FIGHT FOR 15$: De las huelgas de septiembre y diciembre al National Day of Action del 15 de abril

El movimiento Fight for 15$ (Lucha por 15$), en continuo desarrollo desde comienzos de 2012, ha logrado organizar a los trabajadores de la comida rápida de los Estados Unidos entorno a la defensa del salario (15$/hora) y el derecho a sindicarse sin sufrir represalias, y poco a poco está atrayendo a otros sectores de asalariados con bajos sueldos, como los trabajadores de los aeropuertos, servicios sanitarios, etc.

Aunque a primera vista se presenta como un movimiento de base, su origen y sus primeros pasos están lejos de ser espontáneos. En Nueva York y Chicago, cuna de del movimiento, los inicios de esta organización obrera están estrechamente relacionados con la actividad de algunos grupos de activistas de izquierda ligados al Partido Demócrata (Action Now en Chicago y New York Communities for Change, ambos salidos de la desaparecida ACORN, Association of Community Organizations for Reform Now). La estrecha conexión entre los activistas de Chicago y la organización local del sindicato SEIU (Service Employees International Union) permitió contar desde el primer momento con los recursos financieros del sindicato para las campañas, en las que se han gastado enormes cantidades de dinero. Hasta aquí nada nuevo bajo el sol, pues también en España vemos cómo los partidos de la izquierda del capital se esfuerzan en crear espurios movimientos de base a través de los cuales desplegar su propaganda y extender su influencia política (tenemos el reciente ejemplo de la Red de Solidaridad Popular en Madrid, patrocinada por IU, o los intentos de Podemos de crear el sindicato Somos), aunque normalmente sin poner ni un duro.

Los peligros que entraña la presencia y el liderazgo del sindicato subvencionado y colaboracionista SEIU y de los activistas de izquierda, su influencia en el movimiento, ya han sido señalados por algunos militantes obreros norteamericanos. Se ha afirmado, con razón, que en las primeras manifestaciones y huelgas convocadas por Fight for 15$ había mayor presencia de activistas de izquierda y de políticos demócratas buscando la foto que de los propios trabajadores, y que más que presionar mediante la fuerza organizada se pretendía llamar la atención de los medios de comunicación. Parece que muchas veces los trabajadores no has sido más que comparsas en actos convocados y decididos al margen y por encima de ellos.

Sin embargo el movimiento no ha dejado de crecer, sin abandonar en ningún momento las reivindicaciones clasistas basadas en la defensa del salario (que pretenden doblar, pues exigen 15$/hora y actualmente muchos cobran entre 7 y 8$) y el derecho a coaligarse para defender sus condiciones de vida. En noviembre de 2012 se funda el Workers Organizing Committee of Chicago, y en muchas ciudades del país han surgido iniciativas similares, con distintos nombres (RaiseUpfor15, ShowMe15, FastFoodForward, etc.) pero reunidas y coordinadas todas bajo la consigna Fight for 15$.

A medida que se desarrolla y se extiende por las cuatro esquinas de Estados Unidos, el movimiento va independizándose lentamente de estas organizaciones de la izquierda del capital, escapando a su control y adquiriendo cierta autonomía, al menos potencialmente. Esto da pie sobre todo a que los trabajadores vayan poco a poco asimilando una experiencia organizativa cuyos mejores frutos están aún por llegar. Y es que no hay que olvidar que Fight for 15$ está logrando reunir entorno a unas reivindicaciones netamente clasistas a la fracción del proletariado norteamericano más abandonada y desprotegida, a los trabajadores negros y sudamericanos, a las mujeres y a los jóvenes, a los sectores de asalariados de bajos sueldos. Como hemos comentado, el ejemplo ha cundido y poco a poco se van sumando al movimiento trabajadores de otros sectores no ligados a la comida rápida.

 

La comida rápida es un negocio que mueve 200.000 millones de dólares, aunque la mayor parte de los trabajadores de todo el país cobran el salario mínimo y se ven obligados a acudir a los programas de asistencia pública para alimentar a sus hijos y tener acceso a la sanidad. Cada año nuestro trabajo proporciona miles de millones de dólares a las tiendas y los restaurantes de todo el país, pero casi todos los beneficios no sirven sino para hacer más ricos a los ejecutivos y los inversores, mientras nosotros tenemos que luchar para cubrir las necesidades básicas de nuestras familias, comida, alquiler, sanidad y transporte. En la industria de la comida rápida el 52% de los trabajadores acuden a los programas de asistencia pública (como los vales de comida o Medicaid), cuando la media nacional es del 25%. Los bajos salarios cuestan al contribuyente 7.000 millones de dólares al año.

