mayo 1967) fue la más larga llevada a cabo por el proletariado de España en la época franquista. La extensión de la solidaridad obrera por Vizcaya y el resto de la Península sólo pudo ser atajada mediante el decreto del Estado de Excepción en abril de 1967, y la vuelta de los obreros al trabajo sólo fue posible tras el destierro de los militantes más destacados y la prohibición de las reuniones a mano armada.

Las vicisitudes de la lucha quedaron reflejadas en el libro Nuestra huelga, publicado por Ruedo Ibérico en 1968 y del que reproducimos aquí estas reflexiones para militantes obreros, que explican bastante bien cómo actuaban y se desenvolvían los militantes proletarios en las empresas por aquella época, en unas condiciones que nos distan mucho de las actuales.

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REFLEXIONES PARA MILITANTES OBREROS

No hemos escrito nuestro libro principalmente para dejar constancia histórica de esta batalla obrera, sino con la esperanza de poder ofrecer a todos los que luchan contra el capitalismo en la Península una experiencia —con sus aciertos y errores— en la que se desarrollan algunas enseñanzas prácticas de posible utilidad.

Somos conscientes de las limitaciones que nuestra pretensión encierra —lo concreto de nuestra acción, las particularidades de nuestra fábrica, la evolución de las situaciones y por tanto de las tácticas aplicables a cada una de ellas, etc., etc.— pero con plena sinceridad creemos que algunas de estas experiencias pueden tener valor en todo momento ya que se refieren a problemas humanos que en esta etapa de la lucha se presentan de forma permanente. La utilidad de otras de ellas dependerá de las características de la realidad a que se quieran aplicar.

Nuestra lucha ha tenido su culminación durante el desarrollo de la huelga, pero el período al que aquí nos vamos a referir comprende un plazo de tres años aproximadamente. Encontrar explicación a los logros de estos últimos meses de paro, no tendría sentido desligándolos de esta larga etapa de acción y de organización.

Estamos convencidos que los elementos que a continuación desarrollamos son los que de forma fundamental han posibilitado nuestra toma de conciencia colectiva y nuestra resistencia.

Para facilitar su exposición vamos a señalar dos aspectos: TÉCNICOS Y HUMANOS.

ASPECTOS TÉCNICOS:

El equipo o comisión de fábrica

Formación. Sus líneas generales.

Durante algunos años Bandas, como muchas otras factorías, careció de una acción obrera organizada, corriendo el peligro de que aquella situación se perpetuase en perjuicio de la eficacia de nuestra lucha. El evitar ese riesgo es siempre responsabilidad de una minoría; aquellos que con más claridad descubran la necesidad de luchar organizadamente, bien por su mayor capacidad o por estar integrados en algún grupo clandestino o bien por otras razones particulares.

La huelga de Bandas de Mayo de 1964 señala, el comienzo de nuestro equipo de empresa. Fue con ocasión de las reuniones que entonces tuvimos en un campo junto a la fábrica cuando fueron elegidos dos representantes por departamento.

Pero a veces no es fácil la elección y por ello es necesario un período de actuación para conocer y probar la calidad de los futuros líderes así como el descubrir los arribistas, simples «bocazas» y demás oportunistas con los que hay que tener mucho cuidado.

También es cierto que en ocasiones estará justificado —en una primera etapa— el comenzar a reunirse un grupo de trabajadores sin pasar por la fase de elección, si es que se hace difícil por las características de la empresa o de la represión. Pero el equipo provisional que se forme debe actuar en orden a promover una toma de conciencia colectiva que en un momento dado se exprese en la elección o ratificación democrática de los representantes.

Es importante el momento elegido para realizar la elección. A ser posible hay que esperar un acontecimiento que despierte el interés y la atención general. Por ejemplo: estudio de un Convenio Colectivo, revisión de primas y en general cualquier problema o injusticia que afecte a toda la plantilla o a la mayor parte de ella. Así se conse­guirá que la elección sea democrática y que sean de verdad los trabajadores los que dirijan la acción, sin­tiéndose no manejados sino representados.

Aunque es cierto que hay que actuar con verdadero sentido de clandestinidad, supuesta la identificación de empresa-policía-Gobiemo, también es verdad que una actuación eficaz implica en ciertos aspectos el riesgo de salir a la luz, de ser fichado. Uno de los casos más claros en que hay que aceptar este riesgo es el de la elección de los representantes.

Es conveniente que la elección del equipo, comisión o comité de empresa, se realice en una asamblea de fábrica y que vaya precedida de una campaña electoral que haga reflexionar a todos sobre los motivos en que van a fundamentar su voto. Todo ello lleva consigo el que la Dirección se entere de nuestros pasos, lo cual tiene el aspecto negativo de posibles represalias pero también les obliga a un mayor respeto y a un mayor cuidado en sus actuaciones. Hay que tener en cuenta, en relación con esto, una regla que nunca falla: cuanto más débil es nuestra posición, más nos aplastan.

En caso de existir muchas dificultades para celebrar una asamblea de fábrica, la elección puede hacerse durante las horas de trabajo. Pero siempre conviene realizarla con la mayor seriedad, mediante papeletas individuales que se rellenen en secreto.

Conviene tener la mayor flexibilidad en cuanto al número de componentes del equipo y su distribución por departamentos. Respecto de estos últimos habrá que tener en cuenta su importancia en número así como la calidad del personal, puesto que se puede dar el caso, por ejemplo, de un departamento en el cual existan cinco militantes de primera fila y sea quizás necesario para el bien de todos los trabajadores que salgan elegidos los cinco. Hay que aclarar que el equipo o comisión no ha de actuar en favor de uno o de otro departamento, sino que debe responder a los problemas de todos. Por esta razón es secundario el número de representantes de cada uno de ellos, aunque es conveniente fijar un mínimo para garan­tizar la debida información y el conocimiento de los casos, así como para el cumplimiento de los acuerdos que se tomen, recogida de dinero, difusión de hojas y demás tareas.

Otra solución — sobre todo, en las grandes empresas — se puede buscar formando un equipo de empresa en el que sus componentes sean al mismo tiempo cabeza de los grupos que se formen en cada departamento, consi­guiendo así, además de una mayor agilidad en la resolu­ción de los problemas, una disminución de las probabili­dades de ser descubiertos.

