Joe Hill. La IWW y el surgimiento de una contra-cultura obrera

Joe Hill por Carlos Cortez.

Este texto se publicó en Echanges nº 111 (invierno 2003-2004) y en Nous vivrons la révolution (Tomo I), recopilación de artículos de Loren Goldner editado por Ni Patrie ni Fronières. También se puede encontrar en inglés y en francés aquí.


Joe Hill. The IWW and the Making of a Revolutionary Working Class Counterculture, Franklin Rosemont. Chicago, Ed. Charles H. Kerr, 2003 (inglés).

Este trabajo de Franklin Rosemont sobre Joe Hill es en muchos aspectos un libro excelente. En estos días de interminable guerra en el Medio Oriente, de peleas entre Kerry y Bush, y cuando la política estadounidense parece que se reduce a la derecha y la extrema derecha, uno lee el libro Joe Hill. La IWW y la formación de una contracultura obrera revolucionaria y le entran ganas de salir a la calle y organizar la lucha. La verdad es que lamento tener que criticarlo con alguna seriedad. Ante todo, el libro es importante para toda una nueva generación de activistas que tratan de orientarse en medio de las ruinas que han dejado la “izquierda” de la burocracia de Estado en el siglo XX (socialdemócratas, estalinistas, tercermundistas, trotskistas) y las últimas ideologías, con su hueca fraseología.

Es agradable y reconfortante toparse con un libro que sitúa a Joe Hill y al sindicato Industrial Workers of the World (IWW) a la misma altura que Apollinaire, Artaud, Franz von Baader, El Bosco, Blake, Lester Bowie, Byron, Durero, Víctor Hugo, Philip Lamantia, Man Ray, Monk, Gèreard de Nerval, Charlie Parker, Erik Satie, Shelley, Hoene-Wronski o Giambaptista Vico[1], casi sin dejar un respiro para tomar aliento (y el autor, Franklyn Rosemont, lo logra casi sin esfuerzo, como si se tratara de algo evidente).

Es una delicia poder hallar reunidos los fragmentos de la vida itinerante de Joe Hill, relacionados entre sí y a su vez con la IWW y el conjunto de la cultura política radical del siglo XX (el libro está profusamente ilustrado). En busca de información, Rosemont tuvo la suerte de descubrir la IWW en 1959 y de poder conocer a muchos viejos militantes que aún se reunían en los locales de los wobblies[2], en Chicago o Seattle, algunos de los cuales habían conocido a Hill en persona. Antes de profundizar en mi crítica, me parece necesario relatar en qué consiste el trabajo de Rosemont.

Primero pasa revista a las referencias literarias y advierte que aún está por escribirse una historia de la IWW (subraya que esa tarea es tanto más difícil en la medida en que los archivos de la IWW fueron escandalosamente destruidos por el gobierno norteamericano en 1917). Habla de las estrechas relaciones entre Marx y la IWW, donde los obreros se auto-educaban mediante grupos de estudio de El Capital, lo que era una práctica corriente en la vida de la organización. Al contrario que los militantes de izquierda que llegaron más tarde, los wobblies “realmente leían y estudiaban a Marx”. Su historia y su dimensión están estrechamente ligadas a las de la editorial Charles H. Kerr[3]. Mientras que las vanguardias izquierdistas que llegaron más tarde producían obras para los trabajadores, “a veces buenas, hay que admitirlo”, las publicaciones de la IWW eran esencialmente de los trabajadores y estaban hechas por ellos tanto como para ellos. La mayor parte de los wobblies, según Rosemont, rechazaban la etiqueta “sindical” y la mayoría de los sindicalistas les consideraban demasiado marxistas, mientras que algunas corrientes marxistas les consideraban demasiado anarquistas. La IWW era “realmente informal, muy abierta, en constante renovación con la llegada de nuevos militantes de base”. Dada la importancia que otorgaba a la espontaneidad, a la poesía y al humor, la IWW fue única en la historia del movimiento obrero. Conocían “demasiado bien el trabajo como para ser obreristas”. Rosemont también habla del espacio social que se organizaba alrededor de las salas de reuniones de la IWW, que se extendían por todos los Estados Unidos.

