La lucha de los trabajadores subcontratados de Telefónica: hacia la huelga indefinida nacional

El pasado 17 de marzo los más de 400 trabajadores reunidos en la asamblea de personal subcontratado y autónomos que trabajan para Telefónica-Movistar en Madrid, resolvieron dejar de trabajar a partir del 28 de marzo hasta lograr la satisfacción de sus reivindicaciones: retirada del nuevo contrato bucle 2015/2018 de Telefónica con sus contratas y una jornada de 8 horas. La huelga, que va camino de su primera semana, se va a extender por todo el territorio estatal a partir del 7 de abril si la empresa y los sindicatos subvencionados no lo impiden.

La historia de Telefónica es la misma que la de tantas otras empresas en todo el mundo. Vieja sociedad estatal, privatizada entre 1995 y 1999, presente hoy en 20 países con más de 120.000 asalariados, la compañía se ha valido del mecanismo de la subcontratación para ir socavando las condiciones de trabajo de sus empleados, reduciendo los salarios y la plantilla mediante estas empresas intermediarias que permiten contratar personal con unas condiciones diferentes al convenio de la empresa matriz. De los 90.000 trabajadores que tenía la empresa en los años 90 en toda España, se ha pasado a 30.000, mientras los clientes se han multiplicado por 30, creciendo de 10 millones a 315 millones en todo el mundo. Buena parte de estos asalariados han pasado a las empresas subcontratadas (que se rigen por el convenio del metal) y se han visto obligados a transformarse en falsos trabajadores autónomos. Con la llegada de la crisis en el 2007, todo este proceso se ha hecho si cabe más intenso.

En el 2007 en Barcelona cada quince días había una asamblea de compañeros y compañeras de nuestro sector. Al principio éramos poca gente, encartelábamos los repartidores anunciando esas asambleas y no siempre venia mucha gente, se hacía mucho esfuerzo pero no se correspondía con los resultados. Estas asambleas se hacían en la sala del Comité de Telefónica y no había ningún problema para poder acceder, mientras era poca la asistencia. Pero un día asistieron a la asamblea 80 compañeros y compañeras. Ya se conocía como iba Telefónica a apretar con el nuevo contrato de bucle y a partir de entonces cada vez que había asamblea enviaba a su policía privada para que tomara nota de los asistentes. Entonces las asambleas las hacíamos en la calle, frente a la central de Parallel, y aún con todas las dificultades la asamblea de Barcelona logro “armarla  bien gorda” con una manifestación de furgonetas y convoco huelga de contratas subcontratas y autónomos en toda Catalunya. Queríamos recordarlo ahora que ya han pasado 5 años y volvemos a luchar contra las agresiones de estas multinacionales voraces. Apropósito de todo esto, hay que decir también que esta web teleAfonica.net nació de una propuesta que alguien hizo en una de esas primeras asambleas con tan poquita gente.

Este empeoramiento escalonado y progresivo de las condiciones de trabajo no podía dejar de generar respuesta por parte de los afectados. A pesar de todas las dificultades, siendo una de las principales la dispersión de los trabajadores en multitud de empresas (más de 600 sólo en Cataluña), desde hace varios años se viene desarrollando un movimiento organizativo, con el apoyo de los pequeños sindicatos alternativos[1] y de los grandes sindicatos colaboracionistas, que después de pasar por varios conflictos sectoriales y localizados, aprovechando las posibilidades que ofrecen los modernos medios de comunicación, parece que va a desembocar ahora en una movilización de carácter estatal con las siguientes reivindicaciones:

  • Derogación del contrato mercantil.
  • Jornadas laborales de 8h.
  • Igualdad de condiciones en contratas y subcontratas.
  • Salario base bruto de mínimo 2000€, lo que mejora el convenio del metal.
  • Incorporación en plantilla de los autónomos que así lo deseen.
  • Plantear la incorporación en plantilla de Telefónica del personal subcontratado.