En caso de existir estos grupos o secciones, será conve­niente reunirse el Pleno periódicamente — por ejemplo cada 2 o 3 meses — o ante acontecimientos graves, para tomar decisiones especialmente importantes previa consulta a la base, para programar nuevos planes, revisar la acción, etc.

Hay que aclarar que esta Comisión o equipo de fábrica a que nos referimos es cosa distinta de los posibles núcleos que existan de militantes de organizaciones clandestinas, puesto que estos actuarán según sus criterios y planifi­carán su táctica concreta. Su independencia es total en sus problemas internos, pero deben aceptar los acuerdos de la Comisión en lo referente a la fábrica.

Lo normal es que los miembros de estas organiza­ciones clandestinas cuenten con prestigio entre sus compa­ñeros por lo cual se encontrarán elegidos y formando parte de esa Comisión o Equipo. Y así, al menos a este plano de empresa, se habrá realizado la unidad, piedra angular del Movimiento Obrero y condición indispensable para el triunfo. En nuestra fábrica hemos de confesar que el grado de unidad alcanzado entre hombres de distintas ideologías y grupos ha sido muy elevado, no habiendo sufrido los trabajadores, salvo excepciones, el grave escán­dalo de unos líderes enfrentados contra otros.

Supuesto lo anterior podemos definir al Equipo o Comi­sión de fábrica como el órgano unificador de todas las fuerzas obreras existentes en su interior, elegido democrá­ticamente por los trabajadores, que depositan en él su confianza, de cara a organizar la defensa de sus intereses de clase. Normalmente debe estar autorizado no sólo para dirigir la lucha en el marco de la empresa, sino también para representarla en cuantas acciones orga­nizadas se realicen en otros planos más elevados, por ejemplo a escala provincial.

Respecto del Jurado de Empresa es importante señalar lo siguiente. Dada su integración en el Sindicato oficial —rechazado por todos— se ha planteado siempre el pro­blema de la abstención o de la participación en la elección de sus miembros, según se crea que es ineficaz su papel o por el contrario se vea la necesidad táctica de contar con él.

Este último es el caso de Bandas. El Jurado de Em­presa es a nuestro juicio una pieza muy importante de la estrategia actual de la lucha en la empresa y debe formar parte de la Comisión de fábrica, al menos en sus miem­bros de confianza (que no siempre suelen ser todos, ya que en algunas categorías dominan grupos, como los inge­nieros y peritos, vendidos al capitalismo).

Que el Jurado de Empresa es una pieza importante lo demuestra el interés de las empresas en manejar a su favor este organismo y los graves problemas creados a los trabajadores cuando de verdad ha estado al servicio de ellas. En la situación actual de acción combinada legal-ilegal, el Jurado puede justificar una serie de interven­ciones que si no consiguen muchas veces resultados concretos, supuesta la legislación actual, al menos cola­boran a mantener al clima de lucha, de tensión —hecho de un valor incalculable— frente a un sistema que ejer­ciendo constantemente la violencia quiere aparentar nor­malidad y concordia.

Se podría definir al Jurado como el rostro legal de la Comisión de fábrica, destinado a defender los intereses obreros a través de su actuación legal coordinada dentro de la táctica general clandestina.

En el caso de nuestra fábrica ha sido extraordinario el papel jugado por la mayoría de nuestros representantes, que desde sus cargos de Jurados y enlaces han defendido valientemente nuestra causa siendo por este motivo despe­didos con ocasión de la huelga.

La Comisión de fábrica, respondiendo dentro de lo posible a todas las necesidades de los trabajadores, debe mantener una línea de actuación revolucionaria, —insertada en la lucha contra el capitalismo como sistema que nos aplasta— respetando las legítimas diferencias de ideologías y creencias existentes entre sus miembros.

El mantener la línea revolucionaria es esencial, ya que nuestro problema no se resuelve con una mejora de salarios ni con una reducción de jornada. Es cierto que tenemos derecho a todo ello, pero lo importante es que caigamos en la cuenta de que nuestra verdadera liberación no vendrá sino con la derrota del capitalismo y el paso de la pro­piedad de la industria y de la tierra a manos de los traba­jadores, entendido este término en su sentido más amplio. Mientras no sea así, se nos mantendrá relegados en lo social, cultural y político, ocupando el último lugar; el mismo que ocuparán nuestros hijos y que ocuparon nuestros padres.

Fines del equipo o comisión.

El problema para muchos se centrará en la pregunta: ¿Qué puede hacer una comisión o equipo de fábrica en una situación como la actual, en que todos los caminos parecen cerrados?

Quizás por la experiencia vivida nuestra respuesta es optimista. A nuestro modo de ver la Comisión de fábrica puede oponer una resistencia eficaz, entendiendo esta efi­cacia de la siguiente forma:

A/ Creación de un instrumento de defensa que prepare la lucha de los trabajadores ante toda clase de reivindica­ciones colectivas o individuales aunque el resultado inmediato no sea aparentemente positivo. Si el asunto es difícil y no se cuenta con un buen abogado será mucho peor que en el caso de disponer de él.

B/ Posibilidad de incorporación de los hombres más capaces y generosos a una acción unificada en bien de la clase obrera y por elección de sus compañeros, con la ventaja de que se actúa no bajo la dirección de un sólo grupo como tal, con sus siglas o iniciales, sino que se facilita la acción democrática y coordinada de todos ellos en un sólo instrumento de elección popular. Acción democrática y coordinada que permite el encuentro de las diversas tendencias junto a hombres aún sin encuadrar para todos, de forma conjunta, discutir y dirigir la acción en sus diversos aspectos. El hecho de que en algunos casos domine una determinada línea, no debe provocar conflictos ni divisiones, ya que si se ha actuado limpia­mente, lo que quedaría reflejado sería simplemente el mayor prestigio o aceptación de unos hombres o de una tendencia concreta mayoritaria.

C/ Formación de estos líderes a través de la acción de cada día, sin descuidar la necesidad del estudio, la lectura, asistencia u organización de cursillos, conferencias, etc.

D/ Toma de conciencia colectiva de lucha: En una situación como la actual en que todo va dirigido a anular­nos como personas que piensan y a tratar de asimilamos a la sociedad burguesa aceptando sus estructuras opresoras, nada hay más importante que el despertar de nuestra conciencia, descubriendo la necesidad de participar en la lucha para su transformación.