Y se ve obligado a enfrentarse al problema de la escasa información biográfica que existe acerca de Hill, a pesar de haber sido “probablemente el hobo[4] más famoso de la historia norteamericana”. Sin falsa modestia y según sus propias palabras, Hill pensaba que “no tenía mucho que decir sobre sí mismo”. Rosemont considera particularmente –y con razón– escandaloso el retrato de Hill que hizo Wallace Stegner[5] en 1948, mostrándole como un delincuente común. El autor traza una breve biografía basada en “un puñado de hechos demostrados, algunos bastante probables y una montaña de reflexiones académicas y plausibles suposiciones” sobre la vida de Hill. “En vida”, escribe Rosemont, “Hill era conocido sobre todo por sus poesías y sus canciones”, muchas de las cuales se incluyen en el pequeño libro rojo de canciones de la IWW. Aunque la prensa de la IWW estaba llena de poemas escritos por sus miembros, estos auténticos “poetas wobbly” nunca han gozado de ningún reconocimiento como poetas. Los wobblies cantaban en los mítines, en las huelgas y en sus locales. Hill, como tantos otros wobblies, fue a México cuando estalló la revolución[6]. Participó en la huelga de Fraser River en Canada en 1912[7]. En enero de 1914, pasó por St. Lake City, donde se le acusó como sospechoso del asesinato de un tendero local, fue víctima de un montaje y a pesar de una campaña de apoyo internacional fue ejecutado en diciembre de 1915. A sus funerales en Chicago acudieron decenas de miles de trabajadores. Fue la mayor manifestación desde los funerales por los mártires de Haymarket en 1887[8].

Hill era un artista: poeta, compositor, cantante, pintor y caricaturista. Una vez más, el papel de la poesía y de la música en la vida cotidiana y las luchas de la IWW (anticipándose a los festivales de huelguistas del mayo del 68 francés) estaba en las antípodas de la pesada atmósfera de las manifestaciones políticas de la izquierda organizada desde la primera guerra mundial. Esto no se debería olvidar.

Rosemont también trata separadamente los mitos póstumos (positivos o negativos) que han ensombrecido la realidad histórica. Hill no fue ni un supermilitante que sacrificó su vida ni un golfo ambulante: como subraya Rosemont, el papel como organizador del modesto Hill se alimentó de un culto alienado al líder dentro de una organización que se enorgullecía de su eslogan anti-demagógico “aquí todos somos líderes”.

Rosemont revela algunos honrosos matices en la cuestión racial, un tema en el que la IWW iba radicalmente a contracorriente de la cultura reaccionaria dominante en aquella época. “Ni siquiera Hill estaba libre de reproches al respecto”, escribe, citando la canción Scissor Bill que atacaba al obrero blanco por su odio racial y lanzaba al tal Scissor Bill toda una serie de epítetos excesivamente racistas que “no obstante”, en cualquier reunión de negros y blancos, “sólo podían considerarse una provocación tanto para los cantantes como para los oyentes”. No hay duda de que la IWW, justo en la década anterior a la primera guerra mundial, cuando las leyes Jim Crow[9] llegaban a su apogeo y el presidente Woodrow Wilson[10], un “progresista”, se mostraba como un convencido defensor de la supremacía blanca, fue mucho más lejos a la hora de atajar el problema blanco norteamericano que cualquier otra organización obrera anterior y posterior. La incendiaria Lucy Parsons[11], que descendía de negros e indios mexicanos, dirigió el congreso fundacional de 1905 en una época en la que la AFL (American Federation of Labor[12]) apoyaba abiertamente la legislación anti-asiática y cuando los estatutos de la mayor parte de los sindicatos afiliados a esta confederación incluían una clausula explícita: “sólo se admiten blancos”. La IWW acogía en sus filas a los trabajadores de todo color y nacionalidad. Covington Hall, poeta, organizador y agitador que participó en las batallas de la IWW en la industria maderera de Alabama, logró que negros y blancos luchasen juntos en pleno corazón del Jim Crow South. La IWW también tenía fuerza entre los estibadores negros de Filadelfia, Baltimore y otros lugares.

