La prensa de los patrones contra la huelga de técnicos de Telefónica

Hace unos días informamos sobre la huelga de los técnicos subcontratados que trabajan para Telefónica en Madrid, anunciando que estaba a punto de extenderse por todo el país a partir del día 12, como efectivamente ha ocurrido.

La huelga primero fue acogida con el silencio absoluto de la prensa, y luego vinieron las maniobras de los sindicatos colaboracionistas y la empresa. Pero como los trabajadores subcontratados de Telefónica siguen empeñados en no cumplir el papel que les corresponde en la sociedad capitalista: trabajar para enriquecer a otros, como continúan en huelga defendiendo su tabla de reivindicaciones, la prensa de los patrones ha tenido que salir en auxilio de la multinacional, uno de los “buques insignia” de la economía nacional española. Y a la vez que tratan de sabotear por todos los medios la organización y la lucha de los proletarios subcontratados, los plumíferos a sueldo de los capitalistas, sin saberlo, les dan una palmada en la espalda como diciendo: “vais por el buen camino”.

En el artículo que publica hoy Fernando Lázaro en El Mundo lo podemos leer claramente: “Los paros y protestas comienza a amenazar a servicios básicos…”. ¿Paros, sr. Lázaro? ¡Pero si se trata de una huelga general que se ha extendido por todo el país a pesar del sabotaje patronal, sindical y periodístico! Aunque parece que no se ha enterado muy bien, o no ha querido enterarse, el periodista lo deja claro, la huelga sigue en marcha y la empresa empieza a tener problemas.

Los párrafos que firma el mediocre Lázaro son un buen ejemplo de los argumentos que tratan de emplear los capitalistas para minar los esfuerzos organizativos de los trabajadores y tratar de romper la huelga. Por un lado tenemos la clásica maniobra de apelar a los consumidores, al espíritu pequeño burgués que todos llevamos dentro y que quiere ante todo que las empresas a las que paga le den un buen servicio, sin importarle la situación y las condiciones de los trabajadores. Pero la bajeza del sr. Lázaro le ha llevado a ir un poco más allá, y no sólo apela a los consumidores sino que además trata de tocarles la “fibra sensible”: “Los paros y protestas comienza a amenazar a servicios básicos como el 016 contra la violencia de género, los números de emergencias y algunos hospitales. Peligran los servicios de teleasistencia para personas mayores, las alarmas, la comunicación de comandancias de policía… Existe un riesgo serio para la vida de muchas personas.”

¡Qué lamentos! ¡Qué quejidos tan lastimeros! ¡Cuántas desgracias pueden causar los “paros” de los trabajadores! Parece que nuestra vida está en sus manos y encima corre peligro. Pero si tan importante es la función que cumplen estos asalariados en la sociedad, sr. Lázaro, ¿no sería conveniente que su sueldo y sus condiciones de trabajo reflejaran tamaña responsabilidad? En cualquier caso, si corre peligro la vida de alguien no será responsabilidad de los trabajadores, sino de la empresa. Los huelguistas han demostrado que saben organizarse y actuar y no tendrán ningún problema en acudir a resolver las pocas incidencias que surjan en las que pueda estar en riesgo la vida de otros trabajadores. Para ello Telefónica tiene que poner al corriente de estos problemas al Comité de huelga, reconociendo así su papel como interlocutor y portavoz de las asambleas obreras. No es precisamente insolidaridad lo que están demostrando estos días los subcontratados en huelga, sino todo lo contrario.

La otra artimaña que intenta este periodista es otro clásico, el “divide y vencerás”. Criminalizando a un sector de los huelguistas, separando a los “violentos” y “radicales” del resto de los trabajadores, que son honrados y quizá se hayan visto empujados a la lucha contra su voluntad, los capitalistas tratan de romper la unidad y quebrar la solidaridad de clase. “De momento, los servicios de información han tenido acceso a conversaciones de algunos de los más «duros». En sus chats, los llamamientos a las actuaciones radicales son constantes. Los mensajes demuestran que los autores se organizan para detectar equipos de trabajo activos y acudir al lugar para impedirlo con violencia.”