La actuación de la Comisión de fábrica si es profunda y eficaz, si se hace con entrega total, va despertando esta necesidad no sólo en unos pocos líderes sino en todos los que trabajan en ella, de tal forma que se va creando la incorporación activa de todos. Nuestra huelga —lo hemos repetido mil veces— no es sino el fruto de esa labor realizada por un puñado de líderes íntimamente unidos a la suerte de sus compañeros, hasta formar un solo cuerpo y una sola lucha.

E/ Relacionar la acción de la fábrica en marcos supe­riores de lucha, representando a los trabajadores de la empresa en cualquier organización de ese tipo que se cree en otros planos, por ejemplo el provincial.

Desarrollo de estos fines

Fácilmente se comprende que no basta con elegir bien a los hombres del equipo o Comisión; lo más importante es que se funcione con sentido de responsabilidad y de continuidad.

Paro ello hay un instrumento de gran valor al que hay que mimar: las reuniones. Es cierto que hay grandes dificultades para poder tenerlas pero su realización es vital.

1/ Han de ser periódicas. Su frecuencia podrá variar pero no deben distanciarse más de quince días.

2/ Hay que buscar un lugar adecuado, donde sea más fácil pasar desapercibido. No es conveniente usar los domicilios particulares, aunque cada situación puede ser distinta.

3/ Entre los miembros de la Comisión se debe nombrar a un responsable para avisar las fechas, preparar el local, etc. En la medida de lo posible conviene elaborar un calendario programando las reuniones normales y cumplirlo con la mayor seriedad posible.

4/ Debe existir también un responsable para preparar el orden del día. Nada desanima más que una reunión en la que nadie sabe qué hacer. Este responsable puede tener también la función de dirigir la reunión para que esta se efectúe con orden evitando las discusiones perso­nales, procurando que todos participen, etc. Este orden del día se llenará con el estudio y solución de todos los problemas individuales y colectivos que existan en el momento. Los representantes de cada departamento deberán comunicar de antemano los que les correspondan.

En estas reuniones se han de preparar con tiempo suficiente los asuntos que se van a presentar en las reuniones del Jurado, para entregarles con diez días de anticipación al Secretario del mismo; este deberá in­cluirlos en el orden del día de la reunión siguiente. Si no se actúa a tiempo es la Empresa la que decide los asuntos a tratar.

5/ Es muy conveniente que se concrete lo más posible el reparto de responsabilidades según asuntos, materias, etc. por ejemplo: juicios ante Magistratura, reclamaciones al Jurado de Empresa, administración del dinero existente, elaboración de información, distribución de la misma, colectas, etc. Muchas cosas no se hacen —o se hacen mal— debido precisamente a que nadie se siente encar­gado de ellas.

6/ Es necesario que todos tengan alguna responsabi­lidad evitando la acumulación de funciones en unos pocos. Se deben tener en cuenta las aptitudes de cada uno. Cada cierto tiempo convendrá revisar la marcha y cambiar las responsabilidades con un sistema de rotación.

7/ A veces convendrá traer a la reunión a algún mili­tante de otra fábrica o cualquier persona que pueda aportar conocimientos especiales, experiencias, etc. Hay que procurar que esto no implique actitudes partidistas en favor de algún grupo concreto.

Una vez descrito más o menos el funcionamiento de las reuniones pasamos a desarrollar los fines asignados a la Comisión.

A/ La creación de un instrumento de defensa es quizás la actuación de mayor interés a realizar por la Comisión de cara a la incorporación colectiva de los trabajadores. Es cierto que en la actual situación resulta muy difícil obtener éxitos en Magistratura, en la Delegación de Trabajo, etc. Pero a pesar de las leyes y reglamentaciones favorables a las empresas, existe un mínimo do derechos que dado los abusos existentes no son respetados y que pueden reclamarse con posibilidades de éxito; en cualquier caso siempre es peor aceptar los abusos sin enfrentarse a ellos.

Citamos una lista de los abusos más frecuentes contra los que se deberá recurrir:

  • modificación ilegal de las primas e incentivos.
  • trabajos superiores a la categoría reconocida.
  • exceso de horas extras.
  • plantillas sin asegurar.
  • falta de funcionamiento del Jurado.
  • trabajos peligrosos realizados sin los elementos de seguridad (caretas, gafas, guantes, ventiladores, polainas).
  • prolongación ilegal del período de prueba (por ejemplo renovación de contrato cada tres meses).
  • mala asistencia médica.
  • negación de los pluses de distancia y los correspondientes a trabajos tóxicos, penosos o peligrosos.
  • reducción ilegal de plantillas o equipos.
  • trabajo de menores de edad.
  • expedientes de crisis sin fundamento (para poder recurrir contra estos es necesario conocer lo mejor posible la situación real de la empresa a través de las memorias publicadas cada año. A ser posible se debe procurar información directa a través de personas de confianza. Esto puede ser interesante para muchas otras actuaciones).
  • sanciones injustas.
  • falta de aplicación de cláusulas del Convenio provincial o de empresa, o del Reglamento de Régimen Interior, etc. etc.

(Al hacer reclamaciones contra los posibles abusos conviene insistir en aquellos cuya desaparición puede ayudar a que la clase obrera aumente sus posibilidades de lucha. Hoy día por ejemplo es de un valor enorme enfrentarse con las jornadas de doce horas tan normales en toda la Península. El capitalismo ha obligado a emigrar a dos millones de trabajadores y al resto nos procura anular con esos agotadores horarios. Además de impedir cualquier otra actividad, muchos se llegan a conformar con unos ingresos aparentemente mayores, conseguidos con un esfuerzo muy superior al que debe ser normal. Según la ley no pueden trabajarse más de 50 horas extras al mes y 150 al año.)

En una ocasión o en otra, todos somos víctimas de alguna de estas injusticias particulares, además de las que colectivamente padecemos. El sentirnos apoyados y defendidos nos liga con nuestros líderes y nos hace superar el miedo que tantas veces nos ha paralizado.

Este instrumento de defensa que hay que crear se debe componer, al menos, de estos dos elementos: Asesoría jurídica, y Fondo económico de resistencia.

Asesoría jurídica:

Supuesta no sólo la total ineficacia de la defensa sindical oficial sino además el trato falto de respeto y de seriedad que recibimos en sus servicios jurídicos, es totalmente necesario organizamos independientemente. Esta organi­zación implica un esfuerzo por nuestra parte y la colabo­ración de algún abogado conocedor del derecho laboral con el que contemos regularmente. Por otro lado, además, algunos miembros de la Comisión, preferentemente los que ocupen cargos en el Jurado de Empresa, deberán tener al menos un mínimo de conocimientos sobre la Reglamentación correspondiente, contenido del Convenio Colectivo de empresa o el Provincial en caso que no existiese el anterior, redacción de instancias, escritos dirigidos a la Dirección, Delegación de Trabajo, etc.