Portada del libro de Rosemont sobre Joe Hill y la IWW.

Portada del libro de Rosemont sobre Joe Hill y la IWW.

Rosemont, que también es autor de un gran folleto titulado Marx y los iroqueses[13], muestra como la IWW, en sus relaciones con los nativos norteamericanos[14] y en sus actitudes hacia ellos, estaban más en consonancia con la sensibilidad de Marx en sus Notas etnológicas[15] (en aquel entonces desconocidas y aún hoy poco conocidas) de lo que lo estuvieron nunca los socialdemócratas, los estalinistas o los trotskistas (Rosemont admite que no se conocen las opiniones de Joe Hill al respecto). Pero lo que sí se sabe es que Hill tenía un gran talento para la cocina china, en pleno periodo de histeria anti-asiática y del “peligro amarillo”. Rosemont cita testimonios directos de quienes estuvieron en los campamentos hobo de los wobblies, “particularmente igualitarios y antirracistas”. En cuanto a la cuestión femenina, también los wobblies iban bastante por delante de su época. Contaban con muchas mujeres en primera fila, aunque a veces tuvieran tendencia a describir a las “chicas rebeldes” como mero apoyo moral de los “chicos rebeldes”. Hablaban abiertamente de la prostitución como un producto de la miseria de la clase obrera. Combatían la religión, el Pie in the Sky, aunque habían heredado algo del milenarismo de las sectas protestantes del periodo precedente. Rosemont hace algunas observaciones bastante oportunas sobre las consecuencias que tuvo en el desarrollo del gansterismo en los Estados Unidos el hecho de que los capitalistas emplearan a los pistoleros y gánsteres para atacar los locales de la IWW. Una vez las élites locales autorizaron a los gánsteres para que encargaran de los organizadores de la IWW, aquellos empezaron a organizarse permanentemente para lograr su botín.

En el libro, Rosemont muestra similar interés por la cuestión de las relaciones entre la IWW y el Partido Comunista norteamericano (el “partido cómico”, como decían los wobblies). Aunque la IWW honraba sin dudarlo la revolución rusa,  hacia 1921 ya desconfiaban del estatismo en ascenso en Rusia. Podemos citar aquí a Rosemont: “Para la IWW, el partido comunista era lo peor que había surgido en el movimiento obrero norteamericano. Los wobblies conocían las diferencias que había entre las élites clandestinas y la masa de seguidores. Los wobblies pasaron por una amarga experiencia con los líderes del partido, la supuesta vanguardia, que les llevó a la conclusión de que el partido comunista no era una verdadera organización obrera, sino el partido político de una clase media desesperadamente autoritaria, con unas estructuras jerárquicas y burocráticas neo-bizantinas y totalmente dominado por une élite intelectual burguesa parasitaria”.

Rosemont también aporta material sobre los wobblies que, como miembros de la AFL y luego de la CIO, apostaban por un sindicalismo social revolucionario. Más interesante aún es su relato de los innumerables actos de violencia perpetrados por los estalinistas contra los elementos más radicales del movimiento obrero de los Estados Unidos, que como subraya Rosemont “casi nunca se mencionan en los libros sobre el radicalismo norteamericano”.

