The Working Dead: trabaja hasta reventar. Sobre la nueva ley de Mutuas colaboradoras con la seguridad patronal

El pasado 1 de enero entró en vigor la nueva Ley de Mutuas, que ya se está dejando notar en las empresas. Con la excusa de “reducir el absentismo laboral injustificado y, por tanto, mejorar la competitividad de las empresas y, consecuentemente, la de la economía en su conjunto”, la burguesía da un gran paso en la consolidación de su particular régimen terrorista en los centros de trabajo, sin que los sindicatos subvencionados ni las fuerzas de izquierda muevan un dedo, pues esta vez no era necesaria su firma.

Básicamente, la nueva ley da potestad a los empresarios para poner a trabajar a sus asalariados enfermos o accidentados. Si tenemos en cuenta el terror que reina ya en las empresas, donde la insolidaridad y la competencia causan estragos entre los proletarios, y si consideramos que ya los trabajadores temporales se ven sometidos a una presión extraordinaria que les lleva a respetar escrupulosamente los reglamentos, intensificar su ritmo y acudir al trabajo enfermos o lesionados, nos podemos hacer una idea de hasta qué punto esta nueva ley viene a someter a la fuerza de trabajo a una disciplina de esclavos, a exprimirla hasta el último aliento de vida susceptible de transformarse en plusvalía. La burguesía pretende hacernos trabajar hasta reventar, literalmente.

Vamos a verlo un poco más de cerca.

“Son Mutuas Colaboradoras con la Seguridad Social las asociaciones privadas de empresarios constituidas mediante autorización del Ministerio de Empleo y Seguridad Social e inscripción en el Registro especial dependiente de éste, que tienen por finalidad colaborar en la gestión de la Seguridad Social, bajo la dirección y tutela del mismo, sin ánimo de lucro y asumiendo sus asociados responsabilidad mancomunada en los supuestos y con el alcance establecidos en esta ley.”

Así pues, el gobierno encarga a las asociaciones privadas de empresarios velar por la “Seguridad Social”, es decir, por el bienestar y la salud de los trabajadores. Por supuesto, en teoría no hay problema en poner a los lobos a vigilar a las ovejas, pues si hacemos caso a la murga que nos repiten sin cesar desde la izquierda y la derecha, todos, lobos y ovejas, están interesados en el buen funcionamiento de esta particular granja para la explotación que es la nación. ¡No hagáis huelgas, por el bien de la nación! ¡Reducíos el salario, por la recuperación de la economía nacional! ¡Trabajad hasta reventar para ser más productivos!

Por si quedan dudas de quienes pueden formar estas mutuas de seguridad patronal: “La constitución de una Mutua Colaboradora con la Seguridad Social exige el cumplimiento de los siguientes requisitos: a) Que concurran un mínimo de cincuenta empresarios, quienes a su vez cuenten con un mínimo de treinta mil trabajadores y un volumen de cotización por contingencias profesionales no inferior a 20 millones de euros.” Es decir, los grandes capitalistas, que representan en definitiva los intereses del capitalismo en su conjunto y son los adalides de su programa de esclavización de la fuerza de trabajo.

Las Mutuas, que pasan a financiarse con los recursos públicos, disponen ahora de “la facultad de realizar las actividades de control y seguimiento desde la baja médica”. “Corresponde a las Mutuas Colaboradoras con la Seguridad Social la función de declaración del derecho a la prestación económica, así como las de denegación, suspensión, anulación y declaración de extinción del mismo, sin perjuicio del control sanitario de las altas y bajas médicas por parte de los servicios públicos de salud y de los efectos atribuidos a los partes médicos en esta ley y en sus normas de desarrollo.” “Respecto de las contingencias profesionales, corresponderá a las Mutuas la determinación inicial del carácter profesional de la contingencia, sin perjuicio de su posible revisión o calificación por la Entidad Gestora competente de acuerdo con las normas de aplicación.”