Como se puede comprender fácilmente esta preparación es muy necesaria para el desarrollo de la parte legal de la estrategia.

En el caso de existir dificultades para adquirir estos conocimientos elementales será de gran utilidad organizar unas clases en forma de cursillo, para capacitarse. El profesor puede ser un militante con experiencia, un abo­gado especialista, etc.

Estos conocimientos además de dar una cierta formación jurídica elemental permiten responder en muchos casos a consultas de compañeros de trabajo, aclarar dudas, etc.

Su importancia aumenta notablemente respecto a las reuniones del Jurado de Empresa en que la parte capita­lista suele jugar con la ignorancia de la parte obrera. No se trata por supuesto de especializarse en derecho laboral, cosa que ni hace falta ni nos interesa a los militantes obreros, pero sí al menos ser eficaces en lo que de utilidad hemos visto en estos aspectos legales. Conocer el Reglamento del Jurado —por ejemplo en cuanto a votaciones, solicitud de reuniones extraordina­rias, etc.— y las otras disposiciones que le afectan directamente no supone un gran esfuerzo y pueden dar mucho juego en momentos determinados. Para los casos de más envergadura y en general para todos aquellos asuntos que sobrepasen nuestras posibilidades debe contarse con los servicios de un abogado.

Lo mejor es establecer un acuerdo sobre la base de una cantidad mensual en el caso de fábricas grandes, o un tanto por caso, cuando se trate de talleres más pequeños. Lo importante es que se dé el paso.

A este abogado se podrá acudir tanto individualmente como para casos colectivos. Se consultará con él algunos asuntos a tratar en las reuniones del Jurado, la prepara­ción del Convenio Colectivo. Su aportación podrá ser muy valiosa, por ejemplo, ante una situación de conflicto colectivo.

Por supuesto se ha de buscar preferentemente abo­gados que se sientan incorporados a la lucha obrera. En casi todas las ciudades se puede encontrar alguno. En varias existen incluso despachos dedicados exclusiva­mente a estos problemas, lo cual es especialmente intere­sante por la experiencia de que disponen y los contactos que pueden facilitar; es por ello interesante forzar el nacimiento allí donde no existan. Una forma de hacerlo es uniéndose un grupo de empresas para conseguir que el despacho tenga suficiente trabajo y se especialice en cuestiones laborales.

En el caso de celebrarse juicios en Magistratura hay que procurar la asistencia de los demás trabajadores para apoyar al compañero con su presencia, fomentar la solidaridad y expresar de forma visible el enfrentamiento con la parte capitalista. Claro está que esto no será posible más que en las fábricas que trabajen a relevos.

Fondo económico de resistencia:

No cabe duda que una de las mayores dificultades con que cuenta la lucha obrera en la Península está en la ausencia de fondos propios. Pero la solución no está en lamentarse del robo que nos hace de nuestras cuotas la C.N.S., sino en tratar de remediar esta situación con nuestro propio esfuerzo.

A pesar de todas las dificultades que entraña, la Comisión ha de hacer un serio esfuerzo por organizar este fondo mediante aportaciones mensuales fijas.

(Es triste pensar que esto no sea más normal y que salvo para casos de huelga, los trabajadores pongamos dificultades para entregar una pequeña cuota mensual.)

Entre los fines a que puede ser destinada la cantidad que se recoja, citamos los siguientes:

  • Pago de los abogados; normalmente una cantidad mensual, revisable periódicamente.
  • Gastos de información y propaganda, papel de multi­copista, tinta, máquina de escribir, multicopista, regla­mentaciones, viajes, etc.
  • Abono de sanciones injustas; un arma de gran fuerza contra las represalias económicas, sanciones des­proporcionadas, etc. consiste en formar una especie de tribunal obrero —que a veces podrá ser la misma Comisión o varios trabajadores nombrados por ella— en el que todo trabajador que crea haber sido sancionado injustamente con pérdida de jornales, suspensión de empleo y sueldo, etc. presentará su caso; este tribunal decidirá o no abonar parte de la sanción o toda ella, según el juicio que se deduzca más justo.
  • Casos muy especiales de necesidad. Insistimos en lo de muy especiales, porque este fondo no se puede confundir con una caja de compensación para enfermedad o accidente. Esas cajas pueden existir legalmente, aunque es cierto que no siempre las administramos los traba­jadores. Aquí se trata de un dinero recogido clandesti­namente y destinado directamente a la lucha obrera.
  • Solidaridad con otras empresas, huelgas, etc. Esto también conviene concretarlo a casos de mucha urgencia, ya que las colectas para otras fábricas deben hacerse aparte de la cuota mensual fija.

No siempre alcanzará el fondo para todas estas activi­dades y otras más que se crean convenientes, por tanto convendrá distinguirlas por orden de importancia. Aunque es cierto que mucho depende de la buena o mala organi­zación de la recogida mensual. Ofrecemos el siguiente ejemplo:

1/ Escoger un momento de interés general y lanzar una campaña para su creación en la que se informe de su carácter voluntario y de las ventajas que se obtendrán con su formación y funcionamiento.

2/ Fijar un día al mes, según las fechas de cobro, para la recaudación de la cuota que debe ser única, aunque se admitan otras entregas personales voluntarias.

3/ Nombrar encargados de pedir o recoger el dinero por secciones, oficinas, talleres, departamentos, relevos, etc. Es importante que no queden zonas sin atender para lo cual recomendamos usar un plano de la fábrica y una lista numerada de todos los trabajadores.

4/ Encargar en una imprenta talonarios en los que se rellene el nº del que abona y el mes correspondiente. Una parte se entrega como recibo y otra queda para comprobante. Al carecer de nombre estas papeletas son inofensivas.

5/ Señalar el responsable de la administración del dinero, dando cuentas periódicamente.

Probablemente habrá resistencia y recelo en un sector pero como el acto es voluntario nadie se verá perjudicado. Al cabo de poco tiempo, ante las pruebas de su eficacia, es normal que aumente considerablemente el número de afiliados al pago de la cuota, que en sí mismo es ya otro acto de resistencia.