Estamos ante un caso semejante al que tratamos hace unos días cuando hablábamos del movimiento estadounidense Fight for 15$: un movimiento contradictorio en el que el impulso desde abajo ha desembocado en una lucha con unas claras reivindicaciones clasistas y en la huelga indefinida, pero que tiene que lidiar con la función que cumplen los agentes capitalistas en el movimiento proletario, los sindicatos subvencionados, que se dedican a acompañar las luchas para evitar que desborden el marco en el que las encierra la legalidad burguesa mientras esperan la ocasión de poder desactivarlas y encauzarlas mediante sus maniobras habituales.

Lejos de ser casos excepcionales, estas luchas constituyen más bien la norma a la que los proletarios nos vamos a tener que enfrentar, aprendiendo a salvar las dificultades que genera esta situación y la posición de los sindicatos colaboracionistas como interlocutores y mediadores oficiales con la patronal. “Los «sindicatos mayoritarios» —tampoco tan mayoritarios puesto que, todos juntos, no agrupan a más del 5% de la población activa— no obtienen su poder de sus afiliados o de su influencia, sino de su aplastante posición legal, tanto a nivel del Estado como de la base de las empresas.”[2] Si bien en las empresas más pequeñas (aunque por el número de empleados sean grandes empresas) los sindicatos de los patrones se pueden permitir el lujo de dejar abandonados a su suerte a los trabajadores más desguarnecidos y peor pagados, en las grandes empresas, cuando el movimiento de lucha afecta a miles de asalariados, no pueden dejar que éste escape a su control o al menos a su supervisión.

La única salvaguarda para el proletariado consiste en permanecer fiel a sus métodos asamblearios y sus reivindicaciones clasistas, en confiarlo todo a la organización, la extensión de la lucha y el apoyo solidario del resto de la clase. La lucha de los subcontratados y falsos autónomos de Telefónica es la misma que la de los trabajadores de Correos, las trabajadoras de Valpán y Cleanet, los asalariados estadounidenses de la comida rápida, los obreros represaliados de Venezuela y los mineros de Ucrania. Es la lucha internacional de la clase proletaria contra los ataques de la burguesía, una misma lucha mundial entre Capital y Trabajo a través de la cual los asalariados pasamos de ser miserables esclavos atomizados a convertirnos en una clase internacional enfrentada a la explotación del hombre por el hombre.

Terminamos reproduciendo la carta de un trabajador que, allá por el 2007, cuando el movimiento que hoy parece abocar a la huelga indefinida nacional estaba en sus comienzos, ya expresaba con bastante claridad el pensamiento que ha hecho que la lucha llegue a donde ha llegado:

TODOS SOMOS TELEFÓNICOS

Esa conciencia de pertenencia a una actividad laboral común, ese necesario espíritu de camaradería o compañerismo, que lleva a colaborar y realizar en equipo nuestra labor, que se caracteriza por trabajar en el mundo apasionante de las telecomunicaciones sabiendo que estamos cumpliendo una función social de una enorme magnitud para el presente y futuro de nuestro país, parece algo ajeno, tan lejano como los tiempos pasados cuando nuestros padres y abuelos luchaban por ser trabajadores dignos, recibiendo el trato que humanamente merecemos. Creerá alguno que tal vez exagero; pero acordará seguramente que si algo de esto existió, hoy el sentimiento que prevalece es el de soledad, el de indefensión, y en muchos casos el de resignación.

Cuando hablamos entre compañeros casi siempre se termina en la conclusión de que no tenemos salida “es lo que hay” dicen.

Pero todos coincidimos en cómo está la situación laboral y sobre lo que ha empeorado con los nuevos contratos impuestos por Telefónica.

¿Cuál es la razón de este estado aletargado?

Sin dudas el primer problema está en las direcciones sindicales que dejan cada día más en claro el rol de bomberos al servicio de la empresa, de profesionales de la desmoralización y del entreguismo flagrante de las conquista de los trabajadores telefónicos.

Los primeros que han asumido la política de la empresa son sin dudas los representantes de UGT-CCOO.