Seguimos. El Estado permite que los patrones nos inviten amablemente a volver al trabajo estando enfermos o lesionados: “Cuando las Mutuas Colaboradoras con la Seguridad Social, con base en el contenido de los partes médicos y de los informes emitidos en el proceso, así como a través de la información obtenida de las actuaciones de control y seguimiento o de las asistencias sanitarias previstas en el apartado 5, consideren que el beneficiario podría no estar impedido para el trabajo, podrán formular propuestas motivadas de alta médica a través de los médicos dependientes de las mismas, dirigidas a la Inspección Médica de los Servicios Públicos de Salud. Las Mutuas comunicarán simultáneamente al trabajador afectado y al Instituto Nacional de la Seguridad Social, para su conocimiento, que se ha enviado la mencionada propuesta de alta.”

“La Inspección Médica de los Servicios Públicos de Salud estará obligada a comunicar a la Mutua y al Instituto Nacional de la Seguridad Social, en un plazo máximo de cinco días hábiles desde el siguiente a la recepción de la propuesta de alta, la estimación de la misma, con la emisión del alta, o su denegación, en cuyo caso acompañará informe médico motivado que la justifique. La estimación de la propuesta de alta dará lugar a que la mutua notifique la extinción del derecho al trabajador y a la empresa, señalando la fecha de efectos de la misma.”

“En el supuesto de que la Inspección Médica considere necesario citar al trabajador para revisión médica, ésta se realizará dentro del plazo de cinco días previsto en el párrafo anterior y no suspenderá el cumplimiento de la obligación establecida en el mismo. No obstante, en el caso de incomparecencia del trabajador el día señalado para la revisión médica, se comunicará la inasistencia en el mismo día a la Mutua que realizó la propuesta. La Mutua dispondrá de un plazo de cuatro días para comprobar si la incomparecencia fue justificada y suspenderá el pago del subsidio con efectos desde el día siguiente al de la incomparecencia. En caso de que el trabajador justifique la incomparecencia, la Mutua acordará levantar la suspensión y repondrá el derecho al subsidio, y en caso de que la considere no justificada, adoptará el acuerdo de extinción del derecho en la forma establecida en el apartado 2 y lo notificará al trabajador y a la empresa, consignando la fecha de efectos del mismo, que se corresponderá con el primer día siguiente al de su notificación al trabajador.”

Pero aun así, si los servicios públicos de salud desestiman la propuesta de alta formulada por la Mutua o no contestan “en la forma y plazo establecidos, ésta [la Mutua] podrá solicitar la emisión del parte de alta al Instituto Nacional de la Seguridad Social o al Instituto Social de la Marina, de acuerdo con las atribuciones conferidas en la disposición adicional quincuagésima segunda. En ambos casos, el plazo para resolver la solicitud será de cuatro días siguientes al de su recepción.”

El control y el seguimiento al trabajador ahora se sale del marco de la empresa: “Son actos de control y seguimiento de la prestación económica, aquellos dirigidos a comprobar la concurrencia de los hechos que originan la situación de necesidad y de los requisitos que condicionan el nacimiento o mantenimiento del derecho, así como los exámenes y reconocimientos médicos. Las Mutuas Colaboradoras con la Seguridad Social podrán realizar los mencionados actos a partir del día de la baja médica y, respecto de las citaciones para examen o reconocimiento médico, la incomparecencia injustificada del beneficiario será causa de extinción del derecho a la prestación económica, […]”.

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Estos extractos de la ley hablan por sí mismos y revelan a las claras los objetivos de la patronal.

Los gastos que ocasiona el “mantenimiento” de la fuerza de trabajo (la “seguridad social”, la salud del proletariado) forman parte del capital variable (salarios) que desembolsa la burguesía para reproducir su capital mediante el trabajo asalariado. Y es este capital variable sobre el que la clase patronal está volcando sus ataques en todo el mundo, desplegando un auténtico asalto contra la triada de factores que determinan la productividad (tiempo de trabajo, intensidad y salarios) para salvarse del naufragio de la crisis (pues el elevado endeudamiento no permite hoy a la burguesía aumentar la productividad invirtiendo en capital fijo). La Ley de Mutuas aprobada por el gobierno del PP con la complacencia de las empresas de servicios sindicales (léase sindicatos amarillos) y la oposición, enmarcándose en este contexto, no es sino la continuación de esta ofensiva burguesa contra las condiciones de vida del proletariado que ya se prolonga por varias décadas y que la crisis ha recrudecido.

Hay que señalar que no hace mucho (apenas 100 años) el movimiento obrero conservaba y gestionaba todo un conjunto de organismos (mutuas obreras, cajas de seguro y de retiro) que servían para paliar la situación a la que está destinada la fuerza de trabajo en el capitalismo cuando se ve lanzada al paro, cae enferma o es demasiado vieja para trabajar. En la etapa que va de 1914 a 1945, ese dramático periodo de entreguerras en el que el movimiento proletario sufrió una derrota de la que aún no se ha recuperado, todos estos organismos levantados con tanto esfuerzo gracias a la solidaridad obrera fueron absorbidos por el Estado capitalista, quedando englobados en los mecanismos del famoso régimen del “Estado del bienestar”. Así pues, las instituciones encargadas de proteger a los trabajadores quedaron bajo control del Estado de los patrones, es decir, de los propios patrones. Pero para la burguesía, la fuerza de trabajo no es más que una mercancía. No enferma, se estropea. No envejece, se consume. Así pues, mientras para el proletariado estas mutuas y cajas de seguros eran herramientas para defender sus intereses, al convertirse en instituciones estatales, se transformaron en herramientas para la defensa de los intereses de la burguesía. Que esto tuviera o no consecuencias en las condiciones de vida de la clase obrera dependía de la correlación de fuerzas entre ambas clases. Con la inserción de los sindicatos en el mecanismo estatal y el paso de todos los partidos “obreros” al campo de la burguesía internacional, se daban las condiciones que permitieron levantar todo un régimen de colaboración de clases al servicio de las necesidades de la acumulación capitalista, que a pesar de su barniz democrático se inspiraba históricamente en el fascismo de Mussolini y sus instituciones. Este proceso de descomposición de todo el viejo movimiento obrero y sus organizaciones es el que nos ha traído a la actual situación de absoluto predominio burgués, un proceso que al prolongarse durante más de medio siglo ha terminado con la liquidación de toda organización proletaria autónoma, cercenando todo vínculo intergeneracional en el proletariado e imposibilitando así la transmisión de experiencias a través de una cultura de lucha. En estas condiciones, los capitalistas pueden hacernos trabajar hasta reventar sin temor a que surja ninguna reacción que ponga el peligro sus intereses.

Hay que destacar que esta nueva ley otorga a los médicos un poder sobre el destino y la suerte de los trabajadores comparable al de los jueces y unas funciones semejantes a las del policía. Naturalmente, algunas asociaciones profesionales de médicos progresistas ya han levantado algunas quejas, que sin embargo no se enmarcan en un contexto de defensa de los intereses de los trabajadores, sino en el de la tímida ofensiva política de la oposición (la izquierda del capital) contra las medidas del PP, el neoliberalismo, las privatizaciones, etc. Es decir, que no se trata de lucha, sino de las formas políticas típicas de la pequeña burguesía: la palabra, el gesto, los aspavientos, la pantomima, en resumen, el teatro de la política burguesa que tiene en el parlamento democrático su Broadway particular.

Pero los trabajadores no nos podemos atener a las palabras, sino a los hechos. Y será por sus actos que juzgaremos a los médicos y profesionales de la medicina a los que el Estado de los patrones faculta para mandarnos al trabajo enfermos o cortarnos las prestaciones por accidente laboral, poniendo en riesgo nuestra salud. A este respecto, las mareas blancas en defensa de una sanidad “pública y de calidad” no nos calan. Blancas son las balas con las que la burguesía nos dispara, blanca es la bandera de la paz con la que pretenden someternos sin que ni siquiera entablemos lucha, blanco era el ejército que mandaron todas las naciones contra el primer gobierno proletario de la historia en 1917, y blanca se presentaba la ciencia médica que prestaba sus servicios en los campos de exterminio nazis. Quien asume el papel de verdugo de la clase obrera, vista bata, toga o uniforme de policía, se sitúa en el campo de la burguesía y los explotadores de la fuerza de trabajo, y no puede ser considerado ni tratado por el proletariado sino como un enemigo más, un engranaje más al servicio de esta máquina inhumana que es el capitalismo.

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