Todas estas actuaciones, conviene insistir, se han de desarrollar con las debidas precauciones. Los fondos de resistencia son muchas veces especialmente perseguidos, por la eficacia que encierran.

B/ Si hay alguna verdad indiscutible para la clase obrera de hoy de siempre, es que sus líderes son el tesoro más importante que posee.

Pero no todos los hombres capaces de serlo logran desarrollar bajo la situación actual su capacidad personal, sus posibilidades de lucha, su entrega. De ahí la responsabilidad por parte de los que ya están incorporados a la acción de hacer nacer a la vida militante a todos sus compañeros, y de forma especial a los que tienen madera de líderes.

Este esfuerzo por aumentar el número de los que luchan por la liberación del mundo obrero se hace, en la realidad de hoy, desde muchas vertientes, desde muchos grupos. La Comisión de fábrica, en cuanto pequeña organización empresarial, puede también ser un instru­mento más de incorporación a la acción.

Pero quizás la misión más importante que puede desarrollar la Comisión en este terreno, es la de unificar los esfuerzos de todos esos militantes procedentes de distintos campos. Ya hemos dicho que la Comisión debe ser el instrumento por medio del cual actúan unificadamente en la empresa, los diversos grupos, a través de sus miembros elegidos democráticamente por la base. Esto es un planteamiento teórico de carácter general ya que en muchas fábricas o talleres pueden funcionar formadas por hombres aún sin encuadrar en ningún grupo. Lo que nosotros queremos recalcar es que si existen grupos, estos deben buscar en la Comisión dos cosas: 10 la unión de sus fuerzas en una acción conjunta al servicio de todos; 2 o un medio de actuación para sus militantes, ya que un grave problema para las organizaciones clandestinas de hoy es el lograr que sus miembros no de desanimen por falta de acción.

Los militantes que actúen en una empresa deberán realizar una verdadera búsqueda de otros posibles líderes. Nada hay peor que hombres que lo monopolizan todo.

En orden a esta labor sugerimos algunas ideas:

  • Mantener el mayor contacto posible con todos sus compañeros para conocer sus posibilidades, su capacidad. Dialogar con los que se juzgue con deseos de entrega; sugerir el problema.
  • Demostrar, a través de los hechos de cada día, la explotación que padecemos en todos los órdenes. Citar datos, por ejemplo cómo a la Universidad sólo llegan en la Península un hijo de obrero por cada cien estudiantes.
  • Dedicar un tiempo de la reunión de Comisión a infor­mar por departamentos sobre la labor de captación rea­lizada.
  • Asignar pequeñas responsabilidades a los elegidos para ayudarles a ganar experiencia.
  • Incorporarles al equipo del departamento.

Cuanto mayor sea el número de militantes, más eficaz y profunda será la labor realizada. Y llegado por ejemplo el momento de una huelga, sólo se podrá sostener y hacer funcionar si se cuenta un equipo unido de hombres prepa­rados y curtidos en la acción. El caso de Bandas no hace sino demostrarlo.

C/ Al llegar el momento de desarrollar el fin de la Comisión referente a la formación, se plantea ineludi­blemente el dilema en que nos encontramos todos los que vivimos incorporados a eso que en la Península se llama «oposición». Nada digamos de la especial difi­cultad del problema entre los trabajadores. Se trata de si en esta etapa debemos dedicarnos a la acción o por el contrario es la formación, entendida como estudio teórico, a la que tenemos que entregarnos.

La complejidad del problema da pie para toda clase de soluciones. Nosotros vamos a tratar de exponer, sin pretensiones excesivas, las conclusiones a que hemos llegado después de estos años de resistencia.

En una primera etapa de organización obrera en fábrica, e incluso a planos superiores, nos parece evidente que es la acción la que ocupa un puesto predominante. A través de ella, los líderes que la inician captan nuevos militantes y además realizan una autentica labor de formación de estos hombres y de los trabajadores en genera;  formación que se refiere no sólo al punto esencial de toma de conciencia individual y colectiva sino también a aspectos concretos, teóricos y humanos. Enumeraremos algunos de ellos.

  • fomento del sentido de responsabilidad al asignársele tareas concretas, con la necesidad de prepararlas, de informarse.
  • capacidad de organizar y dirigir reuniones, asambleas de fábrica, etc.
  • desarrollo de las cualidades de oratoria, esenciales en la figura del líder, a través de sus intervenciones debida­mente preparadas.
  • espíritu de trabajo en equipo.
  • descubrimiento de la lucha de clases a través de la conducta de la empresa, choques en el Jurado de Empresa, persecución, etc.

Día a día puede no verse el trabajo realizado. Ese era el caso de nuestra fábrica. Aparentemente nada la dife­renciaba de las demás. Pero planteada la huelga, se pro­dujo como una explosión que puso a la vista los logros de estos años, la conciencia colectiva, la unidad, la prepa­ración de los líderes, etc.

Por supuesto que lo anterior nada implica de oposición a una formación a base de estudio. Quizás esta primera etapa no es sino la creación de una plataforma, de unos cimientos, sobre los que construir hombres con una for­mación ideológica profundamente enraizada en la base, en la acción. Ni activistas sin ideas, ni teóricos desen­carnados de la lucha de cada día y con pretensiones de dirección; aunque ciertamente bajo las condiciones actuales no sea fácil hacer la síntesis de los dos elementos.

Todo esto hay que matizarlo con la afirmación de que son muy variadas las vocaciones, las capacidades, las posibilidades, etc. Lo importante es que se mantenga el criterio de esta doble necesidad: actuación que implica formación y formación que sirva para la acción. Al capi­talismo le puede interesar tanto que se abandone la lucha en función de la formación como el caso contrario.

Quizás la Comisión de fábrica juegue un papel prepon­derante en la acción (que implica formación) pero no debe olvidar la importancia del estudio. Se debe crear entre todos la necesidad de leer, de asistir a cursillos y confe­rencias. A veces habrá que organizarías en contacto con otras personas, con otras fábricas. Hay que facilitar apuntes, folletos, libros, todo lo que sirva para ir creando una conciencia capaz de distinguir las ideas, de aceptar libremente una línea ideológica, a condición de que sea revolucionaria. Pero eso exige la mayor honradez para no actuar de forma tendenciosa.

D/ En cuanto a la toma de conciencia colectiva, a la participación activa de todo el personal creemos haber indicado ya algunas cosas.