Como todos sabemos de sobra, estos “representantes” de los trabajadores han aceptado resignar cuantas conquistas históricas ha hecho falta, entre ellas una por la que la clase obrera siempre ha luchado en todo los países avanzados de la tierra, a saber la categoría profesional del trabajo y la reivindicación de igual salario por igual trabajo.

Llevamos décadas con el cuento de la flexibilización, de la polivalencia, de la disponibilidad, de la productividad, y el rendimiento de la producción, lo que se resume en la rentabilidad del CAPITAL que no es otra cosa que trabajo acumulado, y que irán a engordar los bolsillos de los empresarios.

Hoy según parece, el tótem lo vienen a ocupar conceptos como estos, que encierran en sí mismos la filosofía de los cerebros neoliberales que nos imponen las “reglas de juego del mercado”

Así durante esos años de bonanza, en los fervientes años de las .com las cosas funcionaban a ritmo supersónico en Telefónica, la empresa seguía su expansión por el mundo, y aquí en España se aplicaba rigurosamente la liquidación de las antiguas condiciones laborales de los trabajadores telefónicos.

Con la liquidación de Sintel, con la que colaboraron todos los interesados políticos y empresarios, y con la traición de los sindicatos, quedó libre el terreno para que las contratas y subcontratas se lanzaran al botín que le ofrecía un contrato de telefónica o de una de las grandes contratas, para enriquecerse en poco tiempo a costa de los trabajadores telefónicos con un nuevo régimen que separaba a los telefónicos en trabajadores de primera, de segunda y de tercera.

Cada uno con un salario inferior al otro, no por la actividad realizada, sino por el nivel del “empleador” que le tocaba a cada uno en desgracia tener, en una compleja malla de relaciones de explotación, como una red donde Telefónica es el centro y tiene el absoluto control.

En aquellos años hubo gente que prácticamente se hicieron ricos de la noche a la mañana, jerarcas de telefónica que supieron montar “su contrata” ganaron miles de millones de Pesetas.

Estas cosas son muy buenas de recordar porque son parte de la misma película, la película de nuestra vida laboral, la que protagonizamos los trabajadores telefónicos con las nuevas tecnologías siempre a la vanguardia, en todos los terrenos, en particular en el de acumular la injusticia y la explotación para obtener enormes ganancias que van a engordar los bolsillos de LaCaixa y de todos los que se ocultan detrás.

Hoy parece que con los nuevos contratos están en un “barajar y dar de nuevo” y como siempre con cartas marcadas, nuevamente las reestructuraciones de telefónica tienen un coste enorme para los trabajadores.

Recordarán los memoriosos cuando se fue entre gallos y medianoche el amigo del poder de turno, el Villalonga, menudo tendal quedó, la crisis en el sector fue tremenda, una caída que todavía sentimos sobre nuestras espaldas.

Primero fue la rebaja del puntaje de la faena y hoy la última perla, es la rebaja del precio del punto, que durante diríamos los últimos diez años se mantuvo en las 1000 ptas. ahora se ha bajado a 800 ptas. o incluso menos.

Podrán argumentar que las crisis de las .com fueron las que condicionaron las circunstancias que provocaron la caída momentánea del sector, sin embargo la expansión de telefónica continuó con la ampliación de los servicios a través del bucle de abonados con incorporación de tecnologías de ADSL y con las inversiones en infraestructuras de cable de FO.

Lo verdadero es que Telefónica de España, desde el día en que los personajes poderosos y ricos se confabularon con los políticos para repartirse “el pastel” de las telecomunicaciones, pasó de ser un servicio público a ser el negocio de unos pocos;

Sin contar que lo hicieron quedándose con una gigantesca infraestructura que todavía rinde beneficios. Ni hablar del negociado que hay detrás de la recalificación del patrimonio edilicio de la Telefónica, en fin todos beneficios, ganancias astronómicas, ningún quebranto, un negocio redondo, fantástico, eso tienen entre manos los amigos de don José María García, cuando contó aquello de Aznar y Villalonga, en el programa censurado.

