Las asambleas obreras

Artículo publicado originalmente en el Boletín de las Plataformas de Comisiones Obreras, nº 2 (febrero 1971).

LAS ASAMBLEAS OBRERAS

En la situación actual del Movimiento Obrero español, merece nuestro máximo estudio y atención esta forma de organización de los trabajadores: las asambleas obreras, que últimamente se han impuesto en numerosas empresas.

Las asambleas obreras nacen en una situación histórica concreta y fruto de un proceso histórico.

Después de la revolución rusa y como consecuencia de las lu­chas que los trabajadores de todos los países iban desarro­llando, poniendo en peligro la continuidad del sistema capi­talista, la burguesía ante el peligro que esto representaba sólo tenía dos caminos: la represión o la integración. La revolución rusa había enseñado que cuando los obreros luchamos organizadamente, el poder puede perderse (el poder de la burguesía) y esto no lo podían permitir los capitalistas.

En Europa el capitalismo vio que la única posibilidad que tenía de sobrevivir, era concediendo a los trabajadores cierto tipo de “libertades” para que las luchas fuesen menos duras, adoptando las formas de los SINDICADOS LIBRES INTEGRADOS, a través de los cuales la burguesía negocia con los trabaja­dores concediéndoles mejoras económicas, pero a costa de au­mentar la explotación con los ritmos de trabajo, sistemas disciplinarios, huelgas “pactadas”. Todo esto, junto con un nivel de vida más elevado (electrodomésticos, coche, vacaciones, etc.) creó un sector privilegiado dentro de la clase obrera: la aristocracia obrera, que renunció a los objetivos a largo plazo de la clase obrera (eliminar la explotación).

La burguesía tolera estas organizaciones en estos países, sólo en la medida en que no se pone en peligro su poder. Cuando las presiones obreras alcanzan medidas “alarmantes”, ponen en juego su aparato represivo de todas maneras.

Mientras tanto en España, las luchas obreras también fue­ron aplastadas como en el resto de Europa, eliminando físicamente a todos los militantes obreros y a todas nuestras organizaciones, pero el capitalismo tomó posteriormente formas distintas que en el resto de Europa.

En lugar de abrirse con formas más liberales y disimular mejor la explotación, impidió por todos los medios que los trabajadores pudieran levantar cabeza, y ante cualquier intento de rebeldía obrera, nos han estado aplastando para impedir que desarrollemos nuevamente una organización capaz de defender nuestros intereses.

En la medida que el capitalismo español pudo acumular capital durante los años que siguieron a la guerra civil, a costa de pagar unos salarios de miseria, sobrevino una época de gran desarrollo económico, en la cual los beneficios de los capitalistas aumentaron enormemente, y los trabajadores, como con secuencia de esta expansión económica que aumentaba la demanda de la mano de obra, comenzamos a luchar.

Al principio, luchamos de una forma espontánea organizándonos en cada fábrica, por no tener posibilidades de organizarse y coordinarse con otras empresas. De estas luchas salió una nueva forma de organización que, al margen del SINDICATO FASCISTA que los capitalistas nos habían impuesto, orientaba las luchas que se llevaban a cabo. Estas organizaciones desaparecían cuando acababa la lucha, y sólo volvían a aparecer cuando se comenzaba un nuevo proceso de lucha.

POCO A POCO, NOS FUIMOS DANDO CUENTA QUE SIN COORDINAR Y HA­CER PERMANENTES ESTAS ORGANIZACIONES QUE SALIAN DE LA LUCHA, NO SE IBA A RESOLVER NADA. CUANDO ESTO LO TUVIMOS CLARO FUE CUANDO CREAMOS NUESTRA PRIMERA ORGANIZACION PARA LA LUCHA DE DESPUES DE LA GUERRA CIVIL: COMISIONES OBRERAS.

C.O. agrupaban a la mayoría de los compañeros más combativos de las distintas localidades. En un principio, desde dentro de las C.O., se lanzó la orientación de participar en los convenios, y ocupar los puestos representativos de la CNS: enlaces y jurados. Esto fue aceptado por la mayoría do las C.O. en aquellos momentos. De esta manera se fue a las elec­ciones sindicales del 1966, ocupándose numerosos puestos de enlaces y jurados.

Consecuencia.– Debido a la falta de clandestinidad (para con los burgueses), a la falsa idea de creer que dentro de un Es­tado capitalista se puede legalizar una organización de los obreros que luche contra la burguesía, y porque además muchas luchas empezadas de una forma legal terminaban espontáneamen­te al margen de la legalidad (de los burgueses), el capitalismo arremetió contra las Comisiones Obreras y HUBO UNA GRAN REPRESIÓN: despidos, sanciones, encarcelamientos… El ejem­plo lo tenemos en Hispano Olivetti, Maquinista, etc. en don­de la mayoría de enlaces y jurados honrados fueron desposeí­dos de sus cargos, sancionados, despedidos e incluso encarcelados.

Después de esta gran experiencia para la clase obrera, las C.O. fueron tomando unas características distintas: ser ile­gales y por lo tanto clandestinas. Marginando al sindicato vertical, la lucha de las C.O. es claramente contra los capitalistas y no por mejoras salariales exclusivamente sino por la eliminación de la explotación.

En la medida en que se avanza, los trabajadores vemos la ne­cesidad de discutir en común nuestros problemas para buscar, en todo momento, las alternativas que necesitamos en nuestra lucha diaria contra la explotación. En las fábricas en donde hay Comisiones Obreras, se han ido creando las condiciones necesarias para que los trabajadores viésemos la necesidad de unirnos, perdiésemos el miedo que los capitalistas nos han inculcado.

La nueva forma que se está adoptando en estas fábricas es la ASAMBLEA DE TRABAJADORES. Los trabajadores nos organizamos alrededor de nuestras ASAMBLEAS para defender nuestros intereses como clase.

De las fábricas donde existen Asambleas Obreras podemos sacar las siguientes experiencias;

  • Las asambleas son el órgano máximo de decisión y de poder de los trabajadores, y ninguna postura adoptada por la Asamblea puede ser revocada fuera de ella. SOLO LA ASAMBLEA TIENE ESTE PODER.
  • Todos los trabajadores tenemos derecho a opinar y a ser es­cuchados, aunque después se discutan las distintas posturas y se rebatan las que no se consideren correctas para los intereses de la clase obrera. Al adoptar la postura más co­rrecta después de ser discutida, hacemos ver a nuestros compañeros las infiltraciones burguesas que el capitalismo se ha encargado de inculcamos. Con la discusión en Asamblea se ven cuáles son nuestros intereses como clase, a largo y a corto plazo, frente a los intereses de los capitalistas.
  • En la Asamblea aprendemos que los trabajadores no tenemos ningún problema que no tenga por raíz la explotación capi­talista. Si queremos eliminar nuestros problemas particula­res debemos enmarcarlos en el contexto de la sociedad capi­talista y hacer que el problema de cada trabajador sea el problema de toda la Asamblea, de toda la clase.
  • En la Asamblea Obrera se dan gérmenes de otro tipo de sociedad regida por trabajadores y se abren mayores perspectivas demostrando que los obreros unidos podemos instaurar una sociedad sin clases, en la que no existan ni explotadores ni explotados, y los  intereses de la mayoría (clase obrera) se impongan por encima de los intereses de la minoría (clase capitalista).
  • Puesto que la Asamblea es una forma de organización de los trabajadores, cada miembro ha de someterse a la decisión de la mayoría. Es en la Asamblea que podemos ver quien de­fiende nuestros intereses y quien cambia de chaqueta; y podemos denunciar a los esquiroles y chivatos con poder para expulsarlos. Mientras que si confiamos en los representantes que el capitalismo intenta imponemos por 3, 4 o 6 años con los enlaces y jurados, éstos pueden ser comprados una y mil veces, y no tenemos ningún poder sobre ellos.

LA AGRESIÓN A UN MIEMBRO DE LA ASAMBLEA ES UNA AGRESIÓN CONTRA LA ASAMBLEA, CONTRA TODA LA CLASE OBRERA.

Actualmente las asambleas se van generalizando y en numerosas empresas las hemos impuesto con la lucha: Maquinista, Pegaso, Cispalsa, Faessa, Lavis, Harry-Walker, Macosa, Philips y otras…

Todas las Asambleas se erigen en el órgano máximo de los trabajadores en la empresa.

En ella podemos ver cuáles son los obreros más combativos, más luchadores y que mejor defienden nuestros intereses, ellos son los que forman la Comisión Obrera.

En ocasiones, para la lucha es necesario elegir a miembros de la Asamblea para que lleven adelante unas tareas decidi­das anteriormente (llevar un papel con las reivindicaciones a la dirección, explicar la lucha a otros compañeros de otras fábricas, etc…). En las Asambleas aprendemos, en contra de lo que dicen los capitalistas, que somos capaces de poner­nos de acuerdo cuando discutimos nuestros problemas; y de poner en marcha la auténtica DEMOCRACIA OBRERA.

En Europa actualmente los obreros, después de haber pasado por las formas que el capitalismo impuso de SINDICATOS LI­BRES INTEGRADOS, van organizándose en formas ilegales, al igual que nosotros (Pirelli en Italia, Renault en Francia).

Conservemos por encima de todo nuestras organizaciones: son el resultado del esfuerzo de muchos trabajadores.

Potenciemos y creemos en cada fábrica Comisiones Obreras, y hagamos de la Asamblea nuestro máximo órgano de decisión.

Sólo extrayendo las experiencias de nuestras luchas encon­traremos el camino que nos llevará a eliminar la explotación y a construir una auténtica sociedad sin clases.

¡VIVA LAS ASAMBLEAS OBRERAS!