Queremos insistir en el punto de información. La Comisión, a través de sus miembros, de los equipos de cada sección, debe mantener a todos al corriente de cuanto se va haciendo, escuchando las sugerencias, las críticas, aclarando dudas, recelos. En este terreno se impone la mayor abertura y mucha paciencia todos los días.

En este orden de la información existen dos instru­mentos de especial transcendencia: las hojas o boletines informativos y las Asambleas de fábrica.

A ser posible conviene difundir periódicamente en hojas multicopiadas la marcha de los asuntos internos, e incluso de problemas de otras factorías. Conviene tener el máximo cuidado pues se puede desencadenar una fuerte represión por este motivo. Si se ve que la situación es peligrosa habrá que medir el uso de estas hojas, utilizándolas en los casos verdaderamente importantes que afecten a la empresa. Sobre problemas de otras factorías puede ser mejor repartir hojas publicadas fuera de la fábrica, por otros grupos.

Las Asambleas de fábrica son reuniones de todos los trabajadores de la misma en que se estudian problemas, se discuten sus soluciones, se someten a votación, se revisa la actuación anterior, se preparan elecciones, etc. etc. Su valor es incalculable y deben procurarse realizar periódicamente, por ejemplo cada 3 meses.

Los responsables deben cuidar extremadamente su pre­paración. Todos los aspectos organizativos tienen que ser previstos en una reunión especial de la Comisión. Se debe fomentar por todos los medios las intervenciones, las críticas, es decir una verdadera dirección colectiva.

La asistencia variará mucho según el momento o el interés que exista. Hay que procurar que todo el mundo se entere a tiempo de su celebración y aunque después la asistencia no pase del 20 % es ya un éxito. Como es natural habrá ocasiones en que acudirá un 40, 60, 80%.

Junto a los problemas concretos se debe cuidar el aspecto formativo de tipo ideológico pero siempre con la mayor sencillez para que sea comprensible. Es una buena ocasión para repartir folletos, vender libros, etc.

A ser posible conviene conseguir un buen local, y tener la mayor discreción posible hasta última hora.

E/ El relacionar la acción de la fábrica en marcos superiores de lucha es decisivo si se quiere mantener una actitud revolucionaria

Todos comprendemos que no es una acción aislada a plano de empresa la que va a destruir el capitalismo. Es innegable la importancia de cada equipo o comisión de empresa que —en un país donde la lucha se desarrolla principalmente en los medios obreros urbanos— deberá ser el equivalente a una guerrilla, por las ventajas que puede presentar de cara a una mayor movilidad, multi­plicación de los frentes, influencia directa sobre los trabajadores, creación en cada empresa de las condiciones que posibiliten, en un momento dado, una acción de toda la clase obrera; pero las posibilidades reales de éxito están absolutamente ligadas a una coordinación o unión de fuerzas actuando en el frente sindical, político y cultural.

Por eso cada empresa, a través de su Comisión y de sus grupos, deberá coordinar sus esfuerzos con los de las demás en una espiral que culmine en la solidaridad internacional dentro de la Península y en todo el mundo. (Nuestros enemigos han comprendido bien que ellos deben hacer lo mismo y hoy el capitalismo se concentra cada vez más en grandes monopolios internacionales dirigidos predominantemente por los yanquis).

No es misión nuestra señalar las formas concretas de unión o de coordinación.

Solamente indicaremos algunos medios que facilitan esta actitud.

  • Contacto entre militantes de diversas empresas, gru­pos, etc.
  • Estudio de experiencias concretas en que se haya dado esta unidad, al menos de acción. (La huelga de Bandas es un caso significativo en todos los planos).
  • Procurarla siempre para manifestaciones, paros gene­rales, bolsa común, etc.
  • Información sobre las situaciones de conflicto para conseguir apoyo de grupos y organizaciones nacionales, peninsulares y mundiales.
  • Promover reuniones en que se discuta el problema
  • Solidaridad efectiva con huelgas, despidos, etc.
  • Cuidado con las posiciones « anti ». Nos referimos a actitudes integristas de grupos y personas, que distin­guen entre «buenos y malos» entre «blancos y negros», etc.
  • Sinceridad para denunciar las actitudes poco limpias que ponen en peligro la unidad, sean de quien sean.
  • Y finalmente la constitución de organismos coordi­nadores de las fuerzas obreras a nivel de las provincias, de las nacionalidades y del Estado.

Creemos sinceramente que, sin simplificar el problema ni ignorar las dificultades para su solución, es muy grave el problema de las divisiones y que al menos hay que superarlo entre los grupos que de verdad desean un cambio real de las estructuras del capitalismo.

En ello, sólo nos jugamos una cosa: el triunfo de nues­tra causa.

ASPECTOS HUMANOS

Decíamos al comienzo de este capítulo que algunas de nuestras experiencias podrán tener valor en todo momento por relacionarse con problemas humanos que en esta etapa de la lucha se presentan de forma permanente. Pues bien, vamos a referirnos ahora a estos problemas. Su impor­tancia nos parece vital, a pesar de que para muchos presenten una apariencia «sentimental» o «mística».

En la actual situación de la península caracterizada por la represión de todas las formas de oposición, la clandestinidad ha sido obligada. Y clandestinidad significa recelos, suspicacias, divisiones, subdivisiones, etc. El aire se enrarece por la presión existente y el ambiente aparece totalmente envenenado. Las diferencias entre los grupos se agigantan y las críticas destructivas están a la orden del día; todo se sabe en forma de rumores, en voz baja; pocos se atreven a manifestarse con claridad ante los evidentes peligros que ello puede encerrar. En la acepta­ción de esta situación como inevitable es el Régimen, el capitalismo, el primer beneficiado.

Como consecuencia de todo ello, muchos de los hombres que luchan, forjados en medio de esta situación, han quedado marcados, limitados.

Por nuestra parte —como trabajadores que se han incorporado a esta lucha— hemos sentido las mismas influencias y presiones, los mismos peligros de recelos, divisiones, inactividad, etc.

Pero ciertamente, a pesar de nuestras limitaciones, creemos haber superado positivamente estas dificultades que tan funestas consecuencias parecen tener en la mayo­ría de los casos, en cuanto que imposibilitan la unidad, el entendimiento y la eficacia. Creemos por tanto que estos problemas objetivos que la clandestinidad presenta de forma acusada, pueden ser contrarrestados. Para ello es necesaria la existencia de líderes dispuestos a sanear el ambiente, a sembrar concordia, a dialogar, a construir, a trabajar contra todas las dificultades.