Pero cuál es entonces la virtud de este estado de cosas, donde solamente un sector tan reducido se ve tan favorecido a costa de una cada vez mayor explotación de los trabajadores de las telecos.

Hete aquí porque todos callan ante las evidencias y pretenden disfrazar la cuestión para sostener la política de una creciente entrega de las conquistas, en aras de un pleno empleo a costa de una mayor precariedad y salarios en constante caída libre.

Hay cuestiones como estas que son tan evidentes que hasta un niño de primaria lo sabe,

En esta enorme torta de las telecos, los únicos que nos perjudicamos somos los curritos, y por supuesto la calidad del servicio y los abonados.

Pero la especulación con “el mercado de las telecos” repercute también en el retraso tecnológico en que estamos, en manos de inversores mezquinos que se apropiaron de un patrimonio social de todos los españoles para ponerlo a rular en exclusivo interés de un reducido círculo de la sociedad.

Hoy no por casualidad nos encontramos que bajo el gobierno socialista, los telefónicos estamos en los más bajos momentos desde la fiesta de la privatización.

Quienes generamos semejantes cifras de negocios, una enorme masa de riqueza que año tras año engorda a la Telefónica, cada día sufrimos un mayor despojo, una negación sistemática de nuestros derechos, un ataque sin cuartel contra el conjunto de los telefónicos.

Este estado de cosas en todas las épocas se le llama injusticia, despotismo, explotación desproporcionada.

Ahora parece que estamos en una época donde por estás cosas deberíamos los trabajadores estar agradecidos con los empresarios por darnos trabajo, esto es lo que parecen transmitirnos las directivas sindicales cada vez que firman una nueva cláusula de mayor flexibilidad en el empleo mientras hacen la “vista gorda” con la situación que padecemos los trabajadores de las telecos.

Por fortuna todavía nos queda la capacidad de reflexión para darnos cuenta que el mundo neoliberal con su filosofía del mercado ha convertido ahora más que nunca a los trabajadores en simples mercancías y a un precio de saldo.

Por eso la gente se empieza a dar cuenta de lo que está pasando y cada día se nota un mayor acercamiento entre compañeros, es decir que aquellos años de rechazo y discriminación que reinaba en las centrales y ese individualismo frenético comienza a desaparecer.

Es el momento de que los telefónicos luchemos por un único convenio, porque todos somos telefónicos y en unidad debemos hacer sentir nuestro reclamo de terminar con este sistema despótico que dirige y condiciona nuestras vidas sometiendo a los trabajadores a ritmos de trabajo inhumanos, injustos y peor pagados.

ESTO VIENE DE MÁS ATRÁS

Es necesario correr el velo que oculta la mentira de la que muchos han estado viviendo y acumulando dinero y poder a nuestra costa. Por lo que todo esto se ve agravado por la inflación del costo de vida, que desde la entrada del Euro no ha parado de crecer, lo que hay que agregar a lo antes expuesto, el 66 %  de aumento disimulado en el redondeo que todos hicieron, en especial el estado en todos sus niveles.

No solamente fue el café con leche el que pasó de 100 ptas. a 1 Euro, sino que por ejemplo el de los parquímetros, pasó de 50 ptas. a 50 céntimos, es decir 83 ptas., aproximadamente un 60 %, hay innumerables ejemplos de la economía doméstica que cualquiera puede demostrar sin mucho esfuerzo, no hace falta ser un experto académico de economía para ser víctima  del saqueo a nuestros bolsillos que calladamente han consumado, por eso se empieza a escuchar a la gente hablar sobre estos problemas y a quejarse en la compra cuando ven como los artículos de primera necesidad aumentan sin justificación, aumentos que se agregan a la caída del salario que hemos mencionado sobre el €uro.

La periodista canadiense Naomi Klein hace un aporte cuando explica como los empresarios, los políticos y los banqueros, se ponen de acuerdo para provocar un choque psicológico en la población, para aprovechar esos momentos de confusión, y lo hicieron con el cambio del signo monetario, nos han sorprendido con la guardia baja.