Una vez pasado el momento de máxima influencia de las masas de la IWW sobre la clase obrera, Rosemont demuestra que los wobblies tuvieron una precisa conciencia de lo que hoy se denomina ecología, que se puede rastrear además en las letras de Hill. Rosemont también narra la influencia posterior de la IWW, desde la generación beat[16] (sobre todo a través de Gary Snyder) hasta a literatura popular. Y otra vez está presente la poesía: “Para mí, y a decir verdad, también para muchos de mis amigos, la poesía era una cosa vital cuando nos sumamos a las filas de la IWW.  La historia del sindicato y el acento constante que se ponía sobre la poesía y la canción nos dieron la inmediata impresión de que se trataba de una característica determinante que convertían a la IWW en un caso único en el movimiento obrero y las organizaciones de izquierda. Y teníamos razón. Que la IWW haya inspirado más y mejor poesía que el resto de los sindicatos no sólo es algo que la distinga de los demás, sino que también dice mucho del mundo que trataban de construir”.

Esta dimensión poética impulsó la influencia de la IWW en la vanguardia modernista, como demuestran los lazos que unían a Big Bill Haywood[17] con Greenwich Village[18] o los artistas de la Village que trabajaban en la Paterson Pageant[19] en 1913, durante la famosa huelga de New Jersey. Rosemont recoge también otra mirada de los días de gloria de la IWW dedicando un capítulo al perdido arte de las arengas en los lugares públicos, un elemento central de sus campañas al que Vachel Lindsay[20] denominó “el gran vodevil”.

***

Y ahora, ¿cuáles son las reservas, insisto en calificarlas de secundarias, que surgen en mi crítica al libro de Rosemont? La principal tiene que ver con el abundante recurso a una especie de “argumento engañoso” a la hora de relacionar a Joe Hill con los temas más generales que Rosemont (con acierto) trata de abordar. Joe Hill estuvo un tiempo en México durante la revolución mexicana. Rosemont escribe unas 11 páginas muy interesantes sobre la IWW y la revolución mexicana: “¿Y qué papel jugó Joe Hill en ella? Aquí, como acurre con casi toda la biografía de Joe Hill, la ausencia de detalles precisos es tan patente como frustrante”.

Joe Hill fue a Hawái en 1911, pero Rosemont escribe, en mitad de una interesantísima digresión sobre la actividad de la IWW en esta isla: “Aunque no existe ningún documento que nos revele qué hizo Joe Hill en Hawái, es prácticamente seguro que visitó a otros representantes de la IWW. Y teniendo en cuenta lo que sabemos que hizo en otros sitios, podemos pensar que contribuyó a la agitación sindical en Hawái. Y no es improbable que esta ayuda fuera más importante de lo que se podría esperar. Después de 1911, Hawái se convierte en un lugar con fuerte agitación wobbly”.

Rosemont escribe nueve excelentes páginas sobre la IWW y los nativos norteamericanos. De nuevo el interrogante: “¿Y Joe Hill? Aquí todo es oscuro. Sabemos lo mismo acerca de la opinión de Joe Hill sobre la cuestión india que acerca de su opinión sobre la novena sinfonía de Beethoven, Don Quijote o el pensamiento de Li Po[21], es decir, nada en absoluto”. Sobre el talento de Joe Hill con la cocina china: “En un clima de odio, demostrar pasión por la cocina china y habilidad para usar los palillos se puede calificar como acto de disidencia y desafío. No trato de dar otra dimensión a estos detalles. Estos sencillos gestos de Hill no pueden considerarse como actos de gran valentía o aspiraciones revolucionarias, ni nos dicen gran cosa sobre su pensamiento real. Sin embargo, no hay que despreciar estas pequeñas muestras personales de carácter no político y de persona no conformista; pues seguramente pueden querer decir algo si los vemos desde una perspectiva más amplia y de conjunto”.