Y aquí tenemos la palabra maldita, violencia. Los hipócritas burgueses, que nos hacen trabajar hasta reventar, que no vacilan en masacrar a pueblos enteros para defender sus intereses económicos, estos capitalistas que mantienen su régimen terrorista de clases con la fuerza y la violencia, se hacen los sorprendidos cuando a los explotados se les ocurre oponer derecho frente a derecho, a responder a la fuerza con la fuerza, a organizarse y empezar a defender los intereses del Trabajo. En efecto, no pueden asumir que se normalice la situación y que cunda el ejemplo, pues eso equivaldría a admitir que existe la lucha de clases en un mundo en el que debe reinar por encima de todo la buena armonía entre Trabajo y Capital, la colaboración de clases y la unión nacional. Y todo ello, claro está, para poder salir de la crisis, ¡por el propio bien de los trabajadores!

Dejando de lado el artículo de Fernando Lázaro, en el que se revela como periodista falto de talento e imaginación, por lo repetitivo de su argumentación, además de gazmoño y estómago agradecido, hay que reconocer dos cosas. Lo primero, que la huelga sigue adelante y empieza a hacer daño. Y lo segundo que, a pesar de ello, los huelguistas lo tienen difícil. Tienen enfrente a una de las mayores empresas del mundo, y hoy por hoy sólo cuentan con ellos mismos.

Hay que advertir que CGT, AST y Co.Bas, sindicatos que están participando y apoyando la huelga, forman parte del llamado Bloque Combativo y de Clase. Este frente sindical aún no ha dado señales de vida, y quizá sería buen momento para que empezara a moverse. Esperemos que esta inactividad no se deba a los preparativos del 1º de mayo, pues esta es una fecha simbólica, mientras que la huelga es real y requiere de muestras de solidaridad y unidad de clase aquí y ahora. CGT es un sindicato implantado en multitud de empresas de todo el Estado. El papel de un sindicato “combativo y de clase” sería, como poco, informar de la huelga de los técnicos subcontratados en todos los centros de trabajo donde esté presente, hacer colectas para la caja de resistencia, etc. Pero nada de esto sucede. Y es que el amarillismo está más extendido de los que parece.

Sólo nos queda, además de saludar desde aquí la lucha de los huelguistas y transmitirles fuerza y ánimo, señalar que la historia del movimiento obrero está llena de huelgas que han fracasado. Ni en caso de victoria hay que sobrevalorar lo conquistado tras largas luchas (conquistas que hay que defender constantemente de manera organizada, pues los capitalistas siempre están prestos a recuperar el terreno perdido), ni en caso de derrota hay que desmoralizarse y abandonar la organización. Renunciar a la organización y a la lucha es entregarnos atados de pies y manos a la patronal y las necesidades del capital.

La lucha en defensa del salario y las condiciones de trabajo las provoca la propia naturaleza del sistema capitalista, en el que se encuentran irremediablemente enfrentados los intereses de los capitalistas con los intereses del proletariado. La victoria real y definitiva no puede llegar sino como consecuencia de la desaparición del capitalismo, del trabajo asalariado y de todo régimen de explotación de una clase sobre otra. Cuando nadie pueda enriquecerse a costa del trabajo ajeno, cuando la riqueza que crea la fuerza de trabajo no se divida ya en salarios y plusvalía, cuando todos seamos trabajadores y el producto de nuestra labor se reparta según las necesidades de cada uno, y no según el derecho que otorga la propiedad privada, entonces desaparecerán las causas que originan esta lucha secular entre explotadores y explotados.

Hasta que llegue ese día los proletarios no contamos con más derechos que los que nos dé nuestra fuerza organizada, nuestras organizaciones de clase.