Pero como a toda mentira el tiempo la pone en evidencia, y a su ritmo la realidad comienza a dar síntomas de agotamiento, de insatisfacción social y de inquietud que cada día se manifiesta un poco más.

Eso lo vemos en nuestro propio gremio, muchas luchas se están llevando a cabo, pero pocos conocemos de esas luchas que los medios de comunicación en manos de las corporaciones multimedia que son los “formadores” de opinión de la sociedad, los conflictos laborales no están entre sus prioridades informativas.

Hay demasiados en el poder interesados en no “hacer olas” con estos temas, o en hacer “otro tipo de olas” para desviar la atención.

La creciente preocupación por las dificultades económicas y laborales, darán como resultado que todos tomemos conciencia y que salgamos del letargo.

Sabemos que no podemos esperar nada de UGT y CCOO, ellos vienen demostrando  que son funcionales al poder de turno y aquí en telefónica son los abanderados de los “riesgos laborales” que no incluye por supuesto, ni al salario, ni al régimen de trabajo del cual se desentienden.

Es que estas organizaciones se han convertido en organizaciones corporativas en sí mismas y para sí mismas, y no como fue en sus orígenes una herramienta de lucha sindical para la defensa de los derechos de los trabajadores.

Hoy en el mejor de los casos son administradores de la entrega y de la renuncia, ellos son los primeros a la hora de calmar las olas.

Por tanto solamente podremos confiar en nuestras propias fuerzas, y comenzar a trabajar por la unidad de todos los telefónicos y a crear una red de solidaridad organizándonos sin prisa pero sin pausa, en núcleos desde donde podamos organizarnos.

No será la primera vez ni la última que los trabajadores debamos salir a defender nuestros derechos por nuestro propio pie, no será tampoco la primera vez que la clase obrera construye nuevas herramientas de lucha, el único elemento indispensable es la unidad, la movilización, la organización que solo puede ser posible con el genuino ejercicio de la democracia obrera.

No por esto debemos excluir a nadie, mas al contrario debemos buscar en todo lo posible la unidad para actuar si de verdad queremos cambiar algo.

Pero el primer paso es hablar del tema en el trabajo, crear una red de distribución de las noticias del gremio telefónico que refleje las luchas y las causas comunes que ayuden a fortalecer la lucha y la unidad de los telefónicos.

¿Cómo podemos hacer para comenzar a tejer esa red de solidaridad de los telefónicos?

Es necesario planificar acciones, como por ejemplo campañas de esclarecimiento, de denuncia y de llamado a coordinar medidas de lucha, y a apoyar a los que están luchando como los compañeros de Burgos, que anuncian medidas y bajar a las centrales a llevar esas propuestas con insistencia, debemos conocernos las caras, los compañeros deben empezar a ver que existe un nuevo activismo, eso es fundamental.

Tenemos que empezar a reunirnos y a organizarnos, ¿surgirá un movimiento?

Esa es la ingente necesidad y en ese camino apuntan todos los compañeros que ahora mismo estamos luchando.

Nacho “el anónimo”.

 

Pues parece que sí, sr. Nacho “el anónimo”. Finalmente surgió un movimiento. ¡Y que no decaiga! ¡Que se extienda! ¡Que la organización y la solidaridad de clase vuelvan a ser moneda corriente entre los explotados!


[1] Sindicatos alternativos, pero no por ello de clase, pues lo normal es que estos pequeños sindicatos empleen los mismos métodos de lucha que los grandes sindicatos colaboracionistas (aunque se beneficien del desprestigio de estos entre los trabajadores) y tengan una parecida vida burocrática, beneficiándose de los fondos y subvenciones del Estado de los patrones.

[2] Los Colectivos de Solidaridad. Una experiencia de lucha en París (2001-2003). Ed. Klinamen, 2014. Ver el artículo de Henri Simon, McDonald’s y Compañía, pág. 127.

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