No hay duda. Y podría seguir con más ejemplos. Un amigo magnánimo me ha sugerido que, dado lo poco que se sabe de la vida de Joe Hill, Rosemont ha hecho el trabajo de un pequeño arqueólogo, reconstruyendo todo el periodo histórico con pedazos de cerámica. Y ciertamente, en muchos pasajes del libro esto funciona. Pero Rosemont en ningún momento plantea la cuestión fundamental sobre la IWW: ¿qué fue lo que funcionó mal? No solo es que muchos autores que él mismo cita ya hayan escrito brillantemente sobre algunos episodios radicales olvidados o poco conocidos, como C.L.R. James[22] (en Notas sobre la dialéctica o Facing Reality) o Peter Linebaugh[23] y Marcus Rediker[24] (coautores de La hidra de mil cabezas), sino que Rosemont no aporta ninguna explicación de la derrota de la IWW. En este periodo sombrío, parece que no necesitamos pensar en las derrotas. Sobre todo tras el hundimiento del llamado “bloque soviético” (los verdaderos soviets desaparecieron en 1921), todas las alternativas al socialismo burocrático de Estado derrotadas desde principios del siglo XX han ido saliendo de nuevo a la luz, desde el anarquismo o el sindicalismo, pasando por figuras como Rosa Luxemburgo o Bordiga, pero ninguna tan con tanta claridad como la IWW (y no sólo en los Estados Unidos). Pero si tuviéramos que trasladar a nuestra época lo que fue la IWW entre 1905 y 1924, algo que me parece tan imperativo y urgente como a Rosemont, tenemos que comprender por qué se produjo este eclipse. ¿Qué sucedió con este extraordinario grupo de gente? Para saberlo, tenemos que retroceder noventa o cien años. El libro de Rosemont es un brillante meteoro que se apaga al entrar en un paisaje triste y deprimente, como un asteroide perdido. Pero si pensamos que todo se inscribe en un proceso histórico, estamos obligados a admitir que, por extraño que parezca, no hay mucho análisis histórico en las 640 páginas de este ladrillo lleno de hechos que reconstruyen apasionadamente la vida de Joe Hill, de la IWW y de muchos otros. Por ejemplo, ¿acaso se equivocan los trotskistas cuando dicen que la IWW fue eclipsada por el Partido Comunista porque los wobblies no tenían ninguna perspectiva política coherente mientras que el PC de Lenin y Trotsky, en sus inicios, tenía una? ¿Por qué pasó esto? ¿Por qué en los años 30 el movimiento de masas era el PC y no la IWW? Rosemont presenta multitud de hechos precisos que parece que apuntan al desarrollo de una contra-cultura obrera revolucionaria. Quizá sea excesivo exigir que semejante trabajo cuente algo de la economía, de los cambios tecnológicos, la vasta mutación del Estado capitalista entre 1890 y 1945 o del triunfo, a partir de 1930, de las ideas de Mark Hanna[25], Owen Young[26] y Gerard Swope[27] acerca de los grandes sindicatos industriales entre los grandes capitalistas, o finalmente, del impacto de la cultura de masas (radio, cine y más tarde la televisión) y la educación de masas en la canción popular y la poesía, que pudieron jugar un cierto papel en la época del ocaso de la IWW. Muchas cuestiones ni siquiera son mencionadas en el libro. Rosemont ataca a Dibovsky[28] y otros universitarios que afirman que la IWW estaba ya en declive hacia 1919. Para él esto sucedió en 1924, pero no dedica una sola línea a intentar explicar las causas de esta decadencia. La crisis de 1920 (unida al “peligro rojo”) barrió los sindicatos en todos los Estados Unidos. ¿Qué impacto tuvo todo esto sobre los wobblies? Rosemont tampoco dice nada.

Subraya con brío la importancia de la canción y la poesía en el movimiento de la IWW. Bien, ¿dónde hay que firmar? Pero, ¿acaso hoy una colección de canciones y poesías puede servir de punto de partida a un movimiento? La mayoría de los izquierdistas ni siquiera sabe cantar una estrofa de La Internacional. Rosemont habla de Joe Hill como si aún estuviera vivo y la clase obrera le conociese, pero creo que ni uno solo de los estudiantes de origen obrero que me crucé en Nueva York cuando me tocó ser profesor de un curso para adultos había oído hablar nunca de la IWW, y menos aún de Joe Hill. Rosemont escribe de lo que hoy se considera una subcultura y trata de elevarla a la categoría de cultura de clase.

