El motín de Nore

Por Pedro Amado. Basado en el testimonio de Robert Payton, trabajador del muelle de Sheerness aquella primavera de 1797 y testigo directo del evento, y que fue recopilado y publicado por Thomas Bastard en 1869. Extraído de la web de Todo a Babor.
Los motines de Nore y Spithead constituyen uno de los primeros ejemplos del empleo de la bandera roja en un conflicto de carácter laboral.

 

El alba del 12 de mayo de 1797 era clara e intensa en Sheerness, una pequeña población en la desembocadura del río Medway, costa sureste, al norte del condado de Kent, Inglaterra.

Desde principios del siglo XVI se inició la construcción de un fuerte en la orilla para disuadir de la posible entrada a fuerzas navales hostiles a la monarquía inglesa. Además frente a Sheerness, en el estuario del Támesis, que también se vacía en ese punto del mar del Norte, la Royal Navy dispuso un fondeadero y un arsenal llamado Nore.

A las 4 de la mañana de aquel día las trompetas despertaron de su sueño a los marineros y artilleros del HMS Sándwich (90), cabeza de una escuadra de 14 embarcaciones de la llamada flota inglesa del Mar del Norte y de más de 100 barcos mercantes, anclada en Nore. La flota de guerra estaba integrada por los siguientes buques:

Sandwich 90   Inflexible 64   Grampus 54
Brilliant 36   Phaeton 36   Champion 32
Director 64   Niger 32   Tisiphone 24
Iris 32   Le Epsion 24   St. Fiorenzo 36
Swan 18   Clyde 36      

La rutina del día incluía varios simulacros de batalla naval en mar abierto y una patrulla costera hasta Portsmouth, cien millas marinas al suroeste. El gobierno inglés, entonces en guerra con la Francia del directorio, estaba en permanente estado de alerta ante una posible invasión de las tropas galas, y la boca del río Medway era uno de sus potenciales puntos de acceso.

Cuando salía de su camarote medio dormido, el capitán del Sándwich, Robert Pine, se frotó los ojos pues creyó estar viendo visiones. Tres de los cañones del castillo de su propio barco apuntaban a su habitación y a la de los capitanes de fragata Hayes y Martin. Al pie de los mismos, cuatro aguerridos marinos con el torso desnudo y los ojos inyectados en sangre apoyaban las manos en la llave de ignición de las piezas. Pine preguntó a gritos qué estaba pasando y al no obtener respuesta se encaminó hacia los cañones. Noche cerrada, el farolillo de proa apenas iluminaba la escena. Al igual que en el resto de navíos de la flota, en el tope del palo mesana la bandera inglesa había sido sustituida por una enseña roja. Pine vociferó que todos volviesen a sus puestos de inmediato al tiempo que hacía ademán de blandir su espada.

Antes de que brotase la sangre, un individuo de aspecto refinado y decidido se adelantó de entre las sombras del combés. En un lenguaje culto y moderado explicó al capitán Pine que la dotación del barco no obedecería más sus órdenes ni las de ningún otro oficial, y les dio a elegir entre quedarse y someterse al nuevo mandato o abandonar el navío en una chalupa. Además, le explicó que la ciudad de Londres –a 60 Km de distancia río arriba- estaba bloqueada por vía fluvial y que ninguna embarcación podía acceder o soltar amarras de sus muelles sin un salvoconducto firmado por él.Continue Reading

El marinero como trabajador del mundo

Último capítulo del libro Between the Devil and the Deep Blue Sea, de Marcus Rediker (Cambridge University Press, 1987). Se puede leer como complemento el capítulo 5 de La Hidra de la Revolución, titulado “Hidrarquía: marineros, piratas y el Estado marítimo”.

Ned Ward, uno de los escritores de Grub Street[1] de principios del siglo XVIII, tuvo buen ojo para descubrir un detalle significativo y que revelaba un mundo cambiante. Observó que el marinero corriente consideraba sus manos como “sus amigas del alma”. El lobo de mar “generalmente las llevaba dentro de la pechera o de los bolsillos; no tanto para tenerlas cerca del corazón o de su dinero a bordo, sino como puro principio moral de no exponer sus mejores amigas, siendo las únicas en las que podía confiar”. Barnaby Slush, un “cocinero de a bordo”, expresó una opinión similar y describió la misma realidad social de quienes habían sido despojados de tierra, de instrumentos de trabajo y de propiedad. ¿Qué, se preguntaba, podía esperar un hombre que no contaba con “más consejo que el de un par de buenas manos y un grueso corazón”? Esta era justamente la situación del proletariado de la mar. La apasionada pregunta de Slush representaba la respuesta de la clase obrera, la necesaria réplica al distante e impersonal discurso de Sir William Petty acerca de la “mano de obra marina” como “mercancía”. La economía moral y la economía política se enfrentaban cara a cara. Hablaban en términos distintos sobre intereses también distintos y enfrentados.Continue Reading