Batas Blancas

Es en el Teatro del Águila donde se ha representado esta obra, muy vinculada con las protestas y las luchas laborales que se han desarrollado en estos últimos años. Batas Blancas, escrita por Eduardo Recabarren sobre una idea de Aintzane Garreta, recoge las experiencias que sufren los propios actores fuera de la escena, como trabajadores, pues la mayor parte desempeñan los mismos trabajos que cualquier obrero para poder sobrevivir. Así, de puño y letra de una trabajadora temporal de la sanidad pública, la obra adquiere una dimensión y una perspectiva obrera a la que no estamos acostumbrados. Además, atendiendo a la puesta en escena, trata de borrar la línea que separa al espectador-pasivo de los actores, lo cual nos acerca a lo que debería ser un teatro obrero, pues la cultura obrera se desentiende de estas divisiones burguesas. Como existe el señor ocioso y el trabajador que le sirve para poder gozar de esa ociosidad, también existe la división entre el que ejecuta un espectáculo y aquel que pasivamente acude a verlo. Como vemos, son culturas muy distintas que a medida que se va incrementando la brecha entre los ricos y los pobres se desarrollan hacia sus representaciones propias, con métodos y lenguajes propios.

En este caso se toma como escenario una asamblea de las muchas que ha habido desde el 2012, cuando comenzaron a generalizarse las luchas en este sector antes intocable, dado que se entiende que se trata de un servicio a la ciudadanía, público. Lo malo es que en lugar comportase como algo “de todos”, se comporta en realidad como algo que le pertenece al Estado. Estado capitalista, que es representante de los intereses de los burgueses en su conjunto. Así, a través de distintos procesos, se han ido depauperado las condiciones de los asalariados de este sector. Las obreras  y obreros limpiadores, celadores, de mantenimiento, enfermeros, hasta los privilegiados médicos, han visto cómo se han ido externalizando las empresas que desarrollaban sus labores en esos centros, llegando a sustituir completamente a los trabajadores del Estado por trabajadores de empresas privadas pagadas por el Estado.

Y este es el proceso que estamos viviendo en todas partes, la progresiva desaparición de los privilegios con los que han comprado a la clase trabajadora los imperialismos occidentales y gracias a los cuales los proletarios alienados de esta parte del mundo se han vuelto cómplices del maltrato y de las condiciones de vida de los obreros pobres en otros países, así como del propio. En estos momentos en que el Estado burgués muestra su verdadero rostro, en que la democracia pierde su careta y muestra sus fauces al proletariado, es cuando podemos ver más claramente cuál es la condición de obreros que nos une y la necesidad que tenemos de organizarnos.

La obra llega a tocar todos estos asuntos. Desde el primer momento, en la recepción, los actores tratan a los asistentes como doctores, para que vayan interiorizando que también van a representar a otros médicos en la obra. Así pues, cuando todo el público entra, da comienzo una “asamblea” en la que están representadas las dos partes enfrentadas, pues también aparecen los directivos de la “Fundación” de gestión privada del hospital que antes era enteramente de gestión pública. Comienzan a presentar las nuevas condiciones de los trabajadores y aparecen dos bandos enfrentados en plena batalla. A través de la contextualización de cada uno de los procesos narrados, en su tiempo y su desarrollo, la obra es capaz de mostrarnos una realidad de la que todos somos testigos, pero que no vemos en los medios habitualmente. El despertar del pensamiento a la luz de los ejemplos cotidianos, quizá llevados un poco al extremo para que puedan evidenciarse aún más, surge ya en el primer acto.