Naturalmente, dada la dimensión de la labor que ha logrado culminar, Rosemont no está obligado a responder a muchas de las cuestiones sobre lo que sucedió tras el fin de la IWW (un final que parece no aceptar sino a regañadientes en un par de pasajes del libro). Pero él no ha escrito este libro para mostrar antigüedades, sino presumiblemente para inspirar el presente y el futuro. Cuando termino de leer este libro, con la exaltación que contagia, me entran ganas de salir corriendo a la calle y arengar a los trabajadores para que esta visión se transforme en una realidad hoy en día; pero me temo que de nuevo me daré de cabeza contra un muro o me hallaré solo. Por eso planteo las cuestiones que acabo de abordar, acerca de los límites que presenta este maravilloso, misterioso y mágico viaje en el que estos problemas apenas aparecen, si es que alguna vez lo hacen. ¿Hay, pues, que suponer que estas decenas de miles de personas maravillosas se unieron entre 1905 y 1924 y luego, misteriosamente, se dispersaron o les dispersaron? Fueron muchos más los trabajadores que no se unieron a la IWW que los que sí lo hicieron: ¿Quiénes eran? ¿Por qué no se unieron? Esta es la única manera de conocer la especificidad histórica de la IWW, su fuerza y su flaqueza respecto a las fuerzas que la superaron, el único camino para hacer su poesía potencialmente contemporánea.

 

Loren Goldner.


[1] De entre los autores y artistas citados, algunos de los cuales son bastante conocidos (como Apollinaire, Artaud, El Bosco, Blake, Byron, Durero, Hugo, Monk, Nerval, Charlie Parker, Man Ray, Satie o Shelley), vamos a dar algunas referencias de los más ignorados: Franz X. von Baader (1765-1841), teósofo alemán inclasificable, desarrolló teorías sobre la corporeidad y el antagonismo (R. Susini: F.von Baader et le romantisme mystique, Paris, 1942). Baader fue el inventor de la palabra “proletariado” en referencia a las “clases peligrosas”; Lester Browie, trompetista de jazz de la vanguardia de Chicago de los años 70; Philip Lamantia, poeta norteamericano al que Breton llamaba “el Rimbaud de la segunda mitad del siglo XX”, representante destacado de la poesía beat de los años 50;  Hoene-Wronski, mesiánico y esotérico romántico polaco que vivió en París en los años 1830-40, considerado como modelo del personaje de la novela de Balzac La búsqueda del absoluto; Giambattista Vico, jurista italiano, “pre-romántico” del siglo XVIII, precursor de Michelet, Marx y Joyce, conocido por haber afirmado que la historia es un “factum”, es decir, que la hacen los hombres.

[2] Wobbly (plural wobblies): nombre que se da a los obreros que se unen a la IWW. Existen pocas obras exhaustivas y completas en francés sobre la IWW. Hay que mencionar Les IWW, le syndicalisme révolutionnaire aux Etats-Unis, de Larry Portis (Ed. Spartacus) y las páginas dedicadas a esta organización en el libro Une histoire populaire des Etats-Unis, de Howard Zinn, (Ed. Agone).

[3] Charles H. Kerr, editorial del movimiento obrero establecida en Chicago a finales del siglo XIX. Fue la editorial que publicó por primera vez El Capital de Marx en inglés. Tras una larga decadencia, se ha renovado con Rosemont y otros camaradas.

