Año nuevo, viejas ofensas

El 2015 se inició con una macabra noticia. 36 muertos en Shanghái en una estampida causada por el lanzamiento de dinero falso desde un edificio. Próximamente esperamos poder hablar un poco de la situación del proletariado chino y el sistema Hukou, aunque este hecho por sí solo ya nos da una idea de las condiciones en las que debe vivir.

Sin tener que irnos tan lejos, los salarios en algunas zonas del Reino Unido se han reducido hasta un 50%, y de media un 15%, mientras el precio de la vivienda ha aumentado en Londres más de un 15% y en otras zonas urbanas del orden de un 10%. En Estados Unidos, la incipiente organización de los trabajadores de la comida rápida en defensa de sus salarios (que parece que en algunas ciudades se está extendiendo a otros sectores de trabajadores con sueldos bajos), ha llevado a algunos Estados a aumentar ligeramente el salario mínimo. El proletariado estadounidense parece no obstante dispuesto a seguir fighting for 15$.

En España, empezamos el año con la noticia de que los inmigrantes menores de edad recluidos en un centro de internamiento de Melilla decidieron celebrar la Noche Vieja con un motín, que se saldó con 9 detenidos. La prensa burguesa nos cuenta además que curiosamente aquí los salarios también siguen reduciéndose. Así como los funcionarios. La burguesía española, que lleva más de 500 años tratando de desarrollar algún tipo de talento para los negocios, la actividad que le es propia, nos muestra por su parte que tiene unos representantes muy representativos. La ralea de los representantes nos da una idea de las aptitudes de sus representados. El colmo de los despropósitos ha llegado con el conflicto de Coca-Cola, en la que los capitalistas españoles han sido tan ineptos como para mostrar abiertamente la naturaleza dictatorial de su régimen de explotación. Después de que la Audiencia Nacional dictara sentencia en contra de la empresa, anulando el ERE y obligándola a readmitir a los despedidos, hemos podido ver a la policía nacional cargando contra los trabajadores que pretendían impedir el desmantelamiento de la planta de Fuenlabrada, el centro en el que trabajaba la mayor parte de los afectados por el ERE (más de 800). ¿A alguien le quedaban dudas de lo que vale el derecho burgués para el proletariado? Parece ser que sí, pues los trabajadores de Coca-Cola siguen representados por los sindicatos colaboracionistas, que se han prestado a hacer su teatro tradicional, vendiendo a los trabajadores las victorias en los tribunales como triunfos de la lucha y de la fuerza obrera, con la consiguiente desmoralización cuando uno cae de las nubes del derecho burgués al suelo de la realidad, en la que no impera más que la fuerza organizada, de la cual hoy el proletariado carece y seguirá careciendo mientras deje que estas empresas de servicios sindicales sigan presentándose ante la sociedad como los defensores oficiales de los intereses del trabajo.

Las más de 3 semanas de huelga de los trabajadores de Madrid Rio también se saldan con una derrota, después de que la empresa no diera marcha atrás en el ERE que pretende dejar en la calle a 127 de los 231 operarios. Los sindicatos de los patrones han liderado la vuelta al trabajo, tras hacer un poco de pantomima, muchos gestos y aspavientos, pero ningún acto real y verdaderamente encaminado a presionar eficazmente a la empresa y al ayuntamiento. Eso sí, prometen… ¡recurrir a la justicia! No han especificado si se refieren a la divina o la humana. Lo que nos parece más extraño es que en los círculos libertarios se trate el conflicto con este tono triunfalista, sin mencionar el papel que juegan en las luchas estos sindicatos vende-obreros y tratando como un triunfo la lucha de los trabajadores de la limpieza de Madrid en el 2013, conflicto que fue dirigido por estas fuerzas de la izquierda del capital e instrumentalizado para sus fines políticos, que no eran otros que cargar contra el gobierno del PP en el ayuntamiento.

Acabamos con la carta de un trabajador de la cadena de supermercados Gigante, de la sierra de Madrid, empresa que se ha sumado a una tendencia que está muy de moda entre los capitalistas españoles: no pagar los salarios. Dice así:

Ya estamos a mediados de enero y todavía no hemos cobrado la nómina de diciembre. El mes pasado mi familia me dejó el dinero para los pagos, y ya no les puedo pedir más porque tampoco les sobra. Si no me pagan este mes no sé qué voy a hacer. Seguro que si yo no pago me embargan, y a los dueños de Supermercados Gigante que no pagan, mejor dicho, que nos han robado nuestro dinero a 500 familias no les pasa nada. ¡Qué vergüenza y qué injusticia! Mi mayor cometido en la vida desde que nació mi hija es que ella sea feliz y que no le falte de nada. Para eso trabajo 10 horas al día. Ahora, por culpa de estos desalmados no duermo por las noches y cuando miro a mi hija se me cae el alma a los pies, porque no puedo hacer nada sino esperar a que estos desalmados decidan si podemos ser felices o no. Vivimos en una dictadura.

Eso es. La dictadura del Capital sobre el Trabajo.