Un policía lleva a un detenido acusado de robo, en un contexto de crisis social y desempleo. Procedente de un barrio obrero, lo cual le vuelve culpable a los ojos de las autoridades (cosa que no suele ser cierta), en la obra se aclara su inocencia. El policía detiene a un joven por tratar de robar una moto y le lleva al hospital con una venda en la cabeza. En la entrada, la médica del hospital enseguida se identifica con el discurso del policía y ambos alargan deliberadamente la atención del “detestable” ladrón. Luego enlazan con un tema de tremenda actualidad como es que los jóvenes en desempleo mayores de 26 años no tienen derecho a asistencia médica y muchas veces no reciben la atención necesaria al carecer de un seguro de salud privado.

Así da comienzo la obra, que no oculta la verdad en ninguna parte. Relata la complicidad de médicos políticamente más afines a la burguesía y presenta también a aquellos que se identifican de manera más cercana con la clase obrera. Como ella, defienden sus intereses laborales, que en el caso de la sanidad pública han sufrido y sufren una derrota al tratar de defender una asistencia pública, que resulta difícilmente sostenible en un mundo capitalista.

Sin destripar la obra, podemos decir que ésta llega al punto de la ciencia ficción, sobre todo en el acto en el que se representa un programa televisivo (nada inusitado en realidad), cuyo cierre es glorioso. Tras el ajetreo angustioso que genera el ambiente trepidante y ruidoso del lenguaje televisivo, tiene lugar una acción totalmente liberadora como revancha. En este punto se alcanzan tintes surrealistas y además es cuando el público adquiere más protagonismo como parte de la escena, pues se recrea un plató de televisión. Un estupendo modo de superar “a lo situacionista” la división entre público y profesionales.

La asamblea funciona como un coro que entre acto y acto introduce y presenta el siguiente. Así podríamos identificar cada acto con algunas frases que resuman la esencia de su contenido. El del policía y la médica negligente, ya comentado, se continúa de forma muy interesante con la asamblea en la que se alude al corporativismo desde una postura victimista. Más tarde aparece el drogadicto de las altas esferas, que representa la corrupción de las direcciones y las patronales. Luego la médica y su amiga, donde parodiando las maneras de “las adineradas”, sus falsedades e hipocresías, se introduce un tema muy importante como es el aborto, sobre el que lanzan un chantaje hipócrita muy bien traído a la escena. Aquí tocan también la cuestión de la corruptela generalizada, pues allí donde existe la propiedad privada, el robo o los privilegios están a la oren del día. Se alude aquí a esos pequeños desfalcos que se hacen en la sanidad “de todos”, los que intentan colarse en las listas de espera, etc. En otros actos se toca el mal uso de medicamentos y material, la destrucción de expedientes incómodos, etc.

Hay otro acto genial que podríamos intitular “la medicina para las máquinas o la medicina para tratar seres humanos”, que se despliega en un trasfondo de competencia laboral basada en las diferencias nacionales. Todos los asuntos se presentan con la naturalidad de lo cotidiano, a los que nos enfrentamos diariamente, como la cuestión de la alienación o la conciencia de la pertenencia a una clase social con unos intereses determinados.

Posteriormente, el acto del jefe y su esbirro en que se enfrentan a los trabajadores más vulnerables muestra los planes que urden las jefaturas para despedir a los médicos residentes. Momento que se aprovecha para lanzar un alegato en defensa de sus condiciones de trabajo. Aquí, sin profundizar demasiado, se menciona a los sindicatos como elemento de defensa de los trabajadores.

También hay que mencionar, en el acto del programa televisivo, el tratamiento que se da a la cuestión de la donación y el trasplante de órganos. La imposibilidad de los médicos y de los trabajadores en general de realizar un trabajo socialmente útil, pues efectivamente en una sociedad capitalista esta posibilidad queda vedada, relegada a los márgenes de la sociedad y su existencia es fortuita o se da únicamente en el fragor de la lucha contra el sistema.

El trabajo realizado por los actores es inmejorable, ¡da gusto ver este tipo de obras de teatro!

Sigamos en esta línea, pues así el obrero tendrá sus propias representaciones, al servicio de su cultura. Batas Blancas se abre a este camino.