[4] Hobo: nombre que se daba a los trabajadores ilegales en los Estados Unidos, que iban de obra en obra en la época de la primera guerra mundial, trabajadores no cualificados que se desplazaban de una punta a otra del país por cualquier medio, sobre todo subiéndose a los trenes de mercancías (a menudo pagándolo con su vida, pues se cuentan 50.000 hobos muertos en accidentes de ferrocarril entre 1900 y 1905), y que hacían gala de una gran solidaridad entre marginados. Véase la obra de Nels Anderson Le Hobo, sociologie du sans-abri, Nathan (Essais et recherches), 1993 traducción del original inglés publicado en 1923.

[5] Wallace Stegner: mediocre novelista norteamericano de mediados del siglo XX, autor de un estudio muy malintencionado sobre Hill en 1948.

[6] Revolución mexicana: la dictadura de Porfirio Díaz y la “modernización” del país se llevaron a cabo con una amplia penetración económica de los Estados Unidos y a costa de los campesinos, cuyas estructuras comunitarias fueron demolidas para beneficio de los grandes terratenientes. En 1912, el 80% de los campesinos eran “sin tierra”, peones, verdaderos esclavos de las haciendas (ver las obras de Traven). La revolución se desarrolló en un periodo de gran confusión, entre 1910 y 1914, que vio el enfrentamiento entre los jefes rebeldes, Villa y Zapata, y terminó con el restablecimiento de la legalidad burguesa gracias a la intervención de los Estados Unidos.

[7] Huelga de Fraser River: a lo largo del río Fraser, en la Colombia Británica (Canadá), cerca de la costa del Pacífico, se construía la línea de ferrocarril transcanadiense para la Canadian Northern Railroad Company, con la ayuda de subcontratas que explotaban a los inmigrantes en una condiciones terribles muy parecidas a la esclavitud. En 1912, la IWW organizó a estos trabajadores (se unieron más de 8.000) y la huelga estalló en marzo de 1912 en las obras del Fraser River. El movimiento se extendió 800 km. a lo largo de la línea, hasta los Estados Unidos, con innumerables piquetes para impedir la contratación de esquiroles. Terminó con la represión violenta habitual contra las huelgas en este periodo heroico del movimiento obrero norteamericano.

[8] En el contexto del desarrollo de múltiples acciones por la jornada de 8 horas, en la primavera de 1886, se convocaron algunas huelgas, sobre todo en Chicago. La AFL, fundada cinco años antes, convocó una huelga general el 1º de mayo. La policía intervino matando e hiriendo a muchos trabajadores, lo cual desencadenó acciones más contundentes. Durante una concentración en Haymarket Square, Chicago, el 4 de mayo, se lanzó una bomba contra los maderos que acababan de dispersar la manifestación: la policía abrió fuego de nuevo matando e hiriendo a muchos manifestantes. Siguió una ola de arrestos, sobre todo en los medios anarquistas. Siete de ellos fueron condenados a muerte, cuatro de los cuales fueron colgados sin pruebas. Posteriormente se desató una ola de histeria reaccionaria en toda la nación. Estos trágicos acontecimientos se convirtieron en un símbolo de lucha que se celebra mundialmente el 1º de mayo.

[9] Jim Crow: término despectivo para referirse a los negros norteamericanos, sacado del título de una canción basada en un hecho real. Se denomina Jim Crow South a todo el sudeste norteamericano, exesclavista, racista y segregacionista. Se denomina leyes de Jim Crow a las leyes segregacionistas promulgadas entre 1876 y 1965.

[10] T.W. Wilson (1856-1924), presidente de los Estados Unidos entre 1913 y 1921, impulsó y presidió la entrada de los Estados Unidos en la primera guerra mundial. Idealista, trató de sacar adelante una colaboración internacional por la paz en la Sociedad de Naciones, pero sus propios partidarios hicieron fracasar sus esfuerzos.

[11] Lucy Parsons: militante excepcional del movimiento obrero norteamericano desde los años 1870, mestiza y de ascendencia negra e india, viuda de Albert Parsons, uno de los “mártires de Haymarket” (impresor anarquista miembro de la AIT), participó en el congreso fundador de la IWW en 1905.