Sobre la figura del líder —el hombre aceptado por sus compañeros para responsabilizarse especialmente en la lucha común— queremos señalar ahora algunos aspectos extraídos de nuestra experiencia.

Estos aspectos son los siguientes:

Sentido de responsabilidad: El auténtico líder obrero se lanza a la lucha, a la acción, a la formación, no como quien realiza una actividad más, sino con plena consciencia de que se trata de la misión más importante de su vida: trabajar junto con sus hermanos de clase por la liberación de su pueblo y de toda la Humanidad.

Esto, concretado al plano de fábrica y a planos supe­riores, implica que:

a) El líder ha de ser un hombre que piensa. Ha de reflexionar una y otra vez sobre los asuntos que existan, sobre las tácticas a emplear, sobre la posibilidad de nuevas actuaciones. Y ha de someter ese pensamiento a una crítica en equipo, en el seno de la Comisión de Fábrica. (Como es natural esto no va en contra de la que puede realizarse en el seno de cualquier otro grupo u organización. Pero normalmente nos referimos a la actuación en la empresa).

Si realmente se realiza con intensidad el punto anterior, esta reflexión, este análisis constante de la realidad de cada empresa, conduce a un aumento de la capacidad de acción. La fábrica en la cual un grupo de líderes, representantes de sus compañeros, piensan, se reúnen periódicamente, planean sus actuaciones, está ya en camino de ser una célula viva capaz de insertarse en cuerpos superiores de lucha y de realizar acciones impor­tantes.

El pensar, el planear la acción, implica después la necesidad de tomar decisiones para llevarlas a la práctica.

b) El líder, en el terreno que se le haya confiado, debe tomar iniciativas. Muchas veces se cae en la rutina, o se dejan de hacer muchas cosas, debido precisamente a la falta de reflexión personal o al miedo a tomar deci­siones. No hay nada peor para una lucha como la nuestra que los hombres indecisos, los que esperan siempre que otros actúen primero. Se puede decir que toda la acción de una fábrica, aún con apariencia de organización, puede quedar anulada si los líderes no se mantienen en movi­miento.

Motivaciones profundas: Ideología.

Todo lo anterior exige, de forma imperiosa un espíritu, la existencia de razones serias a través de las cuales el líder da pleno sentido a su lucha, a su sacrificio.

Esto implica al funcionamiento de dos elementos muy importantes: cabeza y corazón.

Aunque sea de forma elemental el líder ha de saber por qué y contra qué lucha. Debe tener conciencia clara de la maldad del capitalismo y la necesidad de destruirlo para implantar unas estructuras nuevas basadas en la propiedad colectiva y la toma del poder por el pueblo.

Suele ser muy peligroso el enfrentarse a la empresa como si sólo se tuviese derecho a mejores salarios, etc.

Para todo esto es necesario leer, buscar y aprovechar las formas de aumentar las ideas, de llegar a tener una línea de pensamiento definida. Es eso que se llama una ideo­logía: un conjunto de ideas sobre la vida, la sociedad y su organización. Por supuesto que esta búsqueda de una línea de pensamiento o ideología ha de mantenerse siem­pre dentro de unos principios revolucionarios que se construyan sobre un estudio serio y profundo de la realidad que vivimos y sobre la experiencia de la Historia. Es indu­dable que para muchos trabajadores resultará difícil —dada la falta de formación existente— distinguir entre una ideología revolucionaria y la que no lo es. Lo impor­tante para encontrarla es que de verdad se desee un cam­bio total de la sociedad capitalista y que se esté dispuesto a emplear los medios más eficaces para ello, sacados de un estudio serio de la realidad en que vivimos. Esto es lo que podíamos llamar un líder con cabeza.

Pero lo anterior no basta. El líder tiene que tener corazón. Dentro de esta palabra incluimos una serie de sentimientos como los siguientes: deseo de testimonio personal, capaz de arrastrar a otros a través de su entrega total y sincera a los demás ; deseo de amistad con sus compañeros, sintiéndose uno de ellos y respetándolos a todos, con sus defectos y limitaciones; necesidad física de enfrentarse con la injusticia, de indignarse contra toda clase de atropellos ; deseo de jugar limpio, de trabajar honradamente por la unidad, de buscar con entusiasmo todo aquello que ayude a la liberación de sus hermanos ; voluntad de no aburguesarse y de procurar reducir en los demás la influencia de las evasiones egoístas fomentadas por el capitalismo.

Esto es lo que podíamos llamar un líder con espíritu, con amor, con entusiasmo para llevar adelanta sus ideas. El líder que verdaderamente lo posee, trata de transmitir a los otros sus conocimientos, sus esperanzas. Y para ello se inserta en medio de los demás, a través de su acción, de su amistad, de su sencillez, a fin de lograr una toma de conciencia colectiva, una participación general en su entu­siasmo y en su lucha. El líder es un animador de los demás; es el hombre que sin ingenuidad, porque conoce las dificultades, pero con firmeza, mantiene la esperanza en el día del triunfo.

Diálogo: Elemento unificador.

Ya hemos indicado antes que un hecho innegable, doloroso, es la división de las fuerzas obreras. Sus funes­tas consecuencias se sufren en todos los planos.

En la vida de empresa, quizás por la obligada convi­vencia de todos los días, es donde se pone al descubierto más frecuentemente esta separación en grupos, enfren­tados unos con otros.

Sería absurdo negar la existencia de puntos de vista, de ideas, distintos. Todo ello responde a la misma natu­raleza del hombre. Pero lo importante, lo urgente, es que por encima de esas diferencias se construya la unidad en la acción e incluso se busque todo lo que de común existe en las ideas de hombres verdaderamente revolu­cionarios.

Para ello hacen falta líderes de mentalidad abierta, sin sectarismo, sin posturas «anti», salvo para el capita­lismo o para los grupos obreros que hoy le hacen el juego.

Y no hay más camino que el diálogo y la colaboración en la lucha.

Una vez más la comisión de fábrica se presenta como lugar de encuentro. En todas las reuniones, en cualquier acción que se organice, se debe actuar limpiamente, con la mayor sinceridad. Si en algún momento se descubre alguna actuación poco clara de algún grupo, no es cons­tructivo «rasgarse las vestiduras» y deshacer la unión. Lo positivo es poner las cartas boca arriba y pedir una explicación que sea sometida a crítica. Y después… seguir adelante.