“Pensamos que quienes trabajamos duro para poder vivir deberíamos recibir lo suficiente para mantenernos a nosotros, a nuestras familias y a nuestros barrios, y que los trabajadores debemos ser tratados con dignidad y respeto. Pensamos que esto no solo mejorará nuestras vidas, sino que creará más puestos de trabajo en Chicago, Indy y Rockford, y logrará que la economía nacional sea más fuerte.

 

Como se puede ver, lo cierto es que los argumentos que emplean para apoyar sus reivindicaciones se basan en parte en la defensa de la economía nacional y el retorno de una clase media hoy arruinada. Al igual que hacen en España los demagogos de toda ralea, afirman que si se aumentan los salarios la economía y el país mejorarán, pues aumentará el consumo y se venderán más mercancías. No se trata sino del viejo y manido sueño utópico de la armonía imposible entre capital y trabajo. Las teorías “subconsumistas” de la crisis[1] no tienen en cuenta que el poder adquisitivo de la fuerza de trabajo está siempre determinado por la masa salarial que percibe la clase obrera. Si se reduce la masa salarial, el proletariado ciertamente tendrá menos poder adquisitivo y consumirá menos. Pero esto no supone en sí un problema para la burguesía, pues el capital invertido en producir las mercancías que no encuentran comprador, al no ser ya rentable, se destinará a otras ramas productivas. Ciertamente algunos pequeños capitalistas se arruinarán, pero el capital en su conjunto seguirá funcionando tras este saneamiento incluso en mejores condiciones, pues la bajada generalizada de salarios permite recuperar la ganancia perdida invirtiendo en otros sectores.

Otro de los argumentos empleados nos parece más potente y con mayor contenido clasista: si se aumentan los salarios el proletariado empobrecido dejará de acudir a los servicios de asistencia públicos y a las ayudas del Estado. Aquí pensamos que no hay discusión, pues los proletarios debemos luchar por que los gastos que requiere la supervivencia y conservación de la fuerza de trabajo, de nuestra clase, corran a cargo de los capitalistas, y no del resto de asalariados a través de los impuestos.

A pesar de los puntos flacos que arrastra el movimiento, que son inevitables en esta etapa inicial de desarrollo de la organización clasista dada la situación de absoluta derrota y falta de tradición de lucha de la que partimos (y dada la influencia que aún ejercen las organizaciones de la izquierda del capital), la fuerza de los trabajadores comienza a notarse en los centros de trabajo. Los gerentes empiezan a pensárselo dos veces antes de tomar represalias o despedir a algún trabajador, pues saben que éste tiene detrás a toda una organización dispuesta a hacerles frente.

De las acciones más o menos teatrales que buscan llamar la atención de los medios de comunicación, el movimiento ha pasado a emplear la acción directa, la fuerza y el arma por excelencia de la clase obrera: la huelga. El pasado 4 de septiembre se convocó un día de huelga nacional, que fue seguida en más de 150 ciudades de todo el país y se saldó con 500 detenidos. El 4 de diciembre la huelga se extendió ya a 190 ciudades. Sin dejar de incidir en las dos reivindicaciones básicas que Fight for 15$ lleva inscritas en su bandera desde el comienzo, recientemente también han desplegado campañas denunciando el racismo de los gerentes y la falta de seguridad en los centros de trabajo.

National Day of Action 15 April.

La próxima movilización se ha convocado el 15 de abril, el llamado National Day of Action que se anuncia como “la mayor protesta de trabajadores mal pagados de la historia moderna”. Aunque de momento no se sabe en qué va a consistir ese día de lucha, pues aún no se ha hecho público, el Labor Relations Institute aconseja a las empresas que se aseguren de que “sus centros de trabajo estén preparados para hacer frente a las perturbaciones, tanto en lo que respecta a las comunicaciones internas como a las externas, a las cuestiones legales y lo más importante, contacte con sus socios tras las alteraciones. Si necesita ayuda, avísenos”. Elocuente párrafo de un instituto cuya web enseña a “evitar que se forme un sindicato”, a “luchar contra un sindicato” y a “apañárselas con un sindicato”.


[1] Teorías que se pueden resumir así: si se bajan los salarios se consume menos, por lo que la economía se deteriora y la crisis se prolonga.

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