[12] La AFL-CIO es la “gran” federación sindical norteamericana, surgida como resultado de la fusión en 1956 de la American Federation of Labour (cuyo rechazo a admitir a trabajadores no cualificados fue una de las causas que llevó a fundar la IWW) y la Federación de sindicatos de industria Congress of Industrial Organisations, fundada en 1918 con el objetivo de reagrupar a los trabajadores de todas las categorías, sobre todo a los no admitidos en la AFL (en parte como respuesta estatal y patronal al desarrollo de la IWW).

[13] Karl Marx et les Iroquois, texto en inglés de F. Rosemont que se puede leer aquí.

[14] Nativos: nombre que se da en todas partes a las poblaciones originarias de los territorios de un Estado, en contraposición a los inmigrantes, normalmente colonizadores. En los Estados Unidos este término se aplica a los miembros de las tribus indias.

[15] Marx escribió varios textos sobre etnología que pensaba publicar antes de morir. Se pueden encontrar en castellano aquí.

[16] Generación Beat, movimiento literario y de estilo de vida muy influyente en los años 1950-60 en los Estados Unidos, cuyos principales animadores fueron Jack Kerouac, Allen Ginsberg y William Burrough. Gary Snyder fue uno de ellos, de quien Kerouac y Ginsberg decían que era “el tipo más loco y más inteligente con el que nos hemos cruzado”.

[17] Big Bill Haywood, minero militante que abandonó la AFL para convertirse en uno de los fundadores de la IWW en 1905.

[18] Greenwich Village –a menudo abreviado como la Village –, barrio de Nueva York, en el oeste de Manhattan, refugio de artistas y escritores que se suele considerar como un gueto para intelectuales.

[19] Paterson Pageant: espectáculo organizado en Nueva York en 1913, durante la gran huelga de Paterson (New Jersey) para dar a conocer esta huelga, una colaboración ejemplar entre la vanguardia neoyorkina (la idea original fue de John Reed) y los militantes de la IWW que organizaron la huelga.

[20] Vachel Lindsay (1879-1931), poeta norteamericano que rompió con el academicismo y los remilgos.

[21] Li Po (700-762) poeta chino cuya obra gira alrededor de la amistad, la naturaleza, el vino y las mujeres.

[22] C.L.R. James (alias Johnson), uno de los animadores de la “tendencia” Johnson-Forest, tras salir del Socialist Workers Party (trotskista), y de la publicación Facing Reality.

[23] Peter Linebaugh, historiador contemporáneo norteamericano influido por E.P. Thomson y el obrerismo italiano. Autor del excelente libro The London Hanged (1992) y, junto a Marcus Rediker, de The Many-Headed Hydra (La hidra de mil cabezas) (2000).

[24] Marcus Rediker: historiador contemporáneo norteamericano, autor de un estudio sobre los piratas del siglo XVIII, Between the Devil and the Deep-Blue Sea (1987), y junto a P. Linebaugh de The Many-Headed Hydra.

[25] Mark Hanna: senador del Estado de Ohio a partir de 1880, capitalista ilustrado que reivindicaba la creación de sindicatos industriales cincuenta años antes de que se fundara la CIO, con el fin de impedir la radicalización de movimiento obrero en los Estados Unidos. Pionero del corporativismo.

[26] Owen Young: Presidente de General Electric en los años 1920, otro pionero del corporativismo, favorable a un sindicato independiente en su propia empresa. Arquitecto del Plan Young (1929) que facilitó créditos para la estabilización de Alemania.

[27] Gérard Swope: cuadro de alto nivel de la General Electric en la época de Young, invitó a la AFL a que organizara un sindicato en la empresa para prevenir “que otros menos amables lo hicieran”. En la época del New Deal, fue un eminente portavoz de la concertación económica entre la patronal y los sindicatos, al estilo del fascismo mussoliniano.

[28] Dibovsky Marvin, historiador norteamericano, autor de una mediocre historia de la IWW, We Shall Be All (1973).