No cabe duda que en este trabajo concertado habrá que renunciar a esa total independencia que da el ser «cabeza de ratón». Cuando se trata de coordinar la acción entre hombres de diferentes grupos, de diferentes ideas, está claro que las decisiones, las tácticas, son fruto del encuentro de distintos puntos de vista, y por tanto nadie debe de tratar de imponer el suyo, salvo que sea aceptado democráticamente.

Quizás una de las cualidades más trascendentales en el líder que hoy hace falta, sea la bondad, la comprensión, el deseo de ser constructivo, de sembrar la unidad a través de la amistad, reservando las jugadas, las embos­cadas, para su verdadero enemigo el capitalismo.

En medio de un ambiente tan enrarecido, tan envene­nado, sólo hombres de juego limpio son capaces de unificar, es decir, de crear las condiciones para el triunfo de nuestra causa.

Y quizás entre los hombres o grupos más negativos haya que señalar a los amargados; los creadores de divi­siones; los de corazón endurecido; los que sueñan con brujas, con monstruos; los que sólo apoyan una acción cuando la ha propugnado o realizado su grupo; los que siempre buscan apuntarse tantos; los castrados para la amistad; los que creen poseer toda la verdad; los que viven del pasado sin revisar su pensamiento y la evolución de los demás; los que critican o condenan acciones sin preguntar a sus realizadores cuales han sido sus motiva­ciones, sus fines. Los que han perdido totalmente el sentido revolucionario y vegetan tranquilamente en medio de unas inoperantes discusiones.

Qué duda cabe que también en nuestra huelga hemos conocido algunas de estas actitudes. Es cierto que prácti­camente todos los grupos —al menos a través de sus hombres de base— han colaborado en favor de nuestra resistencia; pero otra ha sido la actitud de algunos diri­gentes que en los momentos decisivos trataron de hacer lo más pequeña posible la transcendencia de la huelga, quizás simplemente porque no iban a poder apuntarse el tanto o porque creyeron que eran otras siglas o iniciales las que dirigían nuestra lucha. Hoy es el día que los de Bandas nos preguntamos: ¿Es normal que después de cinco meses de lucha no se produjese una extensión seria del conflicto? ¿Se hizo todo lo posible para conseguirlo, por parte de aquellos grupos que en otras ocasiones —cuando las condiciones objetivas de la lucha eran menos favorables— han llamado a la huelga general? ¿Se puede decir que van a llegar pronto momentos mucho más oportunos para hacerlo? Y lo mismo podemos decir de algunas críticas de la huelga montadas por algún grupo exclusivamente sobre su enfrentamiento con otros, así como por la confusión en cuanto a sus objetivos.

No queremos insistir más en este punto. Sólo hemos querido decir que el total apoyo prestado por los traba­jadores de la base, no siempre fue debido al impulso dado por determinadas organizaciones obreras que por el contrario sacaron a relucir todo su carácter anti-revolucionario. Esa al menos ha sido la impresión sentida por muchos de nosotros. De gran interés nos parece el que cada grupo someta a revisión su conducta y la de los demás, dejando primero a un lado todo enfrentamiento que no tenga verdadera razón de ser.

De no cambiar la actual situación, el gran impulso que sirva para alcanzar nuestra liberación no va a surgir de un acuerdo en las alturas —entre los dirigentes de los grupos de la oposición— sino de una acción obrera nacida en la base y que consiga poner en pie a una buena parte de los trabajadores del país. Esperamos que si Bandas no lo ha conseguido, lo haya hecho, al menos, más cercano y posible.

Creemos sinceramente que algunos de estos elementos negativos tienen en parte explicación en la existencia de grupos obreros que han perdido la conciencia de sus verdaderos objetivos y en la dureza de las condiciones de lucha en estos últimos años. Situaciones de persecución, de clandestinidad, fomentan indudablemente la existencia de hombres y grupos recelosos, acostumbrados a mentir, a no fiarse de nadie, a ver enemigos por todas partes, en una palabra a deshumanizarse, a volverse excesiva­mente fríos, calculadores, partidistas, cuando no hasta contrarrevolucionarios.

Pero si se cae en la cuenta de las consecuencias que todo esto produce —divisiones, calumnias, sectarismos, dogmatismo—, surge la necesidad de tratar de vencer estas limitaciones.

Quizás en nuestra fábrica, el éxito de nuestra unidad sea en gran parte debido al esfuerzo constante por supe­rar las divisiones, los recelos. Aún en medio de la tremenda tensión de la huelga, mantuvieron nuestros líderes reuniones periódicas en las que se revisaba la acción, en que se criticaban posturas, actitudes, etc. Se hablaba con sinceridad, con dureza. A veces surgía el enfrentamiento personal; pero al final cuando todos habíamos expresado nuestras quejas, nuestras dificulta­des, la amistad, la unidad, habían encontrado una dimen­sión aún más profunda, y un sentimiento de confianza y de optimismo se adueñaba de todos. Y todo ello debido a que se procuraba inculcar un espíritu abierto, oxigenado, vacío de mezquindades y en constante búsqueda de los medios más adecuados para la consecución de nuestro fin.

Incluso en nuestras asambleas diarias se fomentó siempre un espíritu crítico constructivo, que nada tiene que ver con los que no creen en la capacidad que tiene el pueblo de superar sus miserias y ennoblecerse cada vez más en medio del sacrificio que nuestra lucha com­porta hasta tomar una plena conciencia revolucionaria.

En general podemos decir que durante estos años de nuestra lucha en Bandas —en medio de defectos, errores y limitaciones— se fue cimentando nuestra unidad a tra­vés de una actuación sana, constructiva, basada en la amistad en la comprensión, en el diálogo, en la crítica, y en la acción conjunta al servicio de todos. Pobres de aquellos que al elaborar los esquemas teóricos, tan nece­sarios para la acción (como decía Rovirosa, militante obrero catalán: «No hay nada más práctico que una buena teoría»), se olviden de infundirles un espíritu, una esperanza obrera que impregne de sentido a la lucha, al sufrimiento.

Si la revolución que propugnamos ha de ser humanista, empecemos desde ahora a tratar de darle este carácter a nuestra lucha y sobre todo a nuestro deseo de unidad obrera, a nuestro trato con los que participan de la misma opresión.

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