Jalones de derrota, promesas de victoria

Jalones de derrota, promesas de victoria, (Muñoz Moya Editores, 2003), es una de las obras más importantes en la bibliografía de Manuel Fernández Grandizo y Martínez, más conocido en los ambientes de la militancia comunista como Grandizo Munis. En este libro, maltratado vilmente por los editores a base de erratas y errores ortográficos y gramaticales de todo tipo, Munís hace un minucioso y sistemático repaso al papel jugado por las distintas organizaciones políticas y sindicales durante el periodo de convulsión revolucionaria vivido en el Estado español desde 1931 hasta 1939. Haciendo gala de una gran solidez expositiva, de una extensa y pertienente documentación y, sin duda alguna, una capacidad narrativa vivaz, directa e inmisedicorde cuando ha de serlo, Jalones de derrota, promesas de victoria se convierte en un documento de cierto interés para todo aquel interesado en la historia del movimiento obrero en España en el periodo en el que éste encontró su apogeo y se planteó, sin cortapisas, la más importante de las tareas históricas que enfrentó y aún ha de enfrentar el proletariado en su lucha contra el capitalismo: la toma del poder político.

Actor en algunos de los acontecimientos históricos más importantes del periodo histórico analizado en su libro, Grandizo Munis escribió Jalones de derrota, promesas de victoria en el exilio, al que tuvo que marchar luego de escapar de la cárcel de Montjuic. Falsamente acusado, junto con otros compañeros trotskistas suyos, de asesinar al capitán de las Brigadas Internacionales, León Narwic, y de planear atentados contra figuras destacadas del estalinismo español como Joan Comorera (PSUC), José Díaz (PCE) o la misma “Pasionaria”; Munis cargó sobre su persona todas las responsabilidades imputadas, exonerando a los militantes poumistas que también estaban siendo juzgados en el mismo proceso. Cabe recordar que la Sección Bolchevique-Leninista de la IV Internacional de la que él formaba parte, luchó implacablemente contra los abanderados estalinistas y socialistas de la contrarrevolución y contra la victoria de la sublevación; destacando especialmente por ser, junto con la agrupación Amigos de Durruti, la única organización que propugnó la lucha armada contra la reacción estalinista y por el rearmamento obrero en la retaguardia en el mayo del 37.

Munis (derecha) y Jaime Fernández en el penal del Dueso, hacia 1954.

Munis (derecha) y Jaime Fernández en el penal del Dueso, hacia 1954.

Cambiando Francia por México al poco de abandonar la península, se convirtió en figura destacada de la IV Internacional, encomendado a dirigir la sección mexicana y participando como acusación en el juicio contra Ramón Mercader por el asesinato de León Trotsky a manos de aquél. Tras la muerte del antiguo líder del Ejército Rojo, Munis, Benjamín Péret y Natalia Sedova inician un proceso de ruptura con la dirección de la Internacional a raíz de las resoluciones que emitían sus secciones nacionales (sobre todo, la americana de John Cannon) en favor de la defensa del Estado ruso. Andando el tiempo, las controversias sobre el carácter social del Estado y el sistema económico rusos, así como el papel que debieron seguir las minorías revolucionarias ante el escenario de deflagración imperialista, terminaron con Munís rompiendo completamente con el trotskismo. Sus nuevos planteamientos políticos, en la línea de la Izquierda Comunista (italiana y, en menor medida, germano-holandesa), fructificaron en el grupo Fomento Obrero Revolucionario (F.O.R.), fundado con el poeta surrealista Péret, activo hasta la muerte de Munis en 1989. Así pues, a través de Munis y sus camaradas del F.O.R. se conocieron en España los fundamentos de la Izquierda Comunista, con la condena de la NEP (Nueva Política Económica) y la Rusia estalinista como “capitalismo de Estado” y la caracterización de los sindicatos como pilastros de la arquitectura económica y social capitalista, sin cuya destrucción no cabe plantearse la emancipación histórica de los trabajadores.

Atendiendo a este repaso, comprobamos que Jalones de derrota, promesas de victoria es una obra que se escribe a caballo entre dos épocas históricas (fin de la Revolución española, inicio de la II Guerra Mundial) que sumergen a Munis en un profundo replanteamiento de sus propias posiciones políticas. Es un lugar común considerar que este libro es la “obra de transición” de Grandizo Munis (él mismo lo alimentó en las diversas reimpresiones),  a lo largo de cuyas páginas podemos rastrear las huellas de ese debate interno del autor. Nada más lejos de la realidad. Desde el principio hasta el final, encontramos al mismo Munís tratando de introducirse, con su por aquel entonces mediocre formación teórica, en una tupida y extensa selva de acontecimientos históricos en la que ni sabe ni puede orientarse; diciendo aquí lo que luego negará más adelante, enredándose en conceptos como frente popular, frente único obrero, sóviets,… y dando vueltas y vueltas a las prescripciones propias de la IV Internacional para España (algunas de ellas, verdaderos juegos de  prestidigitador diletante) sin llegar a ningún punto concreto. Bueno sí, a la permanente sobreestimación del papel que podían jugar en un periodo revolucionario tal las organizaciones de la II y III Internacional; al punto que, derrotado el primer instigador de la contrarrevolución, Largo Caballero, en 1937, todavía confiaba (¡ojo, analizando en retrospectiva!) en el decisivo viraje de la izquierda socialista hacia posiciones revolucionarias.

Sin extendernos mucho más en las críticas que merecerían las principales posiciones defendidas por Munis a cada paso, sí que se puede consdierar a Jalones de derrota, promesas de victoria como un enconado y honesto esfuerzo por aportar clarificación histórica sobre las tareas enfrentadas por el movimiento obrero en la España de 1931-1939 y cómo actuaron cada una de las organizaciones que decíanse representantes de sus intereses materiales. La validez histórica (no ontológica ni “científica”) de sus posiciones, no obstante, no merece la misma consideración. Pese a ser un buen libro, el peso de las promesas que quiso lanzar Munis fue demasiado para las hechuras de su escrito.

Por Proletario para sí.

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