Contra el Workfare y el trabajo obligatorio para los parados: campaña internacional del 25 de abril al 2 de mayo

A partir de mañana se inicia una semana de movilizaciones en el Reino Unido contra el programa workfare. Nos parece interesante conocer cómo se lleva a la práctica en otros países esa famosa iniciativa del Trabajo Garantizado abanderada por IU, en su pugna electoralista con Podemos. Como dijimos en su momento, la aparentemente amable propuesta de los demagogos está destinada a convertirse en trabajo obligatorio para los parados, la moderna versión de las viejas workhouses inglesas. [Texto extraído de mondialisme.org]

La organización británica Boycott Workfare ha convocado una semana internacional de lucha entre el 25 de abril y el 2 de mayo contra el trabajo obligatorio y las sanciones de las que son víctimas los beneficiarios de los subsidios. El grupo holandés Doorbraak apoya esta iniciativa y también ha lanzado un llamamiento para movilizar a los trabajadores y las organizaciones de los Países Bajos. Ya se han planeado varias acciones en ambos países. ¡Uníos a nosotros u organizad algo en vuestros barrios! 

He aquí cómo funcionan las cosas en esta sociedad: o bien tienes un trabajo remunerado y cobras un salario de esos que llaman “digno”, o bien no tienes curro y tienes que pedir prestaciones sociales. Pero ahora el gobierno nos obliga a trabajar gratis, afirmando que es por nuestro bien, para animarnos a encontrar un trabajo remunerado. Bajo el régimen de los job centers (una especie de agencias de empleo), los parados que cobran prestación pueden ser sancionados y están obligados a recibir inoportunas visitas en su propio domicilio.

Por supuesto, uno puede negarse a trabajar gratis, pero en ese caso te quitan la prestación y no puedes ni comprar comida ni pagar el alquiler. En realidad no hay elección, por eso lo llamamos “trabajo obligatorio no remunerado”.

Cada hora de trabajo que realiza alguien que depende del workfare ya no la puede hacer una persona cobrando. Por eso el gobierno holandés permite que se destruya empleo y que aumente el paro. Los gobiernos reducen el presupuesto despidiendo a asalariados y haciendo que trabajen gratis los solicitantes de prestaciones por desempleo. El workfare pone a disposición de las empresas trabajadores gratuitos. Y una vez que estos parados subvencionados han trabajado gratis durante algunos meses, las empresas los sustituyen con nuevos demandantes de trabajo no pagado. Estas empresas ya han logrado millones de euros de beneficio: los supermercados, las agencias de empleo y las empresas de limpieza sacan partido a este maná providencial.

El gobierno holandés también obliga a los parados en busca de empleo a pasarse al “voluntariado”, pues según dicen, “hay que dar algo a cambio” de las prestaciones recibidas. Ciertamente el voluntariado es precioso, pero sólo si realmente es voluntario. Ahora se está convirtiendo en una segunda forma de trabajo obligatorio, junto al modelo normal de workfare, que se supone que debe ayudarnos a encontrar un verdadero trabajo. Esto zapa los valores fundamentales de estas organizaciones que predican la solidaridad social y el verdadero voluntariado. Las organizaciones de voluntarios que aprovechan estas prácticas se aprovechan del carácter coactivo de estas medidas, y colocan (voluntariamente o no) a los demandantes de empleo en una situación tal, que se arriesgan a ser sancionados y a perder su prestación por desempleo.

Muchos demandantes de empleo y con prestación viven con miedo a estas sanciones. Éstas, unido al riesgo de ser sancionado, no dejan de aumentar. Los demandantes de empleo, por ejemplo, están obligados a aportar a los job centers (agencias de empleo) toda la documentación “pertinente” para recibir la prestación social. Pero esta información puede ser muy diversa y muchos demandantes de empleo y parados son sancionados por no haber aportado suficiente “información”. El régimen de sanciones y el sistema de workfare también están pensados para atemorizar a quienes aún conservan un trabajo remunerado. “Sed dóciles y no hagáis que os despidan, o si no entraréis en el régimen del workfare”, ese es el mensaje, en resumidas cuentas. La simple existencia del trabajo obligatorio no pagado hace que muchas personas no pidan la prestación social. Quienes logran superar todos los obstáculos y consiguen que les paguen el paro aparecen en los medios de comunicación como gente perezosa que no quiere trabajar. ¡Como si fuera fácil encontrar trabajo remunerado y no hubiera crisis! ¡Como si lo más importante en la vida fuera encontrar un trabajo remunerado!

¿Qué hacemos a cambio? Resistir

A pesar del miedo a las sanciones y demás problemas, cada vez son más los parados y solidarios que resisten. Se cuentan sus historias, se organizan y luchan. Así es como las pequeñas protestas individuales se transforman progresivamente en una resistencia colectiva. En varias ciudades de los Países Bajos han surgido comités de acción que han logrado pequeñas victorias. A raíz de nuestra resistencia organizada desde la base, cada vez hay más partidos y sindicatos que se oponen al workfare. 

¿Qué reclamamos? 

Como parados que reciben prestación:

  1. Supresión del régimen de workfare.
  2. Supresión de todos los obstáculos a la hora de reclamar la prestación por desempleo.
  3. Ninguna sanción.
  4. No tener que aportar “toda la información que pueda ser útil”.
  5. Aumento de las prestaciones sociales.
  6. Que se deje de estigmatizar a los parados.

Como trabajadores:

  1. Libre elección del empleo.
  2. Salario conforme a los convenios colectivos.
  3. Respeto a los derechos laborales.
  4. Buenas condiciones de trabajo.

En general:

  1. Que todos dispongan de medios de vida, sin ninguna condición.
  2. Que cese la propaganda de “la ética del trabajo”.

Eric Krebbers, Grupo Doorbraak